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Alerta ante la estrategia energética del Banco Mundial

Jueves 18 de noviembre de 2010 - Agenda Global - Nº 176

Elizabeth Peredo Beltrán*

El cambio climático no es una crisis medioambiental, es básicamente una de las crisis de carácter global que más ámbitos de la sociedad involucran pues está íntimamente ligado al modelo de desarrollo, a las culturas civilizatorias del planeta y a los modelos energéticos.

Uno de los temas más relacionados con el cambio climático es la energía, las matrices energéticas y la transición hacia modelos menos contaminantes.

Por ello es importante analizar la Nueva estrategia energética del Grupo del Banco Mundial que piensa ser implementada a partir de 2011, por su relevancia con relación a la problemática del cambio climático y por sus conexiones con la estructura del sistema neoliberal, ya que será implementada por una de las entidades con mayor poder en el mundo como es el Banco Mundial.

La problemática de la energía está en el centro del debate del cambio climático, así como la necesidad de los nuevos paradigmas de desarrollo. La estrategia energética del Grupo del Banco Mundial plantea “aumentar el acceso y la fiabilidad del suministro de energía; y facilitar la transición hacia una línea de desarrollo de energía más sostenible” en términos ambientales para los países en desarrollo en base a la “mejora del desempeño operacional y financiero del sector energético” y la “consolidación del buen gobierno para mejorar la contribución de la energía al desarrollo económico equitativo” y enfatiza mejorar el “buen gobierno corporativo”. La estrategia, como no puede ser de otra manera, está basada en los enfoques de mercado y abarca una amplia gama de sectores sobre los que se trabajará, incluyendo energías renovables, eficiencia energética, energía hidroeléctrica, el gas natural para generar energía eléctrica a pequeña escala e incluso las industrias extractivas.

Varios análisis de expertos, de redes y organizaciones sociales han empezado a señalar agudas críticas sobre esta estrategia preocupados porque la retórica del Banco Mundial contrasta con la realidad, pues muchos de sus proyectos se sostienen en el uso intensivo de energía fósil o tienen enormes impactos medioambientales y en los derechos de los pueblos indígenas, como por ejemplo las grandes hidroeléctricas que ese organismo financia en áfrica.

En la estrategia planteada por el Banco Mundial prevalece la idea de un crecimiento ilimitado de la economía y del desarrollo. El análisis del Grupo del Banco Mundial no recoge la evidencia científica de que la capacidad del planeta está bajo una extrema e insostenible presión y que cualquier estrategia de desarrollo, energética o financiera debería considerar esta realidad. Además, su enfoque se centra sólo en la “generación de energía” pero no toma en consideración seriamente los patrones de consumo de energía y, por tanto, relativiza la urgencia de cambiar los paradigmas de desarrollo, consumo y producción, sobre todo en los países ricos y desarrollados que se están comiendo el planeta.

Pero también deberá comprobarse si se está hablando verdaderamente de “energías limpias”. Para el Grupo del Banco Mundial, “energías limpias” son las hidroeléctricas, los biocombustibles y hasta la energía nuclear. Aunque el documento afirma que no financiará la generación de esta última, considera erróneamente que tiene “cero” emisiones de carbono. Y las mega hidroelécticas no son valoradas en su devastador impacto. El Banco Mundial ignora las advertencias de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre que los biocombustibles amenazan la seguridad alimentaria y profundizan la deforestación por ampliación de la frontera agrícola. En su concepto de soluciones y de energías limpias está el mercado de carbono que mueve billones de dólares librando a las empresas intermediarias y a los países desarrollados de reducir sus emisiones domésticas.

Pero quizá lo más inquietante es la relación del Banco Mundial con el proceso de las Conferencias de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Existe una enorme preocupación de que el Banco Mundial podría estar estableciendo un carril paralelo a las negociaciones de la CMNUCC y no estar necesariamente alineado con las conclusiones que estas negociaciones proporcionarán una vez concluidas antes de 2012 para dar continuidad al segundo período del Protocolo de Kioto.

