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Gran Bretaña ante un futuro incierto

23 de junio de 2017 - No. 313 - Año 2017

Martin Khor

El incendio que arrasó un edificio de apartamentos en Londres no podría haberse producido en un peor momento. Solo unos días antes, el Partido Conservador perdía la mayoría absoluta en el parlamento, lo que lo obligó a negociar una alianza incómoda con un pequeño partido ultraconservador de Irlanda del Norte. Es irónico que unas elecciones convocadas para crear estabilidad y certidumbre hayan tenido el resultado contrario.

No es fácil ciertamente estar al frente del gobierno de Gran Bretaña en este momento. Theresa May puede ser “un cadáver que camina”, como sostienen sus adversários políticos, pero cualquier líder conservador que se haga cargo del gobierno será culpado por el desorden que vendrá.

El desafío inmediato de Gran Bretaña son las negociaciones del Brexit, que debían comenzar esta semana. Dado que los resultados de las elecciones fueron una calamidad, May no está en capacidad de asumir una postura “dura”. Pero también sería políticamente peligroso cambiar a un “Brexit suave”.

Gran Bretaña pretende disfrutar de los beneficios del libre comercio, los servicios y los flujos de capital dentro de la UE, y que se le permita a la vez controlar la inmigración y no someterse a los reglamentos de la UE ni al Tribunal de Justicia Europeo.

Pero la UE impondrá condiciones estrictas y no establecerá un precedente para recompensar a un miembro que se retire.

Bajo un Brexit duro, Gran Bretaña tendría que negociar un acuerdo similar al TLC UE-Canadá. Y gozará de cierto margen en el control de la inmigración, pero a expensas de excluir partes importantes del comercio de bienes (especialmente agricultura) y servicios.

Lo más preocupante para Gran Bretaña son los servicios financieros. Londres es ahora la capital financiera de Europa, pero su estatus estará en peligro si el Brexit restringe el acceso de sus empresas financieras a Europa.

Y si no puede concluirse un TLC dentro del estricto plazo de dos años, Gran Bretaña podría tener que recurrir a la “solución de la OMC”: se enfrentaría a los mismos aranceles que la UE impone a los miembros de la OMC que no tienen TLC con ella. Esto sería una pesadilla para los empresarios, los políticos y los consumidores británicos.

Un “Brexit suave” significaría unirse a la unión aduanera europea o al mercado único europeo.

En la unión aduanera, Gran Bretaña disfrutaría de un comercio libre de aranceles en la mayoría de los productos en los países de la UE y también tendría los mismos aranceles externos que la UE con el resto del mundo. Pero la agricultura estaría excluida y los servicios cubiertos solo parcialmente.

Gran Bretaña tendría que someterse al Tribunal de Justicia Europeo en asuntos relacionados con el comercio y gozaría de un mayor margen para negociar el control de inmigración.

En el mercado único, que tiene muchos defensores, incluso entre los conservadores, Gran Bretaña debería adherirse a las cuatro libertades de comercio, servicios, capitales y circulación de personas dentro de la UE, y aceptar el Tribunal de Justicia Europeo. Y tendría poco margen para negociar el control migratorio.

Si se toma esta opción, quienes votaron a favor del Brexit alegarán que es como permanecer en la UE. Pero si se escoge la opción más difícil, perderá muchas de sus actuales ventajas económicas.

Muchos se están preguntando cómo Gran Bretaña terminó en esta situación. Las próximas elecciones serán emocionantes. Esta es una de las pocas certezas en medio del actual caos.

Martin Khor es director ejecutivo del Centro del Sur, una organización intergubernamental de países en desarrollo, con sede en Ginebra.


Publicado: 23 de junio de 2017 - No. 313 - Año 2017

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