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La rivalidad euro-dólar

2 de mayo de 2014 - No. 161 - Año 2014

Ariel Noyola Rodríguez

La crisis de deuda soberana europea iniciada en 2010, que siguió a la crisis de las hipotecas subprime estadounidense de 2007-2008, reveló la fragilidad de los cimientos de la Unión Económica y Monetaria de la Unión Europea, en marcha desde 2002, a través del euro como moneda única de curso legal. Asimismo, el desenvolvimiento desigual de la crisis en ambas regiones pone de manifiesto el carácter jerárquico de la economía mundial y, con ello, las asimetrías de poder entre los Estados capitalistas dominantes: Alemania y Estados Unidos.

Estados Unidos goza de un sistema financiero de mayor resiliencia frente a las turbulencias de la economía mundial. La banca estadounidense reproduce su posición en la cima de la pirámide de los sistemas financieros nacionales concentrando y centralizando capital a través del binomio dólar-Wall Street como mecanismo de dominación financiera. En tanto, la Reserva Federal expandió su base monetaria (dinero depositado en los bancos y en circulación en una economía) en 400 por ciento; el Banco Central Europeo apenas lo hizo en 150 por ciento. Intenta no perjudicar la posición del euro como moneda de reserva. Los programas que ha lanzado incluyen esterilización de liquidez que la Reserva Federal no ha incorporado, es decir, el dinero que ocupa para comprar títulos financieros lo recupera retirándolo de su base monetaria.

Esto permitió a la banca estadounidense recuperarse más rápido que el sistema financiero europeo. Entre 2007 y 2013, el valor de los activos de los diez bancos estadounidenses más grandes aumentó en más de dos billones de dólares; en contraste, los bancos de mayor tamaño de la Unión Europea, hasta junio de 2013, poseían 660 millones de euros menos en activos en comparación con 2009. El sistema financiero europeo, al ser de naturaleza bífida –con bancos muy fuertes como Deutsche Bank, Commerzbank, BNP Paribas; y bancos muy débiles en la periferia–, aumenta el riesgo regional frente a shocks financieros. Por ejemplo, el banco italiano Unitcredit, durante el cuarto trimestre de 2013, sufrió pérdidas por 14,000 millones de euros.

Para mantener la “confianza” en la moneda, la troika europea (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea) hace cumplir el Pacto de Estabilidad y de Crecimiento, que consiste en que los Estados miembros de la Unión Económica y Monetaria no superen el límite de tres por ciento de déficit fiscal y de sesenta por ciento de deuda pública como porcentaje del PIB. Sin embargo, la aplicación de políticas de austeridad derivó en que actualmente haya once países incumpliendo dicho Pacto (Austria, Bélgica, Chipre, Eslovenia, España, Francia, Finlandia, Grecia, Irlanda, Italia y Holanda). En cambio, la deuda pública de Washington (16.7 billones de dólares, más del cien por ciento del PIB) se sostiene a través del dólar, que opera como refugio privilegiado de los capitales de corto plazo del resto del mundo. De hecho, el riesgo del default estadounidense desaparece.

Por otro lado, la Unión Económica y Monetaria se sumerge en un contexto económico signado por la deflación. La inflación, a partir de octubre de 2013, está debajo del uno por ciento: menos de la mitad del objetivo fijado por el Banco Central Europeo, que es de dos por ciento. En enero de 2014 fue de 0.8 por ciento y ha bajado a 0.7 por ciento en febrero. Esto ha puesto en sobrealerta al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien declaró que es posible que la política monetaria sea más expansiva e incluya medidas no convencionales, posiblemente al estilo de la Reserva Federal, aunque aplicadas de manera selectiva a nivel de país. De manera complementaria, luego de reducir la tasa de interés de referencia de 0.5 a 0.25 por ciento en noviembre de 2013, miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo no descartan establecer tasas negativas en los depósitos bancarios para revertir la tendencia depresiva de la economía.

El reciente espaldarazo a una eventual expansión monetaria (Quantitative Easing) europea de parte del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, evidencia la angustia de Berlín de cara a la profundización de la crisis. No es para menos. El agregado monetario M3 del Banco Central Europeo por debajo de cero; la contracción del crédito privado en 2.3 por ciento en términos anuales a diciembre de 2013, la mayor caída en dos décadas; el récord de desempleo de doce por ciento; y el tipo de cambio de 1.4 euros por dólar, amenazan el dinamismo exportador alemán, dependiente en su mayor parte del mercado interno europeo. El Índice de Clima Empresarial, que mide el nivel de confianza de las empresas alemanas, cayó a 110.7 puntos en marzo, la primera caída después de un alza consecutiva de cinco meses.

Finalmente, la cuestión de fondo radica en que la crisis de la periferia europea ha resultado en un efecto bumerán para el euro y Berlín: entre 2011 y 2013 la proporción del euro en las reservas totales de los bancos centrales cayó de 25.1 a 24.2 por ciento. En 2007 Alemania cayó de tercera a cuarta economía en el ranking mundial. En contraste, la hegemonía del dólar permaneció intacta, conservando sesenta y cuatro por ciento del total. Así, Estados Unidos mantiene la supremacía económica global.

Ariel Noyola Rodríguez es miembro del Observatorio Económico de América Latina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


Publicado: 2 de mayo de 2014 - No. 161 - Año 2014

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