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Daniel Kahneman

4 de abril de 2014 - No. 157 - Año 2014

Héctor Béjar

Este mes de marzo fue presentado en el Central Hall de Westminster, Inglaterra, un best seller global: el libro de Daniel Kahneman Thinking Fast and Slow (Pensando rápido y lento. Londres, Penguinbooks, 2012).

Conductista y psicólogo social, Kahneman ganó el Premio Nobel de Economía en 2002. Creó el campo del behaviorismo o conductismo económico y revolucionó la psicología social.

Según él, nuestra razón tiene dispositivos que son independientes de nosotros y nos conducen a grandes y sistemáticos errores. La razón es lo menos razonable que hay. Si queremos hacer mejores decisiones en nuestra vida y sociedad debemos saber que es peligroso confiar en ella. Cuando Kahneman demuestra esta afirmación con multitud de experimentos, derriba uno de los pilares de la civilización occidental y la modernidad: la fe en la razón.

Por otra parte, nuestro sentido del riesgo y del peligro es influido por los acontecimientos que guarda nuestra memoria. Pero nuestras mentes no procesan estadísticamente los incidentes de violencia y peligro como lo haría un sistema computarizado. Hay un desbalance estructural o una brecha entre memoria y conducta. No siempre nuestros actos responden a nuestra experiencia.

La idea de la naturaleza humana con defectos inherentes a su estructura y dinámica es consistente con una visión trágica de la condición humana. La aversión al riesgo, por ejemplo, revela la relación crucial entre economía y psicología. Nuestra naturaleza es ser limitados y cometer errores. Es parte de nuestra contextura de seres humanos que tengamos que vivir defectuosamente, con esa tragedia entre la realidad y el error.

Otra parte del trabajo de Kahneman muestra cuán irracionales podemos ser. La economía está ligada a nuestra psiquis. Demuestra que somos criaturas instintivas y cualquier intento por hacernos actuar racionalmente puede llevarnos al error. Es el azar el que manda.

Los descubrimientos de Kahneman afectan las modernas técnicas de planeamiento tan de moda en estados y empresas. Él muestra que el éxito financiero tiene que ver más con el azar que con la planificación.

La modernidad ya fue criticada por los filósofos; pero la filosofía, al fin y al cabo, es especulación. Lo de Kahneman es un conjunto de comprobaciones respaldadas por multitud de experimentos.

Otra tesis central de Kahneman sostiene que la felicidad es una experiencia real que puede ser medida, estudiada y comprendida. La mejor sociedad no es aquella donde se acumula más bienes y recursos. Es aquella donde hay más felicidad y eso puede ser medido económicamente. Es una manera de entender la economía a la inversa de los economistas. La felicidad no es consecuencia de la economía; por el contrario, la economía debe servir a la felicidad.

Kahneman y Amos Tversky, el psicólogo que colaboró con él, no eran economistas pero entendieron la economía de manera diferente.

El tema de la felicidad no es nuevo. La búsqueda de la felicidad fue introducida como objetivo en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica en 1791 y fue central en el pensamiento de Jeremy Bentham y John Stuart Mill, referentes del pensamiento en el nacimiento de las repúblicas sudamericanas.

A partir de los trabajos de Kahneman, en Gran Bretaña y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ahora se mide la felicidad. El trabajo fue iniciado por Richard Layard, economista británico director del Centro de Performance Económica de la London School of Economics, quien, después de años de estudiar la desigualdad y el desempleo, fue uno de los primeros economistas en estudiarla.

A partir de ese momento, muchas gentes se sintieron autorizadas para perseguir objetivos que estén más allá del bienestar material. En 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los países miembros a medir la felicidad. Desde 2012 se edita el World Hapiness Report (Informe de la felicidad en el mundo), que ofrece puntos de vista renovados en el debate que se ha iniciado sobre las políticas públicas y el desarrollo sostenible a partir del 2015.

Héctor Béjar
www.hectorbejar.com


Publicado: 4 de abril de 2014 - No. 157 - Año 2014

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