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Propuestas desde la sociedad civil – Hacia una justicia social y ambiental

Viernes 25 de mayo de 2012 - 67 Año 2012

Rocío Valdeavellano/José Luis Ricapa

En Río de Janeiro, unos días antes de la Cumbre oficial “Río+20” se realizará la Cumbre de los Pueblos por Justicia Social y Ambiental, contra la mercantilización de la vida y en defensa de los bienes comunes. En ella confluirán movimientos sociales y redes ciudadanas de todo el mundo quienes presentarán una serie de propuestas viables –muchas en ejecución– surgidas en los pueblos para enfrentar a las crisis sistémicas en curso.

A 20 años de la Cumbre de la Tierra (Río 92) estamos muy lejos del llamado “desarrollo sostenible”. Las brechas sociales y el problema ecológico han adquirido caracteres dramáticos.  Según señala el reciente Informe del Panel de Alto Nivel sobre Sostenibilidad Ambiental del Secretario General de las Naciones Unidas “los pueblos del mundo no tolerarán la continua devastación ambiental o la persistente desigualdad que ofende profundamente los principios universales de justicia social”. No es hora de engañarse sino de abrir los ojos y tomar decisiones claras.

Propuestas desde el Perú

Numerosas organizaciones peruanas están participando en este proceso y se  han articulado en el  Grupo Impulsor hacia Río+20, espacio que promueve diversas actividades. “Posición de la Sociedad Civil del Perú más allá de Río+20” es el documento elaborado por este grupo en donde se hace un balance crítico de lo ocurrido en estos 20 años, además se señala que si bien hay países que han mejorado sus índices de desarrollo humano (IDH), otros indicadores nos muestran grandes inequidades.

En el mencionado documento se  expresa también la preocupación ante la propuesta de Economía Verde que ha hecho el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) y que forma parte central de la Agenda de la Cumbre oficial. Dicha propuesta mantiene el paradigma  de un crecimiento económico ilimitado -que ya el Planeta no resiste- y los viejos esquemas de producción, comercio y consumo, orientándose  a facilitar los grandes negocios  a costa de la naturaleza. Frente a ese paradigma, la sociedad civil propone una economía con justicia social y ecológica, basada en el respeto a los derechos humanos y los derechos de la Madre Tierra, lo que implica la armonía con la naturaleza y una distribución equitativa de la riqueza.

Cabe indicar que se ha superado en 50 por ciento la capacidad que tiene el planeta para producir lo necesario para la vida de los seres humanos y para absorber nuestros desechos. Sin embargo, la “huella ecológica”  que generan  los habitantes de los países con mayores ingresos es 5 veces mayor a las de las personas de los países con ingresos más bajos. Es decir, una porción de la humanidad consume mucho más de lo necesario, lo que afecta el equilibrio  social y ecológico, amenazándonos a todos.

Frente a ello, las organizaciones de la sociedad civil peruana remarcan que es urgente que Naciones Unidas se dote de la legitimidad indispensable para liderar los cambios que la situación requiere. Ello implica que se involucre a los espacios subnacionales de gobierno a través de canales eficaces de participación.

De otro lado, las Conferencias de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático que se realizan anualmente (la última en Durban y la próxima en Qatar) caminan a paso de tortuga. Al respecto, Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC) ha insistido en la importancia de la aplicación del principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”.  Río+20 no debe desentenderse  de la urgencia de  adoptar compromisos justos y  vinculantes que incluyan  reducciones drásticas de emisiones domésticas de gases de efecto invernadero (GEI) por parte de los países industrializados (responsables históricos de la acumulación excesiva de éstos en la atmósfera) y  esfuerzos concretos por evitarlas en los países de economías emergentes. Los ciudadanos y ciudadanas demandan también que se cumplan los sucesivos compromisos de financiamiento pendientes desde Río 92 y que se establezcan mecanismos para que los que han generado pasivos ambientales asuman la restauración de los ecosistemas con las debidas sanciones en caso de incumplimiento.

En relación a los temas de las 5 Plenarias de Convergencia que se desarrollarán en la Cumbre de los Pueblos, las organizaciones de la sociedad civil peruana presentan sus recomendaciones sobre los acuerdos  y políticas públicas que debieran adoptarse:

En la Plenaria Derechos, por Justicia Social y Ambiental, la Cumbre debería declarar la existencia de una situación de emergencia ambiental, acordando, junto a las reducciones de GEI, la prohibición de de extraer petróleo en el mar, establecer como zonas intangibles para las actividades extractivas a los glaciares, las cabeceras de cuencas hidrológicas de montaña y los páramos así como  vallas ambientales y protección a la Amazonía, considerándolos como patrimonio ecológico universal, determinando  mecanismos viables de control y sanción ambiental.

De otro parte, en la Plenaria Defensa de los Bienes Comunes contra la Mercantilización, se debería delimitar a través del ordenamiento territorial dónde es posible y dónde no la explotación de los recursos naturales además proponer medidas para la implementación de monitoreos eficaces de los balances hídricos, reconocer como uno de los pilares del desarrollo sostenible los derechos de los diferentes pueblos y el respeto a la interculturalidad. Reafirmar el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos indígenas y comunidades locales de acuerdo a lo establecido en la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Medidas para recuperar y revalorar los conocimientos ancestrales articulándolos con las tecnologías modernas en las estrategias de adaptación y mitigación al Cambio Climático.

