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Cancún: resultado ambivalente

Jueves 16 de diciembre de 2010 - Agenda Global - Nº 180

Martin Khor

La conferencia de Cancún podría decirse que tuvo un resultado ambivalente. Mucha gente la aclamó por considerar que revive el espíritu de multilateralismo, porque otro colapso después del estruendoso fracaso de Copenhague el año pasado hubiera añadido otra mancha a la reputación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La mayoría de las delegaciones se felicitaron mutuamente por haber logrado un acuerdo en torno a un documento. Pero este texto de Cancún también ha sido acusado de estar muy lejos de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, e incluso haber marcado un retroceso al respecto.

La conferencia de Cancún sufrió un temprano revés con el anuncio de Japón de que no aceptaría realizar otro compromiso en el marco del Protocolo de Kioto. Y nunca se recuperó de ese golpe. El texto final no garantiza la supervivencia del protocolo, si bien establece algunos términos de referencia para continuar las conversaciones el próximo año.

La conferencia de Cancún, en realidad, facilitó a los países desarrollados pasar del Protocolo de Kioto y de su régimen vinculante de compromisos en materia de reducción de emisiones a un sistema voluntario en el cual cada país sólo hace promesas acerca de cuánto reducirá sus emisiones.

Además reconoció los objetivos de reducción de emisiones que los países desarrollados enumeraron en el Acuerdo de Copenhague.

Esos objetivos generales son tan insuficientes que numerosos informes científicos advierten que para 2020 los países desarrollados podrían disminuir sus emisiones en un nivel mínimo o incluso aumentar el nivel actual.

El mundo está en vías de aumentar la temperatura de 3° a 5° centígrados, lo que conduciría a una catástrofe.

Pero aun cuando el texto de Cancún preparó el terreno para que los países desarrollados pudieran hacer el “gran escape” a sus compromisos, introdujo nuevas disciplinas para los países en desarrollo, ya que ahora están obligados a presentar sus planes y objetivos de mitigación en materia de clima, los que deben compilar en un documento y posteriormente en registros.

Es el primer paso de un plan de los países desarrollados para lograr que los países en desarrollo establezcan sus objetivos de mitigación como compromisos en sistemas nacionales, de manera similar a los sistemas arancelarios de la Organización Mundial de Comercio.

El texto de Cancún también obliga a los países en desarrollo a notificar sus emisiones nacionales cada dos años, así como sus medidas en materia climática y los resultados de sus acciones para evitar emisiones.

Esos informes estarán sujetos a un escrutinio exhaustivo por otros países y por expertos internacionales.

El texto de Cancún de hecho da mucho espacio a los detalles de esos procedimientos de “monitoreo, información y verificación”, así como a la “consulta y análisis internacional”, y los países desarrollados -en especial Estados Unidos- dedicaron gran parte del tiempo en lograr que los países en desarrollo aceptaran esos detalles. Se trata de obligaciones nuevas.

Varios funcionarios de países en desarrollo estaban muy preocupados en Cancún por cómo iban a aplicar esas obligaciones nuevas, ya que hará falta mucho personal, capacidad y dinero.

En síntesis, los países en desarrollo hicieron una gran cantidad de concesiones y sacrificios en Cancún, mientras que los países desarrollados lograron reducir sus obligaciones.

Cancún podrá ser recordado como el lugar donde el régimen de las Naciones Unidas sobre el clima cambió sustancialmente, de forma tal que los países desarrollados serán tratados cada vez con mayor benevolencia hasta llegar al mismo nivel que los países en desarrollo, mientras que a estos últimos se les pide que aumenten sus obligaciones para ser cada vez más como los países desarrollados.

Se está preparando el terreno para ese nuevo sistema, que podría luego reemplazar al Protocolo de Kioto. Cancún fue un hito para ello.

La conferencia de Cancún también acordó establecer un nuevo fondo mundial para el clima para ayudar a financiar la mitigación y adaptación al cambio climático. Se creará un comité para idear diversos aspectos del fondo; aún no se tomó una decisión acerca de cuánto dinero recibirá.

También se estableció un mecanismo de tecnología en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con un comité para la elaboración de políticas y un centro. Pero el texto evitó mencionar los derechos de propiedad intelectual, que tienen gran influencia en el acceso de los países en desarrollo a la tecnología y su costo.

Estados Unidos insistió en que no hubiera mención alguna al tema de los derechos de propiedad intelectual, y en Cancún se salió con la suya.

La conferencia de Cancún también estuvo marcada por un método de trabajo cuestionable, bastante similar al de la Organización Mundial de Comercio pero no utilizado en las Naciones Unidas. El país anfitrión, México, organizó reuniones en pequeños grupos dirigidos por él y algunos pocos ministros que seleccionó, para discutir textos de los diversos temas.

El documento final no se produjo a través del proceso habitual de negociaciones entre las delegaciones, sino que fue compilado por México, en su calidad de presidente de la conferencia, y entregado a los delegados para considerarlo en unas pocas horas, sobre la base de “tómalo o déjalo”, sin posibilidad de cambios.

En el plenario final Bolivia rechazó el texto, y su embajador, Pablo Solón, hizo una declaración en la que explicitó los motivos. Si bien no hubo consenso sobre el texto, el canciller mexicano declaró que había sido adoptado, a lo cual Bolivia presentó una objeción.

El estilo mexicano de organizar la redacción y, más tarde, la adopción del texto plantean numerosos interrogantes en materia de apertura e integración y del futuro de los procedimientos y prácticas de las Naciones Unidas.

La importación de métodos al estilo de la Organización Mundial de Comercio podría llevar a la “eficiencia” de producir un resultado, pero también conlleva el riesgo de que las conferencias colapsen, como ya ha ocurrido en varias conferencias ministeriales de comercio.

Cuando se apaguen los ecos de Cancún, un cuidadoso análisis descubrirá que tal vez su texto haya dado un estímulo al sistema multilateral sobre el clima y a los sentimientos positivos de muchos participantes porque hubo algo que pudieron llevarse a casa, pero también que fracasó en salvar al planeta del cambio climático y ayudó a pasar la carga a los países en desarrollo.

*Martin Khor, fundador de Third World Network (TWN), es director ejecutivo de South Centre, una organización de países en desarrollo con sede en Ginebra.
Traducción: Raquel Núñez Mutter.


Publicado: Jueves 16 de diciembre de 2010 - Agenda Global - Nº 180

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