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Los destructores

28 de marzo de 2014 - No. 156 - Año 2014

Héctor Béjar

Si hay algo ridículo son las sanciones de Barack Obama contra funcionarios, bancos y hombres de negocios del gobierno ruso por liderar el retorno de Crimea a su hogar natural: la Federación Rusa.

Están en la lista de Obama y la Unión Europea: Gennady Timchenko, del Gunvor Group, el cuarto grupo petrolero mundial (15,000 millones de dólares según Forbes); Arkady y Boris Rotenberg, del SMP Bank and SGM Group, que proveen servicios de construcción al gigante Gazprom, controlado por el Estado (ganaron 7,000 millones de dólares en contratos para las Olimpiadas de Sochi); el Banco Rossiya, de los altos funcionarios de la Federación Rusa; Sergei Ivanov, jefe del Consejo de Estado; Sergei Naryshkin, presidente de la Duma (parlamento); Vladimir Yakunin, presidente de la Russian Railways, y otros. Todos tendrán sus cuentas bancarias congeladas y les está prohibido negociar con empresas norteamericanas.

Es la parte notable de la burguesía rusa formada alrededor del petróleo y el gas, que opera en coalición con los hombres de la KGB capitaneados por Vladímir Putin. En el socialismo, los burócratas manejaban las empresas. Ahora los protagonistas son empresarios cuyos negocios coinciden con los intereses de la Madre Rusia.

El viceasesor de Seguridad Nacional Benjamin Rhodes y los irascibles senadores estadounidenses John McCain, John Boehner, Harry Reid y Mary Landrieu tienen ahora prohibido el ingreso a Rusia. Es la inmediata respuesta a las sanciones de Obama. “Cada acción de Washington golpeará a Estados Unidos como un bumerán”, ha dicho el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso.

Solícita, la Unión Europea anuncia la congelación de cuentas bancarias y anulación de visas. Los adalides de la propiedad privada quieren confiscar a los rusos y, como pasó con los libios, quedarse con el dinero. Pero no es tan fácil. Dependen del gas ruso. Los empresarios se oponen a las sanciones, empezando por la Volkswagen, que vende automóviles en Rusia, la francesa Societé Générale, que vive de los préstamos a Rusia, y la alemana Wintershall, que negocia con el gas ruso.

Mientras tanto, la semana pasada se cumplieron tres años desde que las potencias occidentales encabezadas por la Francia de Nicolás Sarkozy perpetraron una abusiva intervención armada contra Libia. Hasta el conservador diario El País y el cada vez más derechista Le Monde reconocen que en Libia no hay orden ni democracia.

“Libia es un polvorín sobre un pozo de petróleo”, dice El País. Las bandas se han repartido el territorio empezando por los puertos y se contrabandea miles de barriles de petróleo al día. En tiempos de Muamar el Gadafi la Compañía Nacional Petrolera producía un millón y medio de barriles diarios de petróleo que iban a las industrias de Europa. Ahora se produce doscientos cincuenta mil, según el diario español, y nadie sabe dónde van porque eso depende del jefe de cada banda que se apodera de cada puerto. El primer ministro Alí Zidán ha huído a Europa.

Libia es uno de los centros principales de contrabando de armas y una de las sedes del terrorismo internacional desde la cual se alimenta conflictos en catorce países. Sirte, la tierra de Gadafi, donde se produce el ochenta por ciento del petróleo, es gobernado por Ibrahim Jadran, que acusa a la gente de Trípoli de ser el gobierno más corrupto del mundo. Bengasi y Derna también están en poder de bandas armadas.

Tribus y grupos étnicos negros han sido excluídos del nuevo Estado. Los Tuareg y los Toubou siguen alzados contra el poder neocolonial mientras entre las milicias árabes opera Al Qaeda.

Ni el gobierno de transición sirio, que no transita a ninguna parte ni gobierna nada, ni las Naciones Unidas saben qué hacer. Si destruyeron un país causando miles de muertes ¿quién pagará por ello?

La destrucción de Libia no es la única. Sigue a la de Yugoslavia, Afganistán, Irak. Si hasta el colonialismo del siglo XIX las elites occidentales crearon estados subordinados y artificiales, en el siglo XXI han quebrado a estados ricos como los europeos y están destruyendo a los estados pobres. Son los destructores mundiales.

Héctor Béjar
www.hectorbejar.com


Publicado: 28 de marzo de 2014 - No. 156 - Año 2014

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