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Declaración de Martin Khor en la Cuarta Conferencia de la ONU sobre los sobre los PMA

Jueves 16 de junio de 2011 - 23 Año 2011

Martin Khor

Declaración de Martin Khor, Director Ejecutivo del Centro del Sur, ante el grupo de trabajo de alto nivel sobre comercio en la Cuarta Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados.

Estambul (Turquía), 10 de mayo de 2011

El comercio se encuentra en el centro de las discusiones de los Países Menos Adelantados (PMA) destinadas a mejorar sus condiciones económicas y sociales.

Se ha dicho que los PMA no están integrados en la economía mundial, y que es por eso por lo que se ven marginalizados. Pero no es verdad. En muchos PMA, la proporción del producto nacional bruto (PNB) correspondiente a las exportaciones es mayor que en ciertos países desarrollados. La real desventaja de la que sufren los PMA es la forma en la que han sido integrados en la economía mundial. Estos países son demasiado dependientes de las exportaciones de materias primas, y habida cuenta de que desde hace mucho tiempo se observa una tendencia a la baja de los precios de los productos básicos, los PMA han registrado pérdidas muy importantes en sus ingresos y rentas.

Sin embargo, en los últimos años y dado que los precios de los productos básicos han aumentado, muchos PMA han registrado un aumento de su PNB. Esta tendencia se vio interrumpida por la recesión mundial, pero los precios de los productos básicos volvieron a aumentar el año pasado. No obstante, la gran volatilidad de los precios de los productos básicos no se debe tanto a la oferta y la demanda, dos factores que siguen aun así dirigiendo la tendencia, como a la especulación que se realiza en los mercados de materias primas. Entre 2003 y 2010, las inversiones en índices de precios de productos básicos aumentaron de 13.000 millones de dólares a 320.000 millones de dólares, y los contratos pendientes sobre futuros y opciones sobre productos básicos pasaron de 13 millones a 66 millones.

Si se diera una desaceleración económica más profunda, o si los inversionistas se retiraran de los mercados de los productos básicos, los precios de éstos podrían caer de nuevo. La volatilidad de los precios de estos productos tiene una gran influencia en la economía de los PMA, cuyo destino no debería depender de la especulación. Por consiguiente, los mercados de los productos básicos deberían estar regulados para reducir las fuerzas especulativas. Se debería perseguir de nuevo el antiguo objetivo consistente en estabilizar los precios de los productos básicos y asegurar un nivel decente. Lo ideal sería que se alcanzara un acuerdo entre los países proveedores y los países consumidores. Si este acuerdo resultase imposible, los países proveedores de materias primas deberían poner en común su experiencia respectiva e intentar alinear la oferta con la demanda.

Se han realizado tentativas para ayudar a los PMA en el comercio multilateral y bilateral con el objetivo de aumentar sus exportaciones. Sin embargo, los PMA están enfrentando un problema fundamental: sin una capacidad de producción adecuada serán incapaces de sacar provecho, 2 aunque los mercados se abran a ellos. En efecto, las exportaciones de los PMA de productos distintos a las materias primas siguen siendo muy limitadas. Así pues, es de una importancia vital ayudar a los PMA a aumentar su capacidad de producción en los sectores agrícola, industrial y de servicios. Necesitan que se les permita producir sus propios productos alimentarios y desarrollar su industria, principalmente mediante el procesamiento y la manufacturación con base en sus propios recursos naturales, y que se les aporte la ayuda necesaria para alcanzar este objetivo.

Un aspecto importante del comercio son las importaciones. Una liberalización de las importaciones antes de que el país esté preparado puede perjudicar a los productores nacionales. Se trata de una de las lecciones que se han sacado de los muchos años de ajuste estructural, durante los cuales se pidió a muchos PMA que redujeran sus tipos arancelarios aplicados a niveles extremadamente bajos, muy por debajo de los tipos consolidados convenidos en la Organización Mundial del Comercio (OMC). También se pidió a los gobiernos que cesasen las medidas de apoyo que proporcionaban a los agricultores nacionales, a saber, las juntas de comercialización, la contratación pública de bienes y las subvenciones destinadas a financiar los insumos tales como los fertilizantes y la maquinaria agrícola, entre otras.

