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El indulto a los criminales

Viernes 19 de octubre de 2012 - 88 Año 2012

Héctor Béjar

Si se consumase el indulto a Alberto Fujimori sugerido por el presidente Ollanta Humala se evidenciaría una vez más la debilidad de los Estados para condenar a los autores de crímenes de guerra o de lesa humanidad.

La Secretaría de Derechos Humanos del gobierno argentino organizó el 2010 en Buenos Aires el seminario “Los genocidios y crímenes de lesa humanidad”. Extraigo algunos datos.

En Argentina, los criminales hicieron desaparecer a más de treinta mil personas, robaron a sus hijos y los entregaron a otros hogares cómplices. Durante un tiempo los jueces no pudieron investigar esos hechos debido a las leyes de obediencia debida y punto final, y por los indultos concedidos por gobiernos encubridores.

Pero cuando el pueblo obtuvo mayor presencia en la democracia las leyes de impunidad fueron derogadas. La Corte Suprema de Justicia anuló los indultos. No se aceptó el principio de cosa juzgada porque no hay posibilidad de que cicatricen las heridas si no se condena a los culpables.

Este precedente significa que si hipotéticamente se concediera indulto a Fujimori, podría ser anulado con un cambio de situación.

Los grupos económicos que acompañaron a Jorge Rafael Videla mantienen una actitud negacionista similar a los fujimoristas y al Movadef senderista.

En Alemania, judíos, homosexuales, enfermos mentales, gitanos, minusválidos, anarquistas, comunistas, socialistas y disidentes fueron asesinados y quemados por un sistema en que participaban miles de personas. Al final de la guerra no se sabía dónde estaban las víctimas.

De Francia deportaron a setenta y seis mil judíos que fueron ejecutados en Auschwitz. Los deudos construyeron un memorial en París para que las familias de las víctimas pudieran hacer duelos. Allí se depositaron treinta y cuatro millones de documentos de la represión antisemita. El memorial recibe doscientos mil visitantes por año. Pero los israelíes ignoraron a los que no eran de su religión, al punto que ahora se cree que los nazis exterminaron solo a los judíos.

En el Perú debería existir un Memorial similar, donde estén los archivos desclasificados de los asesinatos cometidos. Se ha optado por un “Lugar de la memoria y la reconciliación” porque hay una voluntad oficial y civil cómplice con la impunidad, reflejo del analfabetismo moral que padece una parte de la población.

En 1964, el parlamento francés declaró la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad.

Alemania ratificó la Convención de las Naciones Unidas para la prevención y sanción del delito de genocidio, pero especificó que su aplicación solo valía para el futuro y que no se aplicaría a los crímenes cometidos en el pasado. Una forma de proteger a los nazis aplicándoles el código penal de Bismarck y de la República de Weimar. Sólo podía ser enjuiciado por asesinato el autor directo de los crímenes, no los criminales de escritorio.

La República Federal Alemana fue organizada sobre la base de la impunidad. El antisemitismo no fue introducido por Hitler. Viene desde cuando el elector Juan Federico de Sajonia expulsó a los judíos de sus territorios por consejo de Lutero en 1536.

Hasta 1970 los alemanes que organizaron en Francia la deportación de setenta y seis mil judíos a Alemania seguían libres porque el artículo 16 de la Constitución prohíbe la extradición de alemanes. Tampoco se pedía que sean juzgados en Alemania por el temor de que caigan en manos de ex magistrados nazis.

Tuvo que hacerse una campaña para que recién en 1971 Willy Brandt firme un nuevo convenio. Y así fueron llevados a juicio René Bousquet, jefe de la policía de Vichy, Jean Leguay, delegado de Bousquet en la zona ocupada por los alemanes, Maurice Papon, ¡prefecto de policía del general De Gaulle durante diez años, entre 1959 y 1967, y ministro del presupuesto entre 1977 y 1981!, que fue organizador de razias de judíos durante la ocupación alemana, y Paul Tuvier, uno de los jefes de policía en Lyon.

No fue el poder público sino activistas de derechos humanos quienes denunciaron a estos criminales y consiguieron su castigo.

Solo fueron veintidós los condenados en Nuremberg. El resto de los nazis se integraron al Estado alemán como si tal cosa. Y se están muriendo tranquilamente, de puro viejos.


Publicado: Viernes 19 de octubre de 2012 - 88 Año 2012

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