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Represas hidroeléctricas: una amenaza para el Marañón

28 de junio de 2013 - No. 120 - Año 2013

Romina Rivera Bravo

Millones de personas luchan en todo el mundo contra las represas, pero en el Perú la construcción de centrales hidroeléctricas está en boga: el Ministerio de Energía y Minas ha confirmado que está “estudiando el marco legal de la ley de concesiones eléctricas para impulsar la promoción de hidroeléctricas”, así como el planeamiento de la matriz energética -que se estima con un potencial total de generación de hasta setenta mil megavatios- con el objetivo promover la exportación de electricidad a países vecinos.

El Perú viene incrementando su demanda energética aproximadamente en un ocho por ciento cada año. Esta demanda ha generado la puesta en marcha de grandes proyectos de inversión en infraestructura hidroeléctrica bajo la amenaza de “evitar una crisis energética” en el futuro. Pero, ¿es esa la solución?

El río Marañón amenazado

El río Marañón es una importantísima cuenca de la Amazonía peruana, afluente directo del Amazonas. Recorre seis regiones en diversos pisos altitudinales, creando  a su paso una gran diversidad de ecosistemas, algunos de ellos únicos en la región y el mundo.

Durante el último año del gobierno de Alan García se promulgó el Decreto Supremo 020-MEM en el que se declara de necesidad e interés público la construcción de veinte centrales hidroeléctricas en la cuenca del Marañón, teniendo como principales proyectos a Cumba (cuatrocientos megavatios), Rentema (mil quinientos megavatios), Escurrebraga (mil ochocientos megavatios) y Manseriche (cuatro mil quinientos megavatios). A éstos se le suman otros cuatro, no incluidos en el decreto, de importante magnitud: Chadín 2 (seiscientos megavatios), Marañón (noventa y seis megavatios), CH del Norte (seiscientos megavatios) y Veracruz (setecientos megavatios).

Las veinticuatro centrales hidroeléctricas que se construirían en el Marañón tendrían una capacidad energética de hasta catorce mil novecientos cincuenta y un megavatios; es decir, diecisiete veces más que la de Mantaro (ochocientos cincuenta y tres megavatios), la central hidroeléctrica más grande existente en el país.

A pesar de lo positivo que puede parecer este escenario para la economía peruana, la verdad es que estos proyectos afectarían definitiva e irreversiblemente a nuestra Amazonía.

Represas en el mundo

Hasta hace algunos años, las represas hidroeléctricas eran consideradas fuentes de energía limpia y renovable. Sin embargo, tras las miles de experiencias en todo el mundo analizadas en el informe Represas y Desarrollo (2000) de la Comisión Mundial de Represas, podemos afirmar que esto no es cierto.

Las represas son muros construidos para cortar el flujo de los ríos y crear lagunas artificiales llamadas embalses. El agua de los embalses se usa para hacer girar las aspas de las turbinas en las centrales hidroeléctricas, generando electricidad. Para que tenga fuerza suficiente para hacerlas girar es necesario almacenar inmensas cantidades de agua, por lo que los embalses inundan cientos o miles de hectáreas en donde se construyen.

Energía eléctrica, ¿para qué y para quiénes?

Los verdaderos beneficiados de los proyectos hidroeléctricos suelen ser el sector minero que demanda cada vez más energía eléctrica barata, calculada en el Perú en tres mil setecientos sesenta y un megavatios, y las empresas que quieren exportar energía.

Según el Acuerdo Energético Perú-Brasil, que se encuentra aún en revisión en el Congreso peruano, el Perú tendrá que instalar un potencial energético de hasta siete mil doscientos megavatios y asumir los costos ambientales que esto genera. Los precios calculados para la  generación eléctrica no consideran los impactos socioambientales, por lo que es necesario generar discusión no solo alrededor de sus impactos, sino también de temas más importantes como el modelo de desarrollo y la sociedad que queremos.

Consecuencias irreversibles

Los ríos no son sólo corrientes de agua, sino complejos ecosistemas que cumplen diversas funciones en la naturaleza. Su flujo contribuye al ciclo del agua, son fuentes de vida y alimento, rutas de transporte, reguladores de la temperatura, etc.

El río Marañón presenta entre sus diversos ecosistemas uno especialmente particular en la región y en el mundo: el Bosque Seco del Marañón. Este ecosistema, que se encuentra en peligro crítico, contiene además numerosas especies endémicas, es decir, que no se encuentran en ningún otro sitio. Esto las hace extremadamente vulnerables a los cambios.