Existe antecedente de que en el marco de las negociaciones del clima, por presión de los países del G-77 se ha pedido al Grupo del Banco Mundial que se comprometa a una “cláusula de cierre” mediante el cual debe ir concluyendo sus actividades relacionadas con el clima para alinearse con las conclusiones de las negociaciones, como debería ser. A pesar de estar obligado a este compromiso, la realidad demuestra que sigue fortaleciendo enfoques contrarios a las necesidades que plantea enfrentar el cambio climático y sigue presionando por administrar los fondos del clima.

Por su parte, los países en desarrollo exigen que los fondos del clima no pasen por la administración del Banco Mundial por su estructura jerárquica que generalmente beneficia a los más poderosos.

En lugar de esperar los resultados de las negociaciones, el Grupo del Banco Mundial avanza con conceptos y visiones más cercanas a las de los países desarrollados que propusieron el cuestionado Acuerdo de Copenhague. Por ejemplo, considera escenarios que están por encima de las que proponen los países en desarrollo (G-77) en las negociaciones: el Grupo del Banco Mundial habla de 550 partes por millón (ppm) cuando la Alianza de los Pequeños Estados Insulares y el Grupo Africano han propuesto estabilizar en 350 ppm. Y Bolivia afirma que lo más responsable es no sobrepasar los 300 ppm, pues de lo contrario se estaría llevando al mundo a una catástrofe. El Banco Mundial no hace un análisis de las consecuencias de aceptar metas tan altas y no recoge las precauciones que sugiere la ciencia, y menos aquellas que proponen los países en desarrollo.

Finalmente, desde Bolivia, que se ha retirado en 2007 del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), del Grupo del Banco Mundial, existe la preocupación de si esta nueva estrategia que se enfoca en la inversión privada prioritariamente no abrirá las puertas a una nueva ola de demandas de empresas contra países.

El CIADI sirve básicamente a las empresas para demandar a los países por afectación a sus inversiones y esto incluye demandas por regulaciones ambientales o de salud. Según información del propio Banco Mundial, hasta ahora el dieciséis por ciento de los casos están relacionados con electricidad y otros tipos de energía y el veinticuatro por ciento con casos de petróleo, gas y minería, proporción preocupante considerando que suman cuarenta por ciento de los casos concentrados en temas relacionados con este tema.

Cualquier estrategia de energía a aplicarse a gran escala y para enfrentar la crisis climática debe ser consultada verdaderamente con los pueblos, aprender de los errores del pasado y considerar sobre todo que las consecuencias podrían ser relevantes en su relación con el cambio climático, el sistema financiero y la sostenibilidad de la vida en el planeta.

Pero sobre todo no debe olvidar una cuidadosa consideración de los impactos de los proyectos a gran escala y los conflictos sociales que se derivan de las privatizaciones y de los impactos ambientales y para las comunidades, para los países en desarrollo y, en particular, para los más pobres: los pueblos indígenas, las mujeres.

Cualquier estrategia que se diseñe para enfrentar la crisis de la energía y la crisis climática debe basarse en consultas democráticas con los pueblos y no puede escapar ya a la alerta global de que el mundo no soportará más el modelo autoritario del desarrollo y crecimiento infinitos, la intervención indiscriminada y brutal sobre la naturaleza, los modelos de la inequidad como base del enriquecimiento de unos cuantos y, mucho menos, eludir el análsis de la deuda climática de los países desarrollados con los países del Sur.

Elizabeth Peredo Beltrán es directora de la Fundación Solón, Bolivia.
Este artículo está basado en un documento de análisis de la estrategia energética del Grupo Banco Mundial producido por Christian Aid, APRODEV, Plataforma Boliviana sobre Cambio Climático y la Fundacion Solón.
Se publicó en la edición de Agenda Global que circula en Bolivia con el periódico Cambio el 6 de noviembre de 2010.


Publicado: Jueves 18 de noviembre de 2010 - Agenda Global - Nº 176

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