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Por un nuevo Jubileo

Viernes 12 de octubre de 2012 - 87 Año 2012

John Sentamu

Hace diez años yo era parte de un movimiento llamado Jubileo 2000, que cambió la forma de pensar acerca de la deuda. Desafiamos el principio tan arraigado de que “las deudas deben pagarse siempre” y mostramos cómo, en el caso de muchas deudas contraídas por los países empobrecidos, pagarlas estaba creando sufrimientos casi inimaginables.

No pedíamos un acto de caridad, sino constatar que la economía que habíamos creado era profundamente injusta y exacerbaba la desigualdad y la pobreza en muchas partes del mundo. No pedíamos donaciones, sino un cambio en las reglas del juego.

El cambio en los valores que impulsó el Jubileo forzó decisiones que algo avanzaron para corregir esta injusticia. Alrededor de 125,000 millones de dólares de deudas fueron borradas y eso permitió a algunos gobiernos gastar su dinero en formas que benefician a sus pueblos.

Sin embargo, apenas diez años después nos encontramos en el centro de una crisis de deuda que sugiere que no fuimos tan exitosos como creíamos. Es cierto que muchos fueron liberados de la “esclavitud de la deuda”, pero mundialmente la deuda aumentó, ya que se la utilizó como medio de tapar las grietas de la desigualdad creadas por nuestra economía cada vez más global.

Hoy en día, los más pobres de nuestras propias sociedades europeas están pagando un precio muy alto por una crisis creada por los prestamistas imprudentes y prestatarios excesivos. Poco se ha hecho para reformar un sistema basado en la codicia y la especulación que está creando un abismo aún mayor entre los que tienen y los que no tienen.

La pobreza en Europa, incluso después de la crisis, no es ni por asomo tan generalizada como lo fue, y es, en algunos países africanos. Sin embargo, la gente en los países europeos más endeudados, como Grecia, está sufriendo un rápido aumento de la pobreza, la indigencia, el desempleo, la violencia y los niveles de desigualdad. Por ejemplo, hace seis meses, los investigadores médicos reportaron un fuerte aumento en las tasas de suicidio, asesinatos e incidencia del VIH-SIDA en Grecia como consecuencia de la crisis económica.

Hace diez años, convencimos a la gente de la necesidad de un enfoque diferente sobre la deuda recordando un concepto muy antiguo, el jubileo, que significa reconocer el daño que las deudas muy grandes hacen a la sociedad. Las escrituras hebreas hablan de un año de jubileo en el que las deudas se cancelan y se reparan los daños causados por ellas: se libera a quienes fueron esclavizados para pagar sus deudas y se devuelven a sus dueños las tierras que habían sido tomadas como pago por los acreedores.

La importancia de esta “justicia de la deuda” para una noción más amplia de equidad no se limita al cristianismo y el judaísmo. El Corán condena la usura y requiere el zakat (limosna) como un deber esencial para evitar que la riqueza se acumule solo entre los ricos. Los cultos Dharma de la India enseñan que no poseemos riquezas propias sino que las custodiamos en nombre de todos los seres humanos.

En tiempos muy diferentes, todas estas religiones han tratado de crear soluciones y reparar el daño que una profunda desigualdad causa en nuestras comunidades y sociedades. Haríamos bien en adaptar sus soluciones a nuestros días.

¿Cómo será un jubileo hoy? En primer lugar, como dijimos hace diez años, cuando el pago de las deudas causa sufrimiento, empobrecimiento y desigualdad creciente no es justo pagarlas. La deuda no es solo responsabilidad del deudor. La carga de la deuda tiene que ser compartida. Las instituciones que crearon la crisis no pueden simplemente volver a obtener beneficios sin ocuparse de la estela de devastación dejada por sus decisiones.

En segundo lugar, aunque las deudas sean justas, cuando se las contrae en forma democrática para hacer una inversión productiva, no son la única forma en que los gobiernos pueden recaudar fondos. Los impuestos pueden garantizar que las empresas y los inversores en un país paguen una parte justa de los beneficios que obtienen de él. Los impuestos son un mecanismo de redistribución de la riqueza en una economía global que, como se lo reconoce casi universalmente, es demasiado desigual. La tributación progresiva es un elemento importante para resolver los problemas de injusticia económica.

Por último, hay que introducir normas para asegurar que los mercados financieros funcionen para la gente. La regulación de los flujos de capitales ayudará a superar una economía basada en la especulación y en “hacer dinero del dinero”. La regulación permitirá controlar a los prestamistas y eliminar el control que los mercados financieros tienen sobre todos los aspectos de nuestras vidas. El dinero volverá a su función original de medio de intercambio de bienes.

Este jubileo, entonces, va mucho más allá de cancelar algunas deudas. La deuda injusta está en el corazón de nuestra economía global, en el corazón de una profunda desigualdad entre ricos y pobres, así como entre países ricos y países pobres. Si un jubileo es un llamado a la justicia, éste debe consistir en cambios de largo alcance en la economía mundial para desarrollar una sociedad basada en la justicia, el apoyo mutuo y la comunidad. Una renovación económica, política y espiritual en nuestra sociedad.

* Arzobispo de York, segundo en la jerarquía de la iglesia anglicana después del arzobisbo de Canterbury.


Publicado: Viernes 12 de octubre de 2012 - 87 Año 2012

1 comentario

  1. [...] Hace diez años yo era parte de un movimiento llamado Jubileo 2000, que cambió la forma de pensar acerca de la deuda.  [...]

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