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Cambio climático o climafarsa

14 de febrero de 2014 - No. 150 - Año 2014

Héctor Béjar

Desde diciembre, las costas atlánticas inglesas son azotadas por interminables lluvias e inundaciones. El mar recupera lo perdido: se lleva fortificaciones, muros, espigones, casas, líneas de tren. Vastas áreas del condado de Somerset en el suroeste de Inglaterra están bajo las aguas.

Es el equivalente inglés del huracán Katrina. Uno de los ricos imperios del primer mundo no sabe, no puede o no quiere ayudar a sus propios ciudadanos. El desastre ha sido causado no solo por las lluvias sino por la ineptitud de la burocracia frente a una tragedia previsible. Los políticos hablan desde la rica City de Londres, desconectada del país, dice The Guardian en su editorial del 9 de febrero.

El ingenioso sistema de drenaje construido en el Medioevo por los monjes cistercienses para ganar tierra al mar al que se fue añadiendo drenes y canales en los siglos que siguieron, fue descuidado por  desidia, cambios burocráticos y cortes de fondos. Miles han perdido sus casas y sus bienes. Arruinadas la pesca y la agricultura, la seguridad alimentaria del Reino Unido empieza a estar en peligro.

Todos los imperios están hechos para matar y dominar, no para socorrer.

¿Se puede atribuir las inundaciones al cambio climático? Científicos del Panel Intergubernamental predicen que un millón de hogares en Inglaterra y Gales perecerán bajo las mareas en los años próximos si continúa la elevación en el nivel del mar. El cambio ya empezó, dice Patrick Barham en The Guardian del 8 de febrero. Ya hay pequeñas penínsulas que se están convirtiendo en islas.

Las inundaciones son acompañadas de otra catástrofe: el capitalismo turbulento, la privatización y el encogimiento del Estado del Bienestar que prima desde 1979 en el Reino Unido.

El ministro George Osborne pretende cortar año por año 12,000 millones de libras en beneficios sociales, pensiones, defensas contra el cambio ambiental, prisiones y policía, universidades, arte, deporte y hasta bomberos. Los programas de prevención de desastres recibirán solo la tercera parte de lo necesario.

En su libro Thoughts and Thinkers (Londres, Duckworth, 1982), Anthony Quinton dice que los humanos han ganado la contienda entre las especies animales. Pero han destruido la naturaleza que encontraron cuando llegaron al planeta.

Gran parte de la vida humana es ahora artificial. La calefacción, el aire acondicionado, las máquinas movidas por combustibles sin las cuales no podríamos vivir. Comedores de animales, adecuamos puercos, aves, vacunos y ovinos a nuestra voracidad.

Hace mucho que el Buda dijo que por el hecho de ser más poderoso que otras especies, el ser humano tiene obligaciones sobre ellas. ¿Será capaz de reconstruir lo que ha destruido? ¿Puede modificar su vida?

Se trata de un cambio fundamental en el orden de prioridades de nuestras preocupaciones, dice Quinton. Una abarcadora ética ambiental debe cambiar nuestras tradiciones morales.

En el ambiental también existe, como en otros temas, una aproximación operativa que ignora la ética. No es solo cuestión de emitir menos gases o dejar de contaminar las aguas. Hay que empezar a vivir de manera distinta.

En el plano epistémico, en la construcción de conocimiento científico, hay que producir evidencia para que haya consenso internacional. La resistencia de los poderes establecidos tiene que ser vencida por evidencias.

El cambio climático es consecuencia del desarrollo de los países industrializados y las sociedades de alto consumo. De allí se deriva una doble responsabilidad que estos países deben asumir.

Una nueva forma de vida supone convertir los estados nación, ahora en crisis, en estados verdes, capaces de regular la vida dentro de normas ambientales.

Estos factores, desde el ético hasta el operativo, deberían ser vistos en la COP 20 (Lima, diciembre de 2014). Hay que discutirlo todo. De otra forma, en vez de enfrentar el cambio climático, se estaría haciendo lo que James Conelly y otros autores (Politics and the Enviroment. Londres, Routledge, 2012) llaman una climafarsa.

Héctor Béjar
www.hectorbejar.com


Publicado: 14 de febrero de 2014 - No. 150 - Año 2014

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