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BREXIT, regresamos a Picadilly

1 de julio de 2016 - No. 265 - Año 2016

Oscar Ugarteche

El Brexit es la salida británica de la Unión Europea a donde ingresó en 1973, muy tardíamente, dos décadas después de formada la Comunidad Económica Europea. En Europa, las derechas fascistas han reaccionado positivamente a la salida británica y los partidos fascistas de Francia, Alemania, Holanda y Dinamarca, además de los países centroeuropeos de Hungría y Polonia, quisieran llamar a un referendum para salirse de Europa.

El Brexit es la salida de británica de la Unión Europea a donde ingresó en 1973, muy tardíamente, dos décadas después de formada la Comunidad Económica Europea. En Europa, las derechas fascistas han reaccionado positivamente a la salida británica y los partidos fascistas de Francia, Alemania, Holanda y Dinamarca, además de los países centroeuropeos de Hungría y Polonia, quisieran llamar a un referendum para salirse de Europa.

Según el diario The Independent, el objeto de llamar el referéndum era unificar al pueblo británico en torno al tema de la Unión Europea, asunto que había sido espinoso para los conservadores John Major y Margaret Thatcher. Un ejemplo de esto es la unificación de la derecha británica divida en UKIP y el Partido Conservador con la izquierda Laborista, pensó que el camino era un referéndum donde por dos tercios, como en 1975, se ratificaría la pertenencia. En esa ocasión, votaron el 71% de los 46.1 millones de personas votantes, de estos, el 51.9% votó a favor de separarse de la Unión Europea, cuatro millones más que los que votaron en contra.

Ahora, un terremoto recorre el mundo financiero tras la victoria de los aislacionistas británicos por 51.9% a 48.1%. La pregunta es ¿qué pasó en los cuarenta años entre 1975 y 2015 que terminó en que los mismos Conservadores llamaran a un referéndum? Primero está el desplazamiento de la economía británica. Está en el 39º lugar en términos de PIB per cápita en el 2015, pero en términos del Ingreso Nacional Total subió del sexto al quinto lugar entre 1970 y 2015.

Las políticas de Thatcher que se han generalizado en el mundo, inspiradas en Hayek y la Sociedad de Monte Pelerin. Thatcher abrió la economía a niveles sin precedentes y desindustrializó el país, polarizó los ingresos y aniquiló las ciudades del norte, esto vino acompañado por una política de apertura migratoria para atraer fuerza de trabajo que costara menos.

El resultado tras treinta años es que frente a una economía débil en los tempranos años 70, en la segunda década del siglo XXI, el pueblo británico se siente fuerte, si bien hay un desplazamiento social muy importante. Pero hay una sustantiva mejora del salario real a partir de 1975 pero entre 2009 y 2013 (fecha de la medición fue 2014) hay una reducción de 13.2% para los trabajadores menores de 39 años y de 12.8% para los trabajadores mayores. (UK Wages Over the Past Four Decades – 2014. Office for National Statistics, 3 de julio, 2014).

También se aprecia que los que menos ganan por hora son los mayores que entraron a trabajar en 1975 a los 21 años que ganan 11.03 libras la hora versus los jóvenes que entran a trabajar en 1995 que tras la reducción ganan 12.72 libras la hora. Esto quizás explique en parte la razón del voto mayor contra Europa y del voto joven a favor de Europa. El ajuste económico británico luego del inicio de la crisis en el 2008 ha recaído sobre los asalariados mientras que el sector financiero ha continuado viendo mejoras en sus ingresos

Un segundo factor es el factor migratorio. Gran Bretaña desde los años de Thatcher tuvo una política migratoria agresiva a favor de las ex colonias y en especial de la India. Esto le sirvió para romper los sindicatos fuertes que existían porque a estos les pagaban una fracción que a los trabajadores británicos. La consecuencia fue la desaparición de la clase obrera británica conocida hasta entonces y la aparición de una masa de inmigrantes asiáticos muy grandes como fuerza trabajo no sindicalizada.

Además, Gran Bretaña no es parte del Acuerdo Schengen, razón por la cual los inmigrantes de medio oriente que están inundando a Europa continental no lo están haciendo en la isla en las mismas proporciones. No tienen frontera con ellos, porque Schengen no existe. De este modo, lo que hay en términos migratorios es fruto sobre todo de una política nacional y en el margen producto de la UE.

El tercer factor tiene que ver con las políticas del Banco Central Europeo (BCE) y su impacto sobre la economía británica. Esta es una construcción mediática porque no renunció Gran Bretaña ni al Banco de Inglaterra ni a la Libra Esterlina. En cambio, las regulaciones bancarias europeas sí tendrían que aplicarse, pero eso no es el BCE sino la Comisión Europea en Bruselas.

Una lectura es que los designios del capital financiero internacional están siendo implementados a costa de los salarios y las reglas del juego; y el otro, que el capital financiero internacional pone reglas pero esquiva las que les ponen.

Tras el anuncio el mundo tomó nota que Gran Bretaña, no es evidente cómo se seguirá haciendo comercio, banca, relaciones universitarias, etc. Esto amenaza con detener estos flujos y obliga a que el gobierno británico piense rápido como va a establecer acuerdos internacionales de comercio, transporte, educación, migración, etc para sustituir todos los Acuerdos existentes con la UE, por ejemplo. ¿Los va a sustituir? ¿Copiar y volver a firmar bilateralmente? ¿Va a restablecer aranceles? ¿Quiere Gran Bretaña volver a tener una política industrial?

Tampoco está claro cuál es la voluntad de largo plazo británica ni cómo de inmediato se sustituyen todos los acuerdos internacionales firmados entre la Union Europea y el resto del mundo sobre una multiplicidad de temas y que ahora deben ser revisados por ellos para ver si los hacen firmar bilateralmente o si los desechan.

Mientras tanto, ¿qué va a pasar con la economía británica? Lo único cierto es que las reglas bancarias de la CE no se aplicarán en Londres y eso es bueno para los banqueros y malo para la economía mundial. Las bolsas de valores del mundo han perdido el viernes 24 casi dos trillones de dólares. La bolsa de Londres perdió 125,000 millones de libras equivalentes a quince años de contribuciones británicas a la Unión Europea. La bolsa de Nueva York perdió 600,000 millones de dólares y la de Tokio, otro tanto.

La incertidumbre creada por la salida británica durará mientras no se aclare qué van a hacer para resolver lo que acaba de perder en terremotos de tratados y acuerdos internacionales relacionados al comercio y las finanzas. Londres podría terminar perdiendo su status de capital financiera del mundo.

Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y es coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela).


Publicado: 1 de julio de 2016 - No. 265 - Año 2016

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