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Dos pueblos, un futuro

15 de agosto de 2014 - No. 176 - Año 2014

Héctor Béjar

El 4 de agosto, el Reino Unido conmemoró los cien años de su entrada en la primera guerra mundial mientras las bombas estallaban en las escuelas de Gaza. Hubo solemnes actos. Una hora de oscuridad en todas las ciudades del Reino, donde los hogares mantuvieron solo velas encendidas entre las diez y las once de la noche, recordando a las víctimas de la guerra.

Dieciséis millones de civiles y soldados perecieron. Seis millones de británicos sirvieron, setecientos sesenta y un mil murieron, más de un millón y medio fueron heridos.

El homenaje a los combatientes fue conmovedor. Pero se ignoró al Mahatma Gandhi, Bertrand Russell, H. G. Wells, Romain Rolland, Thomas Mann, Henri Barbusse, Erich Maria Remarque, aquellos que se negaron a ser antialemanes o antifranceses y reivindicaron, con riesgo de sus vidas y su prestigio, el derecho de los seres humanos a no ser enviados a morir en las trincheras.

Ni una palabra oficial sobre los cientos de miles de indios, senegaleses, vietnamitas y otros colonizados de África y Asia que fueron llevados como esclavos a morir como carne de cañón sin saber ni siquiera dónde estaban.

Nadie mencionó a los fabricantes de armas, bombas y gases letales que ganaron millones con la muerte de millones. La norteamericana Winchester Repeating Arms Co., la fábrica danesa Madsen. Alfred Krupp, el fabricante alemán de la Gran Berta, ¡le puso ese nombre en homenaje a su hija!, al cañón que disparaba proyectiles de una tonelada y que destruyó las fortificaciones de los aliados en la primera batalla de Lieja. Y por supuesto el Instituto para las Obras de Religión del Vaticano, dueño de la Pietro Beretta Ltd., una de las más importantes fábricas de armas ligeras del mundo.

François Hollande insistió en el presunto derecho de los europeos a seguir poniendo su orden en el mundo. David Cameron dijo en una entrevista televisada: “Tenemos a la RAF patrullando sobre el Báltico para detener la agresión rusa, hay amenazas contra Gran Bretaña y los intereses británicos en todas partes del mundo”.

Pero no todo es opción armada entre halcones y palomas.

A propósito de las masacres de Gaza, el movimiento Judíos por la justicia para los palestinos (JFJFP, siglas en inglés, www.jfjfp.org), al que pertenecen o han pertenecido la Facultad por la paz palestino israelí, la organización Otro Israel, Jewish Boat to Gaza (Barco judío a Gaza), sigue diciendo que Israel no habla por todos los judíos. Sigue llamando a todos los judíos a pedir el fin de los ataques a Gaza. “El conflicto de Gaza”, dice, “no es entre estados iguales. Es entre un pueblo ocupado y un estado fuerte que se ha instalado en esas tierras durante cuarenta y siete años, un Estado que reprime las protestas con procedimientos letales, que ha bloqueado y empobrecido Gaza por siete años. Frente a tal opresión no se puede pedir a la gente que no resista”. Llaman a “poner fin al bloqueo, tal como se establece en los términos  acordados en 2012, que Hamas acató e Israel rompió”.

“Nuestra política en relación con el proceso de paz en el Medio Oriente es moralmente indefendible”, ha dicho Sayeeda Warsi, secretaria de Estado de Fe y Comunidades, lideresa conservadora y la única ministra musulmana del gobierno británico, que ha renunciado al gabinete de Cameron. Su renuncia expresa la protesta de los seis millones de ciudadanos británicos que son musulmanes.

Miles de londinenses han manifestado contra la guerra en la plaza de Trafalgar. En Tel Aviv, Gideon Levy, premio de la Unión de Periodistas, sigue opinando contra la guerra y acaba de publicar el libro The Punishment of Gaza (El castigo a Gaza), a pesar de las amenazas de ser enjuiciado como traidor a la patria. El conservador exministro británico de desarrollo internacional Andrew Mitchell ha pedido que se imponga un embargo a las armas de Israel.

No, no solo es una guerra entre israelíes y palestinos. Los días que precedieron a la primera tragedia del siglo XX se repiten en el siglo XXI. Como sucedió en 1914, es una confrontación entre criminales y partidarios de la paz y la justicia.

Héctor Béjar
www.hectorbejar.com


Publicado: 15 de agosto de 2014 - No. 176 - Año 2014

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