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Clima: nuevas líneas de batalla

Jueves 14 de abril, 2011 - 14 Año 2011

Martin Khor

Las conversaciones de las Naciones Unidas sobre el clima se reanudaron la semana pasada en Bangkok. Los países en desarrollo desafiaron a los desarrollados a que anunciaran, de una vez por todas, si tienen la intención de continuar con el Protocolo de Kioto o de liquidarlo.

Esta batalla Norte-Sur ya había tenido lugar el año pasado, sobre todo en la conferencia de Cancún en diciembre, cuando Japón declaró abiertamente que no tenía intención de unirse a un segundo período del Protocolo una vez finalizado el primero, en 2012.

El anuncio de Japón, país anfitrión de la reunión que creó el Protocolo de Kioto, causó indignación entre los países en desarrollo.

El Protocolo de Kioto es el principal pilar de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en virtud del cual todos los países desarrollados (salvo Estados Unidos) asumieron compromisos legales de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Si se elimina, queda poco margen -o ninguno- para obligarlos a que cumplan sus compromisos.

India recordó que los países desarrollados son responsables de las tres cuartas partes de los gases de efecto invernadero en la atmósfera y que deben asumir la mayor cuota de la responsabilidad de la reducción mundial de emisiones.

El pronunciamiento de Japón en Cancún fue la punta del iceberg, porque muchos otros países -entre ellos Rusia, Canadá, Australia- quieren hacer lo mismo, mientras que Estados Unidos -que no es miembro del Protocolo de Kioto- parece encantado con esta situación.

Pero las grietas del régimen mundial sobre el clima se ocultaron al final de Cancún para evitar otra gran ruptura, como la de la traumática conferencia de Copenhague el año anterior.

La semana pasada, los países en desarrollo actuaron unidos e interpelaron a los países desarrollados que son miembros del Protocolo de Kioto exigiéndoles que respondieran si están comprometidos o no con un segundo período.

El pequeño estado insular de Tuvalu, que quedará sepultado bajo el mar a medida que se acentúe el cambio climático, exhortó a los países que estaban dispuestos a continuar con el Protocolo de Kioto a ponerse de pie y expresarlo, y que los que no lo hicieran deberían abandonar la sala.

Su reclamo de explicitar la decisión política fue apoyado por un número abrumador de países en desarrollo, entre ellos los menos adelantados, los pequeños estados insulares, los grupos africanos y árabes, China, Filipinas, Bolivia y Arabia Saudita.

El Grupo de los 77 y China declaró que la adopción del segundo período del Protocolo de Kioto es fundamental para que tenga éxito la próxima Conferencia sobre el Cambio Climático, que tendrá lugar en diciembre en Durban, Sudáfrica. Es un imperativo político y también una obligación legal que debe cumplirse.

Muchos países en desarrollo manifestaron que no tenía sentido seguir enfrascados en cuestiones técnicas y que ya era hora de adoptar una decisión política. Filipinas dijo que el Protocolo de Kioto estaba “en cuidados intensivos y que en lugar de darle oxígeno, sus respiradores están conectados a un tanque de dióxido de carbono”.

También expresaron que si no había un compromiso para con un segundo período del Protocolo de Kioto, entonces no tenía mucho sentido negociar otros temas en el grupo de trabajo paralelo sobre la cooperación a largo plazo, donde los países desarrollados los han presionado para que adopten medidas de reducción de emisiones.

El Grupo de Estados Árabes señalaron que la aceptación de un segundo período del Protocolo de Kioto era una condición sine qua non para lograr un acuerdo en el grupo de cooperación a largo plazo, opinión que fue compartida por el Grupo Africano.

En una sesión posterior, los países europeos -respaldados por Australia y Nueva Zelanda- expresaron que debían cumplirse ciertas condiciones para que pudieran comprometerse a un segundo período. Mencionaron medidas adecuadas adoptadas por otros países, así como acuerdos sobre normas referidas a cómo sus compromisos deberían tener en cuenta el uso del suelo y los mecanismos de mercado.

Japón y Rusia, los dos países que se oponen explícitamente a sumarse a un segundo período del Protocolo de Kioto, mantuvieron un significativo silencio.

Sobre las condiciones, Arabia Saudita preguntó cómo podrían las partes del Protocolo de Kioto obligar a países que no son miembros a adoptar medidas, para sólo entonces comprometerse al segundo período, y comentó que eso parecía una forma indirecta de no aceptar un segundo período.

China dijo que si las condiciones previas están encaminadas a mejorar los niveles de reducción de emisiones, entonces es posible discutir los aspectos técnicos. Pero si la condición previa está vinculada a la decisión de asumir o no un segundo período de compromisos, entonces no hay espacio para la discusión.

Mientras tanto, el grupo de cooperación a largo plazo pasó toda la semana en una feroz batalla por el programa de trabajo de este año.

Algunos países desarrollados encabezados por Estados Unidos sólo querían dar seguimiento a las decisiones de la conferencia de Cancún. Pero el Grupo de los 77 y China argumentó que ésta sería una elección selectiva de los problemas. El mandato de las negociaciones sigue siendo el Plan de Acción de Bali, adoptado en diciembre de 2007, que puso en marcha el grupo y las negociaciones en curso.

Muchas cuestiones fundamentales -si los compromisos de reducción de emisiones de todos los países desarrollados, incluido Estados Unidos, son adecuados, la necesidad de evitar el proteccionismo comercial con el argumento del clima y el tema de las patentes y la transferencia de tecnología- no se resolvieron en Cancún y deben ser incluidas en las negociaciones, según los países en desarrollo.

No es tan así, respondieron del otro lado. Lo que se estableció explícitamente en Cancún como trabajo de seguimiento son los únicos temas de la agenda.

En Bangkok, los países en desarrollo ganaron la batalla del programa de trabajo en las últimas horas: se acordó que el Plan de Acción de Bali se mantendría como el marco de las futuras negociaciones.

Ésta es una señal del grado de desorden y confusión en que se encuentran las negociaciones sobre el problema número uno en el mundo.

El lado positivo es que los países en desarrollo volvieron a actuar en conjunto, después de que sus intereses sufrieran un duro golpe en Cancún.


Publicado: Jueves 14 de abril, 2011 - 14 Año 2011

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