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EEUU: la bolsa en auge y la economía estancada

27 de junio de 2014 - No. 169 - Año 2014

Oscar Ugarteche, Ariel Noyola Rodríguez

A partir de la crisis de 2007-2008, un doble rasero ha sido aplicado a la economía de Estados Unidos con resultados a la vista: de un lado está la calle (Main street) estancada y de otro Wall Street en euforia. Los argumentos de los republicanos a favor del “equilibrio fiscal” contrastan con el apoyo irrestricto del Departamento del Tesoro y la Reserva Federal al sector financiero a través de rescates bancarios, inyecciones masivas de liquidez, desgravación fiscal y regulación laxa. Los republicanos han saltado a la yugular del déficit fiscal ajustando salarios y consumo y asistiendo a un proceso de concentración del ingreso inédito, dicen Saez, Piketty y otros.

Existe una falta de impulso de la recuperación que de 2009 a la fecha no remonta. La noticia es que en la segunda revisión del Bureau of Economic Analysis (BEA), el PBI creció no 0.1 por ciento como dijeron en su primera entrega, sino -1.0 por ciento en el primer trimestre de 2014. La explicación es que se observa una baja en inventarios, exportaciones, inversión fija no residencial y residencial y gasto público local y estadual, mientras las importaciones crecen. Esto aumenta deliberadamente los riesgos de nuevas burbujas financieras en Wall Street.

Existe evidencia de que las medidas de inyección de liquidez “no convencionales” poco han contribuido a reducir la deuda de las familias y reactivar el consumo con firmeza. Con menos liquidez, la tasa de inflación es cada vez menor a la esperada por la Reserva Federal. Las deudas promedio de los préstamos hipotecarios, de los estudiantes y de las tarjetas de crédito de los hogares no han mejorado mucho con relación a 2009. A partir del primer trimestre del año en curso, el crédito ha vuelto a aumentar de acuerdo con la Reserva Federal de Nueva York (Véase “Household Debt and Credit Report”), lo cual no se ha reflejado en el aumento PBI. De otro lado, alrededor de diecinueve por ciento del total de propietarios todavía poseen casas con un valor inferior a sus hipotecas (Wall Street Journal, 21 de mayo de 2014), situación que demuestra que los problemas financieros no están resueltos.

En el plano real, Estados Unidos todavía no recupera el nivel de inversión en el PBI previo a la crisis, en la actualidad todavía 3.26 por ciento por debajo del nivel de 2007, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE. Véase “OECD Economic Outlook 2014”).

No obstante, el optimismo del gobierno recuperó brillo cuando la nómina no agrícola registró un aumento de doscientas ochenta y ocho mil personas en el mes de abril, y la tasa de desempleo cayó a 6.3 por ciento. La Reserva Federal habría cumplido finalmente con su meta de 6.5 por ciento de desempleo planteada por Ben Bernanke. Sin embargo, hay que considerar que en 2008 trabajaba el sesenta y cinco por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) y ahora cincuenta y ocho por ciento, porque siete por ciento abandonó la búsqueda por no encontrar nuevos empleos adecuados. La duración promedio del desempleado se ubica en alrededor de nueve meses. De este modo, el desempleo es el 13.5 por ciento de la PEA de 2008, que es lo comparable. Se han generado un promedio de ciento noventa mil empleos en la nómina no agrícola durante los últimos doce meses, lo que es insuficiente tomando en cuenta la dinámica de los jóvenes entrando al mercado laboral a partir de junio, cuando acaban las escuelas, y los tres millones de empleos sin recuperar como consecuencia de la crisis.

Durante su comparecencia ante el Congreso el 7 de mayo, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, justificó un nuevo recorte de 10,000 millones de dólares mensuales al estímulo monetario como efecto de la “mejora del mercado laboral”. Los recortes al estímulo monetario mensual, que llegaron a ser de 85,000 millones de dólares mensuales, se han reducido por cuarta vez en 10,000 millones y ahora suman 45,000 millones de dólares. Lo que salta a la vista es que con esas inyecciones de liquidez la inflación no repunta, ahora estamos viendo cómo de tres por ciento a finales de 2008 hemos pasado a cifras cercanas a 1.5 por ciento con tendencia a la baja en el índice de precios al consumo (IPC). Europa y Japón están bordeando cero.

Las acciones de la Reserva Federal favorecen a Wall Street a costa de Main Street y sin que se vea una mejora real. Desde que se inició el final de los estímulos monetarios el índice de capitalización de la bolsa ha crecido de manera sostenida en lo que es el símil financiero del juego de “Gallina”. El que gana es el último en saltar de un coche en marcha antes de llegar al abismo. Con datos para la economía de Estados Unidos de bajo crecimiento del PBI, tendencias deflacionarias y niveles de empleo bajos en la PEA, el índice Dow Jones compuesto creció veintiuno por ciento en relación a su pico anterior de octubre de 2007. Está en 16,945 puntos al 11 de junio de 2014.

Si la economía norteamericana apenas crece, la pregunta es: ¿De dónde sale dicha capitalización? ¿Es ingreso concentrado del resto del mundo? ¿Es retorno de capitales de otros mercados? Si es como en el 2008, el costo de un pinchazo financiero será una nueva exportación global de la crisis. No hay correlación entre los índices de bolsa y la marcha económica de Estados Unidos y nada que indique una recuperación económica ni una mejora en la tendencia depresiva de los precios, a pesar de los discursos.

Oscar Ugarteche, economista peruano, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM y coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA).

Ariel Noyola Rodríguez, miembro del proyecto OBELA.


Publicado: 27 de junio de 2014 - No. 169 - Año 2014

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