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Corrupción en la City

14 de febrero de 2014 - No. 150 - Año 2014

Roberto Bissio

Martin Wheatley, máximo supervisor británico de la conducta de la banca, confirmó el 4 de febrero en el Parlamento que diez bancos están siendo investigados por manipular en su beneficio las tasas de cambio. (Royal Bank of Scotland, Barclays y otros ocho que aún se desconocen.).

En el mercado Forex (Foreign Exchange) se compran y venden monedas por valor de 3,000 millones de libras esterlinas por día, unos cinco 5,000 millones de dólares. Manipulando estas tasas al alza o a la baja en pequeñísimas proporciones, los operadores pueden apropiarse de fortunas, perjudicando al comercio real de mercaderías y servicios, a los viajeros o a quienes deciden ahorrar en moneda extranjera.

“Las acusaciones son tan graves como lo fueron las de Libor”, dijo Wheatley a la Comisión de Tesoro del Parlamento británico.

El escándalo de la tasa Libor, que estalló en 2012, “supera en varios órdenes de magnitud cualquier estafa financiera en la historia de los mercados”, dijo entonces Andrew Lo, profesor de Finanzas del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Utilizando grupos de chat entre sus computadoras, los operadores de los grandes bancos subían o bajaban engañosamente esta tasa, que rige cuánto se paga por préstamos y tarjetas de crédito en todo el mundo. Cuánto estafaron entonces tal vez nunca se sepa, pero sí se sabe que las multas ya pagadas por los bancos por este fraude ascienden a 6,000 millones de dólares.

A pesar de este antecedente, Wheatley dijo que el escándalo Forex “nos tomó por sorpresa” y anunció que la investigación llevará más de un año.

Al movimiento The Rules (Las Reglas del Juego), en cambio, la noticia no lo sorprendió. Ya antes de que estallara el escándalo había iniciado un petitorio al premier David Cameron para que pusiera fin a las excepciones especiales a la Ley de Acceso a la Información de las que goza la City y que le permiten ser “el mayor paraíso fiscal del mundo y foco de todos los demás”.

¿Qué tiene de especial este barrio de Londres que le permite ser el mayor centro de poder económico del mundo décadas después del fin del imperio británico? Por lo pronto, la City comparte con el Dios judeocristiano la característica de que su nombre no es jamás pronunciado. Basta con la mayúscula para distinguirlo de los demás. Una letra grande en la humilde palabra city (ciudad) la transforma en la sede de la banca mundial, la Meca del dinero hacia la que miran todos los financistas del mundo.

Esta milla cuadrada a orillas del Támesis, limitada por lo que hace dos mil años eran las murallas de la ciudad romana de Londinium, es gobernada por la City of London Corporation, un particular municipio todavía dotado de privilegios feudales de autonomía en el que trabajan más de trescientas mil personas en más de catorce mil empresas, pero en el que viven apenas siete mil personas. Predominan los hogares unipersonales, ochenta y seis por ciento de esta población es blanca, sus ingresos son los mayores de Inglaterra y las profesiones mayoritarias son la abogacía y la contabilidad.

Tal vez en ellos pensaba el superintendente detective Des Bray, de la División de Delitos Comerciales y Electrónicos de Australia, quien sostiene que “los abogados ayudan al lavado de dinero”, ya que “hemos identificado la infiltración de criminales en negocios legítimos” en formas “que serían imposible sin la asistencia consciente de abogados, contadores y asesores financieros que los ayudan a lavar y esconder activos”.

Jason Hickel, de la London School of Economics, estima en 900,000 millones de dólares anuales la cifra que “corporaciones multinacionales roban de los países en desarrollo a través de la evasión de impuestos y otras prácticas ilícitas”. Este monto es treinta veces mayor que el estimado por el Banco Mundial que perciben funcionarios de países del Sur por robos y sobornos.

Sin embargo, como polemiza John Cristensen, director de Tax Justice Network (Red de Justicia Fiscal), el Índice de Percepción de la Corrupción que publica año a año Transparency International pinta de rojo a la mayoría de los países africanos pero exonera de toda culpa a notorios paraísos fiscales como Suiza, Singapur, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Hong Kong, Bélgica y la propia City. Esto se debe a que define la corrupción como “el mal uso del poder público para beneficio privado” y, por lo tanto, solo quienes tienen poder público cuentan.

La compra del voto de un parlamentario por parte de una empresa es corrupción en todo el mundo. En la City no. ¿Por qué? Porque por un resabio feudal o anticipo del futuro, el Lord Mayor de la City y sus concejales son elegidos por la gente y por las empresas. Como en la City habitan el doble de empresas que de personas y, además, según su tamaño una empresa puede llegar a tener setenta y nueve votos, el setenta por ciento de los electores son empresas.

Esta plutocracia pasa desapercibida. Que todos se sorprendan cuando algo huele a podrido en una City tan poco transparente demuestra una habilidad que el poeta francés Charles Baudelaire (quien del Mal algo sabía) le atribuía al Diablo, “cuya mayor astucia es persuadirnos de que no existe”.


Publicado: 14 de febrero de 2014 - No. 150 - Año 2014

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