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Cuarta fase

Viernes 02 de diciembre de 2011 - 47 Año 2011

Héctor Béjar

En la primera fase liderada por Velasco Alvarado (1968–1975) un grupo de militares saldó desde el poder una parte de las injusticias peruanas. Los conservadores odian a Velasco desde entonces.

En la segunda fase (1975–1980) los militares se asustaron de su obra y pusieron freno, en algunos casos, y en otros, retroceso, a las reformas que iniciaron.

Así como un cabo austriaco llevó al suicidio al mejor ejército del mundo, en Perú un capitancito –Vladimiro Montesinos- envileció a generales asustados por el terrorismo y generó la tercera fase (1990–2000).

Común a esas tres fases distintas fue el desarrollo del lado oscuro de la fuerza, los servicios de inteligencia, esa enfermedad profesional de los militares, esa manía que les lleva a espiar amigos y enemigos con los impuestos que les pagamos. En relación con la CIA, los servicios hacen su propia guerra bajo cualquier gobierno. En plena globalización siguen en la guerra fría: ven “rojos” por todas partes.

Hicieron los primeros atentados terroristas contra los buques pesqueros cubanos y el ministro de Pesquería, el general Javier Tantaleán, antes que Sendero Luminoso, en los sesenta.

Cooperaron con la Operación Cóndor en los setenta. Todavía está por esclarecerse la extraña derrota del seleccionado peruano ante el argentino por seis a cero para hacer posible un psicosocial de Videla: el campeonato mundial de fútbol para Argentina anulando a Brasil.

Las peores masacres y atentados contra los derechos humanos fueron cometidos por ellos bajo el segundo Belaúnde y el primer García. Con la pareja Fujimori–Montesinos, tuvieron su época de oro… y de sangre.

¿La cuarta fase está empezando? Sería la coexistencia difícil de varios espacios. Izquierdistas disputan posiciones en el Estado. Millonarios enriquecidos en el saqueo del país, veteranos de las tres fases anteriores, pretenden seguir haciendo negocios a la manera brutal de siempre. Están los políticos que quieren seguir viviendo del Presupuesto con cualquier piel y a cualquier precio. Y un enjambre de ansiosos que piden ser recompensados con puestos públicos por sus servicios electorales. Todos asedian a un presidente militar que nunca dijo que era de izquierda y disputan la situación ganada en unos comicios en que todos fueron decolorándose para que la derecha les dé un certificado de buena conducta para entrar en Palacio.

Al parecer, el presidente se protege en una caja hermética. ¿Se guía por los servicios? Los colaboradores y allegados, sin excepción, son tratados como instrumentos, dependen de su voluntad y humor. Fue así desde mucho antes de llegar al gobierno y los colaboradores lo aceptaron. Sucede también con muchos civiles que llegan a puestos de dirección. Alguien decía que el Perú no tiene sólo “militarotes” sino también “civilotes”. ¿Para qué enojarse ahora?

Los egos crecen, se asciende de clase, las fortunas se forman o se blindan. Las burguesías de América Latina surgen financiadas por el capital internacional y avaladas por izquierdas descoloridas. La otra opción son derechas cavernarias. ¿El pueblo y sus operadores e intermediarios con el poder están condenados a llevar en hombros a quienes después los van a abandonar? ¿Es cierto eso? ¿Quién engaña a quién? No me vengan con que no conocían esa posibilidad. Mi abuelita decía: “Tú te lo guisaste, tú te lo comiste”. No saben, no pueden o no quieren construir una alternativa real de cambio.

Llegar por la izquierda y gobernar con la derecha es una técnica que ya aplicaron Belaúnde, García, Fujimori y Toledo. Hoy un juramento, mañana una traición.

Una izquierda auténtica no tiene que ser extremista ni oportunista. Hay muchas pequeñas cosas que se puede hacer en el Perú para llegar a la única gran transformación real: la de nosotros mismos. Dejar la costumbre de vestirse llamativo e ir y venir por la acera esperando subirse al auto del primer exitoso en vez de construir una opción popular de verdad es uno de esos cambios. Puede parecer una visión ingenua y utópica de la política, pero es la única que asegura… ¡!la gran transformación!


Publicado: Viernes 02 de diciembre de 2011 - 47 Año 2011

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1 comentario

  1. Bien Héctor. De acuerdo, particularmente con el último párrafo de tu escrito. El único y gran problema es que en la actualidad es difícil ver onstan aquellos con los que se debería construir tal alternativa. Los pocos que conocemos parecen tener más dudas que certezas. De cualquier modo, lo importante es no claudicar.

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