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Una bola de nieve

1 de noviembre de 2013 - No. 138 - Año 2013

Martin Khor

El escándalo del ciberespionaje realizado por Estados Unidos sigue creciendo como una bola de nieve. Pocos días después de que la canciller alemana Angela Merkel expresara su malestar por la intervención de su teléfono móvil personal, se reveló que los teléfonos de otros treinta cinco líderes políticos de todo el mundo habían sido intervenidos en 2006. Aún no se sabe cuantos más han sido espiados desde entonces.

Tanto la canciller alemana como la presidenta brasileña, Dilma Rouseff, han hecho sentir su protesta por las escuchas secretas.

Un “memo” filtrado revela que funcionarios de varios departamentos del gobierno de Estados Unidos que han estado en contacto con líderes mundiales y altos funcionarios de diversos gobiernos tomaban nota del número de sus teléfonos móviles y los pasaban a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA).

No solo habrían espiado sus teléfonos móviles sino también sus correos electrónicos y sus navegadores de Internet. Según los informes, la cuenta de correo electrónico del ex presidente mexicano Felipe Calderón también fue intervenida.

A nadie le gusta ver invadida su privacidad, y menos de un modo tan generalizado. Si los aliados cercanos de Estados Unidos están sujetos a una vigilancia así, ¿qué se puede esperar para otros gobernantes en el mundo? Y si los políticos famosos pueden ser espiados, ¿qué podemos esperar los simples ciudadanos?

Una Merkel indignada declaró la semana pasada: “Necesitamos confianza entre aliados y socios. Esa confianza debe ser construida nuevamente (…) Somos aliados. Pero esa alianza solo puede construirse en base a la confianza”.

Según la agencia Reuters, la canciller alemana ya tenía sospechas de la vigilancia luego de encontrar su número de teléfono móvil en un documento de Estados Unidos. En una conversación telefónica con el presidente Barack Obama, reclamó que los servicios de vigilancia estadounidenses fueran ubicados en un nuevo marco legal.

Poco antes, Obama había hablado con el presidente de Francia, François Hollande, tras la indignación de la opinión pública de ese país al enterarse de que la NSA había registrado setenta millones de contactos telefónicos de ciudadanos franceses en un período de treinta días.

El ministro francés de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, llamó a su despacho al embajador de Estados Unidos en Francia para trasmitirle su protesta. Se informó que le dijo: “Este tipo de prácticas entre socios, que invaden la privacidad, es totalmente inaceptable y tenemos que asegurarnos de que, muy rápidamente, esto no suceda más”.

El mes pasado, yo estaba en la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando la presidenta brasileña condenó en duros términos la vigilancia realizada por Estados Unidos e hizo un llamado a la acción internacional para regular este espionaje a través de Internet. Cuando Dilma Rouseff pronunció su discurso, que abrió la sesión de la Asamblea General, con Obama entre la audiencia, se produjo un silencio absoluto.

La semana pasada le tocó el turno a Europa de mostrar su malestar. En una cumbre de la Unión Europea el viernes 24 de octubre, Alemania y Francia encabezaron un movimiento para establecer nuevas normas con Estados Unidos sobre inteligencia y el comportamiento del servicio de seguridad.

El Parlamento Europeo también votó la suspensión del acuerdo con Estados Unidos para compartir información bancaria, después que una revista alemana publicara que la NSA estaba vigilando el sistema internacional de transferencia bancaria SWIFT y señalando la información financiera personal de ciudadanos que estaba siendo relevada.

Elmar Brok, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo, describió la semana pasada a las agencias de seguridad de Estados Unidos como “un Estado dentro del Estado” y agregó que “se ha perdido el equilibrio entre libertad y seguridad”.

Varios países y diversas organizaciones están planeando sus propias acciones para bloquear el espionaje de Internet de Estados Unidos.

Para evitar el tráfico de Internet a través de Estados Unidos, Brasil prevé tender un cable submarino a Europa y, además, vincular a otros países de América del Sur en una red, libre de escuchas por parte de Washington, según se informó en una nota de prensa.

Fadi Chehade, presidente de la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICAAN, por sus siglas en inglés), organización que controla los nombres de dominio y direcciones de Internet con sede en Marina del Rey, Los Ángeles, California, se reunió con la presidenta brasileña y se comprometió a apoyar sus iniciativas para contrarrestar el ciberespionaje de Estados Unidos.

ICAAN y otras organizaciones de Internet, como W3C, Internet Society, Internet Engineering Task Force, emitieron una declaración condenando el espionaje de Estados Unidos e hicieron un llamado para la globalización del marco básico de Internet. Por otra parte, se están desarrollando ideas para crear un nuevo software contra el espionaje, “desde nuevos programas encriptados de correo electrónico hasta tecnología para regar con banderas rojas Internet, con la finalidad de confundir a posibles espías”, según informó la agencia de noticias Associated Press.

Por supuesto, por cada nuevo software, una agencia de espionaje competente puede desarrollar otro para contrarrestarlo. Por eso la solución debe ser política.

En las próximas semanas se esperan más novedades sobre nuevos planes de más países para detener el espionaje en Internet. Queda por saber a dónde nos llevará todo esto.

Martin Khor, fundador de TWN y director ejecutivo de South Centre.


Publicado: 1 de noviembre de 2013 - No. 138 - Año 2013

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