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La independencia total

Viernes 26 de agosto de 2011 - 33 Año 2011

Martin Khor

El 31 de agosto se cumplen cincuenta y cuatro años de la independencia de Malasia. Es un buen momento para evaluar qué significa esto para los países en desarrollo que todavía luchan por superar las desventajas de la era colonial.

Los problemas de gobernanza siguen siendo tanto o más complejos que en los primeros años de la época post colonial. En esta primera fase de la independencia, los países en desarrollo estaban preocupados por las luchas internas: cómo llevar adelante procesos políticos y trazar nuevas estrategias económicas para superar la influencia colonial.

La mayoría de los países intentaron liberarse del férreo control de bancos y empresas extranjeras mineras y de plantación, estimulando sus propias empresas públicas y privadas. Pero durante largo tiempo se mantuvo una dependencia excesiva de unos pocos productos básicos de exportación.

En la esfera social se libró una gran batalla por la creación de puestos de trabajo, la construcción de escuelas y viviendas, y la organización de sistemas de salud, además de la lucha por la reducción de la pobreza.

Hoy, muchos países en desarrollo han logrado superar en gran medida el control extranjero sobre la economía y la diversificación de los productos básicos. Alcanzaron un desarrollo industrial basado en sus recursos a partir del fomento de las manufacturas.

Aunque algunos países continúan siendo pobres y dependientes de la ayuda extranjera, otros de medianos ingresos han entrado en la esfera del desarrollo. De hecho, ahora les preocupa salir de la “trampa de los ingresos medios”. Ya no son competitivos en industrias con uso intensivo de mano de obra, como textiles y ensamblaje de productos electrónicos, porque aparecieron en escena países de salarios más bajos, y todavía tienen dificultades para abrirse paso en sectores y actividades con mayor valor agregado.

Si bien se debilitó el control colonial sobre sus economías, los países en desarrollo de medianos ingresos están atrapados en la compleja red de interdependencia global, donde se han convertido en actores importantes pero en la que aún no tienen una participación equitativa en la toma de decisiones.

La dependencia de los primeros años de la época post colonial ha sido reemplazada ahora por la interdependencia que llega con la globalización. En los buenos tiempos, el país se eleva junto con la economía mundial, pero en los malos, la economía nacional queda a merced de las exportaciones que caen rápidamente y de la fuga del capital extranjero, como ocurrió durante la crisis asiática de 1998-1999 y la “gran recesión mundial” de 2008-2009.

Con Estados Unidos y Europa atrapados en una situación deflacionaria, los próximos años representan otro gran desafío.

¿Los países en desarrollo de medianos ingresos se hundirán con los grandes actores o quedarán en libertad para trazar su propio camino?

La respuesta probablemente se encuentre en algún punto intermedio.

El “desacoplamiento” de la crisis en los países ricos sólo puede lograrse si existe una visión y planes de acción propios, incluso una reestructuración de la economía nacional y una mayor colaboración regional.

La gran interdependencia se hace evidente también en el mundo físico, donde el ambiente está en crisis porque la búsqueda del crecimiento económico no toma en cuenta el agotamiento de los recursos y la contaminación.

La ciencia del cambio climático y la reciente radiación proveniente de plantas nucleares dañadas revelan que las emisiones en una parte del mundo afectan la salud y la vida en otras. Se necesitan, por lo tanto, soluciones globales. Pero las negociaciones están empantanadas por cuestiones básicas de equidad Norte-Sur, así como por la búsqueda de un equilibrio entre el imperativo de la protección ambiental y las necesidades inmediatas de desarrollo.

Las negociaciones económicas internacionales también están atascadas.

Las negociaciones de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio se han estancado por las demandas muy poco razonables hechas por los principales países desarrollados a los países en desarrollo más grandes. A pesar de las cumbres del G-20, el mundo está hoy más lejos de aplicar soluciones globales a la crisis financiera que en 2008-2009, cuando se acordaron acciones concertadas para estimular la recuperación.

El dominio de Estados Unidos, Europa y Japón sobre la economía mundial hoy está siendo desafiado por China, India y otros países en desarrollo.

En un mundo interdependiente y globalizado, países de medianos ingresos que ya no dependen de manera unilateral de sus ex metrópolis continúan respondiendo a iniciativas y políticas de los principales países desarrollados. Aún no tienen la confianza para coordinar sus políticas y proponer soluciones a los problemas mundiales. Pero ahora están en capacidad de hacerlo si se organizan mejor y encuentran los métodos adecuados para avanzar.

En esta compleja economía globalizada, aún continúa la batalla de los países en desarrollo por su independencia total.

Martin Khor, fundador de la Red del Tercer Mundo, es director ejecutivo de South Centre, una organización de países en desarrollo con sede en Ginebra.


Publicado: Viernes 26 de agosto de 2011 - 33 Año 2011

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