Las importaciones a bajo precio, a menudo abaratadas artificialmente por las altas subvenciones otorgadas por los países ricos a sus agriculturas respectivas, inundaron los mercados nacionales, lo que dio como resultado que los productos locales fueron desplazados y muchos PMA se convirtieron en importadores netos de productos alimentarios. Asimismo, un gran número de industrias nacionales tuvo que cesar su actividad. Estas políticas erróneas que surgieron de los ajustes estructurales deberían ser revertidas. En el caso contrario, los PMA encontrarán grandes dificultades para aumentar su capacidad de producción o serán, incluso, incapaces de hacerlo. Los PMA necesitan poder aumentar sus tipos arancelarios aplicados al nivel de los tipos consolidados en la OMC. Los PMA deberían poder reajustar sus propias políticas aduaneras y sus tipos arancelarios en función de las estrategias de desarrollo nacional.

En la OMC se reconoce la fragilidad de las economías de los PMA y la necesidad de no reducir sus tipos arancelarios consolidados durante la ronda de negociaciones de Doha. Sin embargo, los PMA forman parte de acuerdos regionales de comercio, y en particular de uniones aduaneras que también están formadas por países que no son PMA. Así pues, si los países en desarrollo que no son PMA tuvieran que reducir sus tipos arancelarios, los PMA también se verían afectados por estas reducciones. Este fenómeno se puede ilustrar con el caso de la Unión Aduanera de África Austral, en la que los efectos de las obligaciones de reducción arancelaria de Sudáfrica se repercuten en los PMA que la forman, o con el caso de Kenya en la Comunidad Africana Oriental (EAC).

Dado que seguramente la ronda de negociaciones de Doha aún tardará en cerrarse, la petición del grupo de los PMA consistente en “cosechar los primeros frutos” para los PMA o para el desarrollo en general debería encontrar un cierto apoyo. Esto sería conforme con el mandato de Doha, según el cual los intereses de los países en desarrollo son el punto central de la ronda de negociaciones. Entre estos “primeros frutos” se podrían contar las siguientes medidas: un acceso 3 a los mercados libre de derechos y contingentes para todos los productos de los PMA; una simplificación de las reglas de origen y la eliminación de las barreras no arancelarias para los productos provenientes de países en desarrollo; un progreso en el modo 4 del suministro de servicios para los PMA; un progreso en la puesta en práctica del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), una modificación de las disposiciones del Acuerdo sobre los ADPIC relativas a la salud pública y destinada a evitar la biopiratería; una reforma del artículo XXIV del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) destinada a incorporar un trato especial y diferenciado para los países en desarrollo en las reglas relativas a los acuerdos de comercio bilaterales o regionales; y, por último, la introducción de recursos de ayuda para el comercio centrados en estimular la capacidad de provisión de los PMA.

Otra cuestión concierne los Tratados de Libre Comercio (TLC) que los PMA están negociando, tales como el Acuerdo de Asociación Económica (AAE) entre los países de África y el Pacífico y la Unión Europea (UE). Los PMA están acostumbrados a TLC no recíprocos, como la iniciativa “Todo menos armas” de la UE. En los AAE el trato especial y diferenciado no se encuentra realmente reflejado, y los acuerdos propuestos son en gran medida recíprocos. Los PMA se encuentran enfrentados a un dilema. Por un lado no desean un acuerdo recíproco en el que tuvieran que abrir sus economías a socios mucho más fuertes que ellos, pero, por otro lado, quieren conservar la integridad y la operabilidad de los acuerdos regionales de comercio firmados con sus vecinos, tales como la EAC, el Mercado Común de África Oriental y Austral (COMESA), la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS), la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC), etc. Sin embargo, las proposiciones de la UE relativas al AAE incluyen un tipo arancelario del 0% sobre el 80% de los productos y la prohibición de las restricciones a la exportación, particularmente de los impuestos sobre las exportaciones, lo que plantea serias dificultades a los PMA que desean procesar y manufacturar usando sus propios recursos naturales. Estas proposiciones también comportan elementos más estrictos que los previstos en el Acuerdo sobre los ADPIC y obligaciones relativas a las inversiones y a la contratación pública aún más restrictivas que las de la OMC. Todos estos elementos limitarían de forma considerable el espacio político del que disponen los PMA.

Los PMA no deberían verse enfrentados a un dilema tan importante. Se les debería permitir continuar disfrutando del trato especial no recíproco. Al mismo tiempo, se les debería permitir que conservaran los acuerdos regionales de comercio que ya han concluido, o que siguieran concluyendo acuerdos de este tipo con sus vecinos, entre los que se encuentran países en desarrollo que no son PMA. Una solución consistiría en que la UE y los otros países desarrollados propusieran acuerdos no recíprocos similares a los países de África y el Pacífico que no son PMA.


Publicado: Jueves 16 de junio de 2011 - 23 Año 2011

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