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Clima: decepción en Tianjin

Jueves 14 de octubre de 2010 - Agenda Global - Nº 171

Martin Khor

La última ronda de negociaciones de las Naciones Unidas sobre el clima que tuvo lugar la semana pasada en Tianjin fue bastante decepcionante.

Los tres mil participantes quedaron impresionados por la hospitalidad, la cortesía de los voluntarios y el gigantesco centro de convenciones con instalaciones de primer nivel con el que cuenta esta histórica ciudad de China cercana a Beijing que hoy es un importante centro industrial.

En Tianjin las reuniones transcurrieron sin complicaciones.

Pero, como recordó el principal negociador chino, Su Wei, en la sesión de clausura del 9 de octubre, todo podría haber sido diferente. “Si nuestra reunión se hubiera realizado en Hainan, hubiéramos tenido una comprensión más profunda de los efectos del cambio climático”, afirmó.

En efecto, el primer lugar escogido para la reunión fue Hainan, una pintoresca provincia isleña en el sur de China que desde el 30 de setiembre se ha visto azotada con las lluvias más torrenciales desde 1961, que provocaron la inundación de más de mil aldeas y más de doscientos mil evacuados.

El cambio climático puede haber contribuido a la situación que se vive en Hainan. Un científico de las Naciones Unidas ha vinculado las recientes lluvias, que provocaron enormes inundaciones en Pakistán y avalanchas en China, con la creciente formación de nubes causada por el aumento de la temperatura de los océanos.

Hoy el mundo está 0,8º centígrados por encima del promedio de la era preindustrial y con las actuales tasas de emisiones la temperatura aumentará 4º o más. Esto tendrá efectos devastadores, como el derretimiento de los casquetes polares y el aumento del nivel del mar, que darán lugar a inundaciones, y el derretimiento de glaciares que provocará escasez de agua en muchos países.

Aun cuando el calentamiento se restrinja a 2º centígrados, que es el objetivo que acordaron los dirigentes políticos, el daño será enorme.

Destacados científicos y varios países reclaman un objetivo de 1,5º.

Los resultados de Tianjin fueron decepcionantes. Los delegados tienen ahora un nuevo texto de negociación que contiene diferentes opciones en cuanto a lenguaje y posiciones, en las cuales deben enfocarse para acercar las diferencias. Se formaron grupos de trabajo para discutir los temas principales, pero la mayoría se distrajo por nuevos documentos presentados por algunos facilitadores, de los cuales sólo unos pocos se basaron en el texto preliminar existente.

La consigna en la reunión fue la necesidad de alcanzar un “equilibrio” entre los temas negociados, pero había distintas opiniones sobre lo que eso significa.

Para los países en desarrollo, el principal impedimento es la reticencia de numerosos países desarrollados a asumir el compromiso de realizar reducciones profundas de sus emisiones. Peor aun, muchos de ellos, miembros del Protocolo de Kioto (sólo Estados Unidos no lo es), no querrían continuar en él.

En el marco del Protocolo de Kioto, los países desarrollados acordaron reducir el conjunto de sus emisiones en cinco por ciento para 2012, comparado con los niveles de 1990, y luego negociar nuevas tasas de reducción de emisiones en un segundo período que comenzaría en 2013.

El grupo del Protocolo de Kioto, reunido en Tianjin, tiene el mandato de presentar una tasa de reducción conjunta para los países desarrollados en base a las consideraciones científicas para evitar el calentamiento global.

Los países en desarrollo reclaman una reducción del cuarenta al cincuenta por ciento (para 2020 comparado con 1990), mientras que la estimación científica más citada es de veinticinco a cuarenta por ciento.

Dentro de este objetivo conjunto, cada país desarrollado haría entonces un compromiso que resulte adecuado.

Todos estos compromisos nacionales deben sumarse en el conjunto.

El problema es que muchos de los países desarrollados quieren “abandonar el barco”, sustituyendo el Protocolo de Kioto por un nuevo acuerdo, que incluya a Estados Unidos y a los países en desarrollo.

Sin embargo, este nuevo protocolo, siguiendo el enfoque de Estados Unidos, es del tipo de un sistema de compromisos nacionales voluntarios, sin cifras conjuntas de base científica, y no hay certeza de que los compromisos nacionales sean adecuados o comparables entre sí.

Según los compromisos asumidos, todos los países desarrollados (incluido Estados Unidos) reducirán sus emisiones (1990-2020) en sólo trece a dieciocho por ciento. Si se incluye las “lagunas”, que permiten más emisiones, podría llegarse a una reducción de sólo cuatro por ciento o incluso a un aumento de cuatro por ciento.

Esto conduce a un calentamiento global de 3º a 4º centígrados, una calamidad.

La mayor batalla en las negociaciones se libra sobre el modelo de los compromisos de reducción de emisiones de los países desarrollados: el modelo del Protocolo de Kioto de una cifra conjunta legalmente vinculante con reducciones nacionales adecuadas o el sistema de compromisos voluntarios sin una cifra conjunta y sin un sistema que asegure números adecuados para cada país.

En Tianjin, sólo Noruega indicó claramente que quería continuar con el Protocolo de Kioto, en tanto la Unión Europea dio un tibio asentimiento, siempre que se cumplan las condiciones. Japón anunció explícitamente que no apoyaría un segundo período de compromisos en el Protocolo de Kioto y otros países –entre ellos Rusia, Australia, Nueva Zelanda y Canadá– también manifestaron su deseo de prescindir de él.

Esto provocó que los países en desarrollo los acusaran de querer liquidar el Protocolo de Kioto, el único acuerdo sobre cambio climático jurídicamente vinculante.

Con este panorama, los países en desarrollo encuentran inaceptable que los países desarrollados insistan en que acepten un sistema internacional invasivo de “monitoreo y verificación” de sus medidas de mitigación.

Las buenas noticias que llegan de Tianjin es que hubo cierto avance en la creación de un nuevo Fondo para el Clima dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La mayoría de los delegados confían en que esto será aceptado en la conferencia que se celebrará en noviembre en Cancún.

Pero hasta en eso hay nubes.

Estados Unidos adelantó que sólo autorizaría una decisión sobre el fondo si para entonces los países en desarrollo han aceptado un sistema “robusto” de monitoreo internacional de sus acciones de mitigación.

“Es desconcertante que la creación de un fondo sea tomado de rehén para otras cosas. No es ético”, declaró Dessima Williams en nombre de los pequeños estados insulares.


Publicado: Jueves 14 de octubre de 2010 - Agenda Global - Nº 171

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