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El Comité Conductor del Mundo

Jueves 21 de octubre de 2010 - Agenda Global - Nº 172

Roberto Bissio

España ha logrado un asiento como “invitado permanente” al Grupo de los 20 (G-20), pero Holanda ya no participará en la cumbre de noviembre en Corea del Sur de los países más grandes del mundo. Ésta es una de las pocas novedades que surgieron el 17 de octubre del primer encuentro entre miembros de la sociedad civil y los sherpas que preparan la reunión presidencial del grupo en noviembre.

Los sherpas son un pequeño grupo étnico de las montañas del Tíbet, frecuentemente empleados como guías por quienes escalan los Himalayas. Por analogía se designa así, incluso en los documentos oficiales, a los delegados de los mandatarios que preparan las reuniones cumbres.

El G-20 está integrado por el antiguo G-8 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia) más once países en desarrollo o “emergentes” (Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía) y la Unión Europea. Las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo también participan en las reuniones de alto nivel.

España y Holanda fueron invitados especiales en las cumbres anteriores, al igual que algunos países africanos. “Optamos por la efectividad y no por la representatividad y la legitimidad”, explicó uno de los sherpas. Desde ahora el número de invitados se reducirá a cinco. España será siempre uno de ellos, pero Holanda ya no. Luego habrán dos africanos, rotativos, y los otros dos serán elegidos por el país anfitrión: Francia en 2011 y México en 2012. Corea del Sur invitó a dos vecinos: Vietnam y Singapur.

Casualmente, Singapur encabeza, junto con Suiza, el Grupo de Gobernanza Global, conocido como “triple G”, integrado por una cincuentena de países que reclaman que el G-20 se vincule orgánicamente a las Naciones Unidas.

Pese al énfasis en la efectividad, el G-20 no logra acuerdos sobre la “guerra de monedas” que está a punto de estallar en un proceso de devaluaciones competitivas, ni en el equilibrio entre las políticas de austeridad y las de defensa del empleo y combate a la recesión.

No obstante, el G-20 sigue ampliando sus cometidos. Inicialmente era apenas una reunión consultiva de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales. Luego se convirtió en una especie de “comité de emergencia” a nivel de jefes de Estado para enfrentar la crisis. Y en 2009 se autoproclamó como “el principal foro de gobernanza económica global”. Ahora Corea del Sur agregó temas de desarrollo a la agenda y ningún sherpa protestó por la nueva designación de “Comité de Conducción Global” (Global Steering Committee).

Para enfrentar tamañas responsabilidades, a las reuniones periódicas de los sherpas se han agregado reuniones de sus asistentes. En la jerga diplomática ya se los llama “yaks”, pero esta metáfora bovina aún no es oficial.

El empleo y la economía progresista
Dos eminentes economistas debaten en Internet sobre la flexibilización laboral.

12 de setiembre, 2010:
Hola a todos, España, donde el desempleo ha aumentado a veinte por ciento y la demanda interna aún no se recupera, acaba de aprobar una ley de reforma laboral que facilita a los empleadores despedir a los trabajadores. Espero que alguien del FmI o la oCdE –las dos instituciones encargadas de convencer a los españoles de que esa reforma es una prioridad urgente– me explique cómo al reducir el costo del despido de los trabajadores puede bajar el desempleo en medio de una disminución de la demanda de trabajo.

Saludos, profesor dani rodrik, Kennedy school of Government, Cambridge, massachusetts.

14 de octubre de 2010:
Dani, lamentablemente la lógica de los que tomaron esa posición es impecable.
La idea, como tú sabes muy bien, es que al ser más barato deshacerse de alguien, el empleador estará más animado a tomar un riesgo y contratar gente. En tiempos turbulentos, si uno no está seguro de si el mercado sube o baja, duda en contratar. Si tiene que pagar mucho como despido, lo racional es no contratar, sobre todo si piensa que es posible tener que mandar a la gente a casa unos meses más tarde y si hay que pagar mucho para hacerlo.

Como trato de explicar en mi libro El trabajo después de la globalización, la remercantilización del trabajo que resulta de la estrategia neoliberal resultó en la erosión constante de todos los costes laborales no salariales y una reestructuración de los ingresos sociales que transfiere los riesgos a los trabajadores. Como resultado, la desigualdad del ingreso social es mucho mayor que la desigualdad de salarios, debido a que el asalariado ha seguido obteniendo beneficios de la empresa (incluyendo generosos despidos) y mantuvo los beneficios del Estado, mientras que el creciente precariat ha ido perdiendo lo poco que tenía.

Yo estoy a favor de una mercantilización adecuada. [...] medidas de flexibilidad como las de España están destinadas a competir con los vecinos y se contagian de un país a otro. Algunos pueden reaccionar con sarcasmo e ira, pero una nueva agenda progresista debe basarse en el reconocimiento de la realidad, que debería incluir el reconocimiento de que el proyecto social laborista democrático del siglo XX ha terminado. podemos hacerlo mejor.

Saludos, Guy standing, professor of Economic security, University of Bath, reino Unido.

15 de octubre de 2010:
Estimado Guy, en tu último mensaje sostienes que la lógica de la decisión española es impecable, pero en realidad, éste no es el caso. Tu argumento es correcto en un estado de equilibrio, y es el que se utiliza para justificar la reducción en los costos de despido con el fin de aumentar el empleo.
Sin embargo, el mercado de trabajo español no se encuentra en estado estable, después de haber sido conmocionado por una fuerte reducción de la demanda. Eso significa que, suponiendo en primer lugar que los costes del despido importen, muchas empresas están ahora atrapadas con más trabajadores de los que hubieran querido emplear en ausencia de esos costes. dicho de otra manera, los costes de despido han atenuado presumiblemente la reducción en el empleo durante la recesión. Al eliminarlos, ahora se permite a las empresas deshacerse de su exceso de trabajadores y, de hecho, aumenta el desempleo en lugar de reducirlo.

Esto puede ser parcialmente (o tal vez completamente) compensado si asumimos que las empresas a) anticipan un repunte de la demanda y b) tienen una tasa suficientemente baja de descuento. ninguna de estas condiciones me parecen realistas en el contexto de España. El FmI y la oCdE se equivocan al tomar una política a largo plazo y utilizarla como un remedio a un problema cíclico.

Saludos, Dani


Publicado: Jueves 21 de octubre de 2010 - Agenda Global - Nº 172

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