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El “precipicio fiscal”

Viernes 16 de noviembre de 2012 - 92 Año 2012

Chakravarthi Raghavan

La reelección de Barack Obama fue recibida con gran alivio, con excepción quizás del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Para el resto del mundo, que en enero en la Casa Blanca hubiera un Mitt Romney –en cuyo equipo de campaña había asesores en política exterior de la era de George W. Bush- era motivo de alarma.

Pero las perspectivas en el frente económico son de pesadilla. Tradicionalmente el presidente electo (incluso reelecto) se toma cierto tiempo para descansar después de una agotadora campaña electoral de casi un año. Obama no puede darse ese lujo, ya que el país se enfrenta al “precipicio fiscal”.

Por segunda vez Obama ha obtenido el mandato de la población estadounidense, con una impresionante mayoría en el colegio electoral. Sin embargo, los mismos votantes eligieron no poner fin a la “paralización” que supone un Congreso hostil que obstruye al presidente. Eligieron una Cámara de Representantes del mismo tono republicano que en 2010 y un Senado donde los demócratas conservan la mayoría e incluso aumentan ligeramente su número de escaños, pero no lo suficiente para superar el obstruccionismo.

A menos que Obama y el Congreso negocien en las próximas semanas, la economía se despeñará por el llamado “precipicio fiscal”, hundiendo a Estados Unidos y al resto del mundo en una gran crisis financiera y económica.

El “precipicio fiscal” de Estados Unidos se refiere a cuando expiren, el 31 de diciembre, importantes rebajas fiscales de la era Bush (a menos que se enmiende la ley actual). Se recortarán varias de las ayudas sociales para la clase media, como la suspensión temporal del impuesto sobre nóminas, y otras concesiones, como el Impuesto Mínimo Alternativo, impuestos sucesorios y varias deducciones y gravámenes a las empresas. Además, a partir del 31 de diciembre de 2012-1 de enero de 2013 también se producirá la “confiscación” o la reducción general del diez por ciento en todos los gastos, que entrará en vigor si no se acuerda un presupuesto y se aplican leyes adecuadas.

Para que la ley actual sea enmendada, tanto la Cámara de Representantes como el Senado deben negociar una legislación y Obama debería firmarla antes de que entre en vigor. De lo contrario, las medidas de Bush expirarán a fines de 2012, al igual que otras disposiciones fiscales temporarias -como el Impuesto Mínimo Alternativo y varios créditos personales y comerciales-, algunas de las cuales necesitan extenderse retroactivamente a comienzos de 2012.

Además, el Congreso y la Administración también deben decidir cómo proteger a los médicos del programa de asistencia de adultos mayores frente a los drásticos recortes de las tasas de reintegro y si ampliar o no el seguro de desempleo a los desempleados a largo plazo. Por otro lado, deben adoptarse decisiones en cuando a si ampliar, reemplazar o permitir que expire la reducción fiscal de dos por ciento sobre la nómina para todos los trabajadores estadounidenses.

En cuanto a la “confiscación”, en enero de 2013 comenzará a regir un recorte general en el gasto por 109,000 millones de dólares. La mitad de los recortes automáticos afectarán al Pentágono, mientras que la otra mitad reducirá el gasto del resto del gobierno. La mayoría de los organismos enfrentarán reducciones en sus fondos de 8.2 por ciento.

Estados Unidos caerá en un “precipicio fiscal” prácticamente sin red de seguridad que lo contenga, a menos que el presidente y el Congreso acuerden enmendar la ley actual.

Para complicar aún más las cosas, la administración Obama debe insistir en aumentar el límite de la deuda como parte del paquete. Al menos en el nuevo año debe negociarlo separadamente, y los republicanos exigirán un precio adicional por ello.

Todos los economistas coinciden, si bien por distintas razones, que sería un desastre caer en el “precipicio fiscal”, que hundiría a la economía estadounidense -y con ella a la del mundo entero- en la Gran Recesión, si no en la Gran Depresión.

Como señala en su blog el Premio Nobel Paul Krugman, la preocupación de los economistas estadounidenses keynesianos surge del hecho de que bajar el déficit fiscal cuando la economía ya está deprimida ahonda aún más la depresión. Y agrega que la misma lógica dice que no solo habría que evitar los recortes en el gasto, como exigiría el “secuestro”, sino que debería aumentarse ya mismo.

Sin embargo, los anti keynesianos, los “neoliberales” y los “halcones del déficit”, lejos de aplaudir el “secuestro” y los recortes de los aumentos impositivos, están alterados. Porque el recorte general del diez por ciento no solo afecta programas que benefician a los pobres y los sectores trabajadores sino también programas que los benefician a ellos. Y contrariamente a los recortes fiscales que prometieron -y que Romney y los republicanos anunciaron en la campaña-, la expiración de los recortes fiscales de la era Bush significa mayores impuestos para los percentiles más altos y para el “uno por ciento”.

Obama y el Congreso dominado por los republicanos tendrán que negociar y llegar a alguna solución sobre el presupuesto y los impuestos. Quedan por delante algunas semanas de negociaciones tensas para Estados Unidos y el resto del mundo, que no tiene voz ni voto y cuyas preocupaciones no están representadas en los medios de comunicación estadounidenses.

Los líderes republicanos han señalado la necesidad de llegar a una fórmula de compromiso. Queda por ver si se trata de una mera pose o de un cambio de política real.

* Editor emérito de South North Development Monitor (SUNS).


Publicado: Viernes 16 de noviembre de 2012 - 92 Año 2012

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