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Un aguijón necesario

Viernes 27 de abril de 2012 - 63 Año 2012

Roberto Bissio

El profesor Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, cree que los altos precios de los alimentos, que están agravando la pobreza en el mundo, podrían representar no sólo una amenaza sino también una oportunidad para los países africanos. Autoproclamado candidato a la presidencia del Banco Mundial e inspirador en los años noventa de los ajustes de shock en Bolivia, Polonia y Rusia, cree que África y los países pobres en general requieren apoyo para aumentar el rendimiento de sus cosechas y así evitar la importación de alimentos caros e incluso beneficiarse con su exportación.

Hablando en un panel ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Sachs comentó su reciente visita a Sudán y Malí, donde radican las experiencias modelo de su proyecto de “aldeas del milenio” y defendió la adopción de semillas transgénicas, fertilizantes y mecanización agrícola para estimular las cosechas. Tamañas inversiones sólo son rentables si los precios altos se mantienen, pero eso estaría asegurado, ya que el alza sería resultado de la mayor demanda en los mercados emergentes, en particular China.

La opinión de Sachs coincide con la de poderosos donantes, como la Fundación Gates, el conglomerado agroindustrial encabezado por Monsanto y las políticas recomendadas hasta ahora por el Banco Mundial (nueva “revolución verde” para África) y el FMI (desregular las finanzas).

El segundo panelista, el profesor Michael Greenberger, de la Universidad de Maryland, discrepó tajantemente con la afirmación de Sachs de que la especulación financiera no sería un factor en el alza de precios de las commodities o en su volatilidad.

Greenberger trabajó durante la presidencia de Bill Clinton en la Commodity Futures Trading Commission, que debía supervisar los mercados de materias primas, y se opuso -lamentablemente sin éxito- a su desregulación. “Más de cien trabajos académicos”, sostuvo, “demuestran que los precios son mucho más volátiles que lo que se jstificaría por el juego de la oferta y la demanda de commodities”. La especulación financiera, explicó, llega a las materias primas a partir de la eliminación del requisito de mantener reservas de capital, la no aplicación de límites a las “apuestas” al alza o a la baja que realizan los operadores, las estrategias denominadas de High Frequency Trading, con operaciones de compra y venta realizadas automáticamente en milisegundos para explotar pequeñísimas variaciones en los precios y la creación de “paquetes” de inversión en los mercados de futuros, atrayendo fondos de pensión que, paradójicamente, buscan en la llamada “economía real” seguridad contra la inestabilidad que ellos mismos contribuyen a crear.

La Reserva Federal de Estados Unidos ha inyectado veintinueve billones de dólares en el mercado financiero como rescate de los bancos fundidos entre 2007 y 2010. Combinado con la desregulación de los mercados de commodities, estos fondos estarían creando nuevas “burbujas” que, de explotar sorpresivamente, harían fracasar las estrategias de aumento de la producción y dejarían a los países más endeudados que antes.

El presidente dominicano Leonel Fernández Reyna, quien defendio en las Naciones Unidas la realización de este debate, opinó como panelista que las medidas para lograr seguridad alimentara son muy necesarias, pero que éstas deben ser complementadas con medidas para regular los mercados, tal como viene proponiendo hace años la UNCTAD, agencia de las Naciones Unidas para el comercio y el desarrollo.

Heiner Flassbeck, economista de la UNCTAD, explicó cómo los mercados financieros introducen volatilidad en el comercio de materias primas, en parte debido a la “conducta de manada” de los especuladores financieros. La crisis creada por la desregulación de las finanzas ha golpeado duramente a las economías de los países desarrollados, pero su efecto puede ser más desastroso aun sobre los países pobres y vulnerables que dependen de las materias primas.

El Instituto de Políticas Agrícolas y Comerciales (IATP), con sede en Minnesota, propuso en el panel que tanto la UNCTAD como la FAO deberían tener un escaño de observadores en la IOSCO, la organización internacional que recomienda regulaciones para los mercados de futuros y asesora a los ministros de Finanzas del G-20.

Sin embargo, la presión de los países desarrollados durante la Asamblea cuadrienal de la UNCTAD, realizada esta semana en Doha, fue en el sentido contrario, en busca de limitar su capacidad de dar una “segunda opinión” a los países en desarrollo, distinta del consejo que proveen el Banco Mundial y el FMI.

La investigación de la UNCTAD, comprometida con los países en desarrollo, es “como una espina clavada en el flanco de los países desarrollados y su confianza en la autorregulación de los mercados”, sostuvo Steve Suppan, analista de IATP. Y como es sabido, a los poderosos no les gusta ser pinchados.

Por ser “un tábano en la consciencia de Atenas”, Sócrates fue obligado a tomar la cicuta hace veinticinco siglos. La UNCTAD ha logrado escapar esa misma suerte. Por ahora.


Publicado: Viernes 27 de abril de 2012 - 63 Año 2012

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