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Preparándonos para una decisión difícil

Viernes 23 de noviembre de 2012 - 93 Año 2012

Roberto Bissio

“¡Lo que se nos está pidiendo es la decisión de Sophie!”, comentó frustrado un militante por los derechos humanos tras escuchar el primer informe a la Asamblea General de las Naciones Unidas del panel de alto nivel que estudia las estrategias de desarrollo a partir de 2015, cuando expiran los Objetivos del Milenio.

“Durante nuestras consultas con la sociedad civil hemos recibido cuarenta y cuatro pedidos de nuevos objetivos y áreas temáticas”, dijo Michael Anderson, enviado especial del premier británico David Cameron, quien copreside el panel, junto a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y el presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono. “Algunos grupos estarán desilusionados, pero la precisión de los Objetivos del Milenio debe ser conservada y eso requiere establecer prioridades y no todo podrá incluirse en la agenda post 2015”, concluyó.

La Decisión de Sophie (intepretada por Merryl Streep en el filme del mismo nombre, en una performance que le valió el Oscar) es una famosa novela de William Styron en la que la protagonista es obligada por la Gestapo a elegir cuál de sus dos hijos debe morir.

Los Objetivos del Milenio son ocho conjuntos de metas a lograrse en 2015 que cubren aspectos como reducción de la pobreza extrema, la desnutrición, la mortalidad materna e infantil, así como educación primaria para niñas y niños, combate a la epidemia del VIH-SIDA y sustentabilidad ambiental.

Las cuarenta y cuatro propuestas de nuevas metas cubren una amplia gama de temas sociales, como los derechos de las personas con capacidades diferentes, los pueblos indígenas, las personas mayores o la igualdad de mujeres y varones.

La mayor parte de estos reclamos solicitan concretar derechos ya reconocidos. “Un enfoque basado en los derechos humanos es esencial”, sostuvo la red internacional Social Watch en su respuesta a la convocatoria del panel. Social Watch recordó que, según la Declaración de Viena, aprobada en 1993 por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, estos derechos “son universales, indivisibles, interdependientes e interrelacionados”. El párrafo 5 dice que “la comunidad internacional debe tratar los derechos humanos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso”. Esto incluye, según Social Watch, a todos los derechos civiles y políticos, la igualdad de género, los derechos de las niñas y los niños, el derecho a la alimentación, al agua, la viviendA, la salud y la educación, el derecho al trabajo y los derechos en el trabajo, así como el derecho a la seguridad social, también reconocido desde 1948 por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

La precisión y concisión que quiere Anderson bien puede lograrse estableciendo en una sola frase la meta de “todos los derechos para todas y todos”.

En la práctica, sin embargo, en paralelo a las deliberaciones del panel de alto nivel, el Secretariado de las Naciones Unidas ha convocado a una fuerza de tareas interagencias y una docena de grupos de trabajo sobre áreas temáticas (trabajo, gobernanza, igualdad, salud, educación y etcéteras) que solo puede desatar una disputa interinstitucional para asegurar un lugar en la lista… y los futuros recursos de implementación.

Mientras tanto, los diplomáticos están discutiendo en los corredores de la Asamblea General de las Naciones Unidas cómo seleccionar a los miembros del Grupo de Trabajo intergubernamental que debe consensuar Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), tal como se decidió en la Cumbre llamada de “Río+20” en junio.

Se rumorea que, como nadie quiere quedar fuera de esta discusión, el Grupo podría terminar abierto a los 193 miembros de las Naciones Unidas.

John Podesta, miembro del panel y ex jefe de gabinete en la Casa Blanca durante la presidencia de Bill Clinton, asegura que la prioridad de la agenda post 2015 es “llevar a cero” la pobreza extrema. Por su parte, los diplomáticos latinoamericanos que impulsaron los ODS aseguraron en Río que éstos serán “objetivos para los ricos”. O sea, que los países desarrollados deben someterse a disciplinas, ya sea corrigiendo sus patrones de consumo que afectan el planeta (por ejemplo, creando cambio climático) o regulando y equilibrando sus desbalanceadas finanzas, que trastornan la economía mundial.

Así, los objetivos post 2015 y los ODS están siendo gestados como contradictorios. Todos saben que el combate a la pobreza es imposible sin recursos adicionales, pero en el actual clima de recesión económica la ayuda al desarrollo se está recortando y están trabadas las negociaciones comerciales que podrían ayudar a abrir mercados a los países pobres. Éstos deben, además, arreglárselas con menos remesas de sus migrantes y en un clima de inestabilidad financiera que los obliga a desviar recursos del gasto social a la acumulación de reservas.

El impuesto global al carbón, necesario para frenar el cambio climático, y la tasa sobre las transacciones financieras, necesaria para limitar la especulación, podrían ayudar a frenar estos males globales y al mismo tiempo financiar la tan postergada erradicación de la miseria. Para el futuro de la humanidad, la mejor decisión es también la más ambiciosa.


Publicado: Viernes 23 de noviembre de 2012 - 93 Año 2012

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