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Pataletas por Repsolandia

Viernes 27 de abril de 2012 - 63 Año 2012

Héctor Béjar

La renacionalización de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) de Argentina ha causado pataletas de los conocidos de siempre. Cristina es el nuevo Chávez.

YPF fue la primera gran compañía petrolera integrada verticalmente en el mundo. En 1907, Argentina perforó su primer pozo petrolero. Fue uno de los éxitos del gobierno de Hipólito Yrigoyen entre 1916 y 1922 empezar a explotar el petróleo de Comodoro Rivadavia. Es la hermana mayor de Pemex, Petrobras y PDVSA, joyas de la corona latinoamericana. Como tal, recibió una significativa inversión pública con dinero que pertenece a todo el pueblo argentino.

En 1999, dentro de la ofensiva neoliberal contra los estados latinoamericanos, Carlos Saúl Menem promulgó la Ley de Reforma del Estado que lo autorizó a vender los activos públicos con una rapidez irresponsable plagada de corrupción. Entre las empresas vendidas a espaldas de los argentinos estuvo YPF.

En España, en 1981, el gobierno de la Unión del Centro Democrático de Adolfo Suárez creó el Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH) para integrar a las compañías que operaban en los sectores del petróleo y, en 1986, el gobierno de Felipe González creó el Grupo Repsol, estatal. En 1989, también como parte de la ola neoliberal, se privatizó Repsol.

Repsol compró YPF. Despidió a cuarenta y seis mil trabajadores. La Caleta Olivia y Las Heras, centros petroleros, quedaron convertidos en poblaciones fantasmas donde la gente desocupada vive de la caridad del Estado. Fueron algunas de las bases del movimiento de los piqueteros que obligaron a la creación de programas de empleo, ayuda y compensación en los años noventa. Ante la presión social, Repsol organizó grupos paramilitares que, en combinación con la policía, empezaron a aplicar torturas a sus ex trabajadores.

La empresa triplicó el precio del balón de gas y eso le generó un beneficio de 4,600 millones de dólares. Saqueó la inversión estatal que encontró. Setenta y cinco por ciento de la renta petrolera marchó al extranjero sin ningún control del Estado. Se dedicó al agotamiento de los pozos sin reinversión en exploración, gasoductos o generación de electricidad. Los gasoductos que hizo sirvieron para conectarla al extranjero pero no al mercado nacional. Contaminaron la napa freática de Kaxipayiñ y Paynemil, poblaciones mapuches, con altas concentraciones de mercurio y plomo en Lama de la Lata, su área de 33,000 hectáreas. Los mapuches fueron reducidos a cuatrocientas cuarenta hectáreas en pleno siglo XX. Las comunidades iniciaron juicios en 1996 y fue el gobierno de Neuquén, no la empresa, el que tuvo que obligarse a proveerlas de agua. Han sido demandados por cuatrocientos millones de dólares por reparación ambiental. (Marc Gavaldá. Viaje a Repsolandia. Barcelona, Tutuma Edicions, 2006; Buenos Aires, Amigos de la Tierra, 2007).

En febrero de  este año, la explosión de uno de sus pozos en Alaska derramó 160,000 litros de lodo de exploración en la tundra cubierta de nieve. Los reguladores estatales les negaron los permisos para seguir perforando (Anchorage Daily News, marzo de 2012). Canarias ya le dijo no a Repsol. La gente no quiere ni exploraciones ni perforaciones con esos antecedentes.

En resumen, Repsol fue la sanguijuela de Argentina. En los peores años de la crisis ganó más de mil millones de dólares de utilidades. Y ahora su llanto es acompañado por las plañideras que ustedes conocen. Como en el siglo XIX, la decrépita monarquía española y su Rajoy amenaza a América advirtiéndonos que ahora el estado español es de las empresas, no de los españoles, como en la época de las capitulaciones para la conquista y de las Compañías inglesas y holandesas de las Indias.

¿Movilizarán la escuadra como los ingleses? Protestan por la expropiación (no la confiscación) de sus acciones, pero no por la confiscación de las pensiones, la reducción de los salarios de los empleados públicos en treinta por ciento y del sistema educativo en 3,000 millones de euros. Y mientras sus súbditos padecen, la Casa Real tiene un presupuesto de once millones de dólares que ha sido reducido solo en dos por ciento para sus viajes a Bostwana a matar elefantes y América para hacer lobbying. Y del que no da cuenta a nadie. ¡Qué chistosos!


Publicado: Viernes 27 de abril de 2012 - 63 Año 2012

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