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Cipayos

Viernes 30 de marzo de 2012 - 59 Año 2012

Héctor Béjar

El incidente de la fragata inglesa ha mostrado un canciller aislado en un gobierno mediocre, ex cancilleres que reaccionaron con dignidad, un primer ministro balbuceante y un grupo de cipayos en el parlamento y, ¡cuando no!, en la tele, radios y diarios.

El cipayismo es un fenómeno de todas las épocas. Los cipayos ayudaron a los ingleses a apoderarse de la India en el siglo XIX. Eran reyezuelos que, convertidos en soldados mercenarios, prefirieron servir a los “inversionistas”, traficantes de oro e índigo, antes que a su pueblo.

Los reyezuelos africanos vendieron sus hermanos de raza a los “inversionistas” árabes, portugueses e ingleses traficantes de esclavos.

Los ingleses también tuvieron sus cipayos cuando antes de la guerra mundial una parte de la opinión, la política y la realeza, estaban dispuestos a cooperar con los nazis.

Francia tuvo sus cipayos en la República de Vichy. Después de la guerra su jefe, el mariscal Petain, fue fusilado mientras los colaboradores de la ocupación alemana, hombres y mujeres, eran perseguidos por multitudes indignadas en las calles de París.

¡Y vaya si los peruanos tenemos cipayos! Nuestros primeros dos presidentes, Torre Tagle y Riva Agüero, acabaron pasándose al bando enemigo: esta República nació impregnada de traición. Nuestros marqueses y condes prefirieron a los borbones antes que a Bolívar, a quien odiaron, antes que a Monteagudo, a quien hicieron asesinar. Llamaban “guanaco” al mariscal Andrés de Santa Cruz porque era andino. Ramón Castilla y Agustín Gamarra invadieron su propio país al servicio de los comerciantes chilenos que no querían Confederación Perú-Boliviana para no pagar impuestos al trigo. Los cipayos clamaron contra la liberación de los esclavos a pesar que recibieron dinero del estado por cada esclavo. El gobierno indemnizó a los amos pero no a los esclavos.

Después los cipayos vivieron del guano. Con su imprevisión causaron la derrota en la guerra del salitre frente a los cipayos del sur, juguetes de Inglaterra. Abandonaron a las tropas y a los jefes militares que defendieron la Patria; y su líder Piérola, autor de un golpe de Estado en plena guerra, actuó como agente chileno. Nos defendieron Cáceres y los indios. Y al final, dos ingleses, John Thomas North y Robert Harvey, más la casa Gibbs and Sons, se quedaron con el salitre burlándose de los cipayos de ambos lados.

El cipayismo está enquistado en la política y los negocios. Como las trabajadoras sexuales, los cipayos y cipayas se van con quien creen que tiene plata. Ellas lo hacen para vivir. Las cipayas y cipayos llevan el cipayismo en la sangre y las entrañas.

Y no se trata de patrioterismo. Nuestra independencia se la debemos también a los ingleses. Los Bahring Brothers prestaron dinero para los ejércitos libertadores. ¿Los marqueses y condes limeños habrían dado un solo peso para una libertad que nunca quisieron? Miles de voluntarios ingleses, escoceses e irlandeses pelearon al mando de Bolívar. La flota libertadora de San Martín estuvo conducida por Lord Thomas Alexander Cochrane, compañero de Francisco de Miranda en sus primeras expediciones. Como ha demostrado Gregorio Martínez, sin el mariscal William Miller y sus húsares negros, no habríamos tenido Junín y Ayacucho. El coronel Belford Wilson, edecán de Bolívar, lo acompañó hasta sus últimos días. Muchos ingleses estaban contra los absolutismos mientras aquí los terratenientes querían seguir siendo colonia.

El de la fragata no ha sido un incidente entre ingleses y peruanos sino entre neocolonialistas trasnochados y latinoamericanos libres.

Dan risa quienes hablan de inversiones cuando allá las esterlinas escasean y las deudas abundan. El león inglés ha envejecido, está casi calvo, se le han caído algunas uñas y unos cuantos dientes.

Señores de Downing Street: dejen los rugidos para el león de la Metro. Y aquí mantengamos a raya  a los cipayos. O dejemos que el osito Paddington, muñequito del Perú profundo abandonado en la estación londinense creado por un camarógrafo de la BBC en 1958, ganador del Noveno Premio a la Animación como el personaje más popular del Reino Unido por encima de Harry Potter, negocie con el anciano león.


Publicado: Viernes 30 de marzo de 2012 - 59 Año 2012

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