Asimismo, en la Plenaria de Soberanía Alimentaria, Río+20 debe priorizar el apoyo a los pequeños agricultores y productores, proteger un adecuado uso del suelo evitando los monocultivos y la concentración de la propiedad de la tierra, aprobar la recuperación y conservación de las semillas nativas frente al uso de transgénicos..

En la plenaria Energía e Industrias Extractivas se debería reconocer y acordar un cambio en la matriz energética hacia  otra que ponga prioridad en el uso masivo de nuevas energías renovables y limpias, además establecer un uso de la energía hidroeléctrica no basada en megaproyectos sino organizada a escala pequeña y de manera descentralizada. Los costos de esta transición deberían asumirlos los países macro emisores históricos de GEI.

Finalmente, en la plenaria Trabajo, se debería acordar el desarrollo de  políticas para la aplicación de los valores y estrategias de la Economía Solidaria que promuevan la creación, fortalecimiento y recuperación de los mercados locales, regionales y nacionales, la producción ecológica, el comercio justo y el consumo ético, el turismo social y el cooperativismo entre otras formas asociativas. Además, hacer visible el rol de las mujeres en diversos aspectos de la economía, reformar el sistema financiero internacional regulando los flujos financieros y promoviendo la justicia tributaria. Finalmente, construir propuestas hacia el bienestar socio-ecológico (Buen Vivir), involucrando a comunidades y pueblos en las decisiones.

Actuamos ahora

Las propuestas que se levantan desde la sociedad civil – y que se manifiestan en diversos pronunciamientos dirigidos a quienes deciden – surgen de acciones concretas implementadas en diversos lugares como alternativas frente a esta concepción de máximas ganancias y para una convivencia armónica entre seres humanos y con la naturaleza, las que merecen tener mayor difusión entre los pueblos para demostrar que sí es posible.

A nivel individual, además de interiorizar nuevos hábitos de uso, reuso y ahorro de recursos, las personas optan también por informarse antes de adquirir productos o servicios, demandando que estos cumplan con parámetros de Comercio Justo que motivan a intercambios comerciales equitativos para los trabajadores y que respeten las fuentes de vida. Empiezan a hacerse más conocidas las bioferias, ferias del trueque y ferias de comercialización de productos de segunda mano, con las que se va  reconceptualizando el sentido del intercambio de uno basado en el fin de lucro (compra – venta) hacia  otro que concibe una relación en reciprocidad y satisfacción mutua.

De otro lado – a nivel empresarial – el año 2012 ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de las Cooperativas, en un reconocimiento al aporte de este modelo al desarrollo económico y social. En el mundo existen 1000 millones de personas asociadas a cooperativas y 100 millones de empleos generados por éstas, sin embargo, el reto para un futuro cooperativo, se enfoca en la necesidad de políticas públicas adecuadas para su promoción y desarrollo. Por otra parte, es cierto que las empresas con enfoque lucrativo empiezan a incorporar en su discurso el prefijo eco (eficiente, diseño, indicadores, etc.); sin embargo, existen diversos ejemplos aún que nos dan a conocer que estas iniciativas responden a un afán de sacar algún provecho del mercado o de limpiar su imagen frente a abusos cometidos contra trabajadores, comunidades o la misma naturaleza. Un modelo empresarial que respete su entorno debe definirse así desde su concepto y esa seguirá siendo una gran contradicción del modelo empresarial capitalista al intentar incorporar, sin cuestionar su esencia, la mirada ecológica.

Las comunidades indígenas en un proceso de reivindicación defienden su derecho al territorio, protegen sus bosques, sus lagunas y demás recursos que son parte de su cosmovisión, de su convivencia con la naturaleza, cuidando la vida para las futuras generaciones. Frente al Cambio Climático, revaloran y defienden sus conocimientos ancestrales, adquiridos en siglos de observación y de respeto por el equilibrio de la naturaleza, preservando así la biodiversidad.

Estas comunidades y la crisis misma del sistema son fuente de inspiración para las nuevas generaciones que empiezan a proponer modelos de convivencia en autogestión y solidaridad, aunque aún en pequeña escala. En las ciudades son cada vez mayores las iniciativas por reforestar, cuidar los pocos espacios naturales, tener techos verdes o conocer como implementar la agricultura urbana. Las mujeres por su parte,  desde la “economía del cuidado” muestran el imperativo de actuar sobre la integralidad de los ciclos de producción y reproducción de la vida. Es decir, el conjunto de actividades, bienes y servicios necesarios para cuidar la vida de todos los seres humanos. Esto está ocurriendo, solo hay que quererlo ver y sobretodo, quererlo hacer.

Ciudadanos frente al Cambio Climático

MOCICC está comprometido en la acción frente a las causas y los efectos del Cambio Climático y busca articular esfuerzos a todos los niveles en esa perspectiva. Junto a su trabajo por lograr políticas eficaces y participativas de mitigación y adaptación ante el CC, busca contribuir a que la humanidad cambie de rumbo, dejando atrás el paradigma actual de crecimiento que nos conduce a un callejón sin salida  y que busca maximizar ganancias, depreda la naturaleza y genera desigualdad. Por eso el Movimiento promueve la toma de conciencia ciudadana y fomenta estilos de vida sostenibles y solidarios. En los próximos días MOCICC lanzará públicamente su Campaña “Se mueve la Gente hacia Río+20”  e invita a los peruanos y peruanas a sumarse a ella.

* Miembro del Comité Asesor del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC).

** Responsable de Campañas del MOCICC.


Publicado: Viernes 25 de mayo de 2012 - 67 Año 2012

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