De concretarse la construcción de centrales hidroeléctricas en el Marañón las siguientes posibles consecuencias podrían ser irreversibles:

  • Inundación. Los embases inundarían grandes áreas de terreno, arrasando con viviendas, campos de cultivo, bosques y hábitat naturales.
  • Desplazamientos. Las poblaciones ribereñas, comunidades campesinas e indígenas de toda la cuenca del Marañón se verían seriamente afectadas en su cultura y lazos.
  • Economía. Actividades tradicionales como la pesca y la agricultura desaparecerían puesto que los peces no podrían transportarse por el río debido a las represas, mientras que los sedimentos se empozarían.
  • Contaminación. Los sedimentos, nutrientes y agua estancada de los embalses contaminarían el río, generando enormes cantidades de gases de efecto invernadero, emisiones de metano veintiuna veces más poderosas que el dióxido de carbono (CO2).
  • Aumento de enfermedades. Como el dengue y la malaria, por el agua estancada en los embalses, así como la modificación de la temperatura.
  • Colonización. Durante la construcción de las represas, cientos de trabajadores se asentarían en la zona, generando depredación de bosques y contaminación. De la misma manera, como ha ocurrido en diversas partes del mundo, se generarían negocios ilegales alrededor de estas zonas, como la minería ilegal, la prostitución y la trata de personas, además de incrementarse el alcoholismo.

Avances

Chadín 2 es uno de los proyectos más avanzados en su implementación en la cuenca del Marañón. A pesar de no estar considerado dentro del paquete del Decreto Supremo 020-2011, es uno de los proyectos de mayor interés para el gobierno peruano, que espera la incorporación de los seiscientos megavatios de generación eléctrica al Sistema Interconectado Nacional (SEIN).

Su construcción, a cargo de la empresa AC Energía (Odebrecht), se desarrollaría entre las provincias de Luya y Chachapoyas (departamento de Amazonas) y Celendín (departamento de Cajamarca), a un costo total de 819 millones de dólares.

Sin embargo, y a pesar de la gran publicidad desplegada en estas provincias, las organizaciones sociales de ambos departamentos han manifestado su oposición al proyecto. En Amazonas, las organizaciones awajún wampis han pedido el respeto a su territorio. En Cajamarca, las rondas campesinas y pobladores de Cortegana han denunciado las malas prácticas de la empresa en la realización de los talleres informativos: fuertes contingentes policiales, presencia de personas extrañas a la región, chantajes y presiones para firmar las actas de conformidad.

De construirse esta represa hidroeléctrica se inundarán tres mil doscientas cincuenta hectáreas, afectando directamente a veintiuna comunidades en ambos lados del río Marañón. Asimismo, arrasará con ochenta y tres especies de flora y cientos de animales entre mamíferos, aves, insectos, anfibios, reptiles y peces, muchos de los cuales son endémicos, como el colibrí maravilloso o las aves del género Incaspiza.

La empresa constructora, por su parte, ha anunciado la creación de puestos de trabajo para la construcción de la represa y programas de capacitación para los lugareños. Pero no ha dicho que en los cinco años en los que se prevé realizar su construcción, la cantidad de obreros no calificados que se contratarán asciende apenas a unos seiscientos (doscientos ochenta y ocho en el primer año y ciento ochenta y cuatro en el último), mientras que para su operación solo se necesitarán doce. Lo mismo sucede con la mano de obra calificada: de los mil cuarenta y dos puestos de trabajo anunciados, el primer año se contratarán trescientos cincuenta y cuatro, el último doscientos cuarenta y ocho, y para su funcionamiento solo se necesitarán veinticuatro.

Resulta claro que en el caso de Chadín 2 el perjuicio es mucho mayor que los supuestos beneficios. No obstante, sin un Estado que asegure el cumplimiento de altos estándares ecológicos y sociales, los megaproyectos ocasionarán daños mayores de los que podremos prever hasta el momento.

Alternativas

De acuerdo a un último estudio encomendado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la dotación de recursos de energía renovable, geotérmica, eólica, solar y de biomasa disponibles en la región pueden cubrir hasta veintidós veces la demanda energética proyectada para el 2050. Por este motivo, en el Perú urge discutir y repensar el modelo de desarrollo que queremos y comenzar a invertir en nuevas tecnologías para la generación eléctrica responsable con nuestra Amazonía. Actualmente el país malgasta el cincuenta por ciento de su energía eléctrica debido a tecnología vieja e ineficiente. Por último, debemos desarrollar una matriz energética sostenible, en defensa de los intereses del país y sus pueblos.

Romina Rivera Bravo es comunicadora del Área de Integración Solidaria de Forum Solidaridad Perú (FSP).


Publicado: 28 de junio de 2013 - No. 120 - Año 2013

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