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DIOS PBI

Viernes 18 de noviembre de 2011 - 45 Año 2011

Héctor Béjar

En las salidas a los conos, en el Centro Histórico, Lima se asfixia entre los gases de las combis, el aire contaminado, el olor de las calles orinadas por el submundo que la desigualdad va creando.

El Cusco agoniza víctima de los angurrientos que hacen hollar sus venerables piedras por millones de pies. El Valle Sagrado es víctima de la desordenada urbanización de los millonarios.

El Callejón de Huaylas ya casi no existe por la multiplicación de caseríos sin desagüe. La blanca ciudad arequipeña enferma con el hollín de la chatarra rodante. La verde Cajamarca ya fue, víctima de su mina de oro. Tarapoto e Iquitos no duermen con el rugido incesante de los mototaxis.

Los cerros de Caracas ya no tienen remedio con sus amontonamientos de casuchas. Santiago de Chile y México DF son puro plomo en suspensión. El Alto se come a La Paz. Bogotá ya no tiene adónde extenderse. Buenos Aires se deteriora, envejece.

Los que pueden, se aíslan, gozan su plata rodeados de rejas y guardias privados.

Por todas partes surge una Latinoamérica asfixiante, donde la ley del más fuerte y criminal impera. Las mafias mandan en México, El Salvador, Guatemala, parte de Colombia, parte del Perú, en las favelas, los palacios y las villas miseria. Reemplazan a Estados minusválidos cobrando cupos. Infiltran policías, municipios, ejércitos y parlamentos. El orden, la limpieza y el respeto por el otro, privilegios de minorías, parecen un ideal imposible que las muchedumbres caóticas ignoran o desprecian.

Son los heraldos negros de bárbaros atilas, el capital suelto por el planeta.

Allá por los años setenta, cuando el mundo le rendía culto al Dios PBI, una pareja de científicos, Dennis y Donnella Meadows, escribieron Los límites del crecimiento. Sostenían que el Dios PBI era, en realidad, un monstruo que podía acabar con la raza humana y el planeta entero. Y postularon el “crecimiento cero” o “estado estacionario” armónico, modesto, libre de consumismo. La crisis se podía evitar igualando las tasas de natalidad y mortalidad. En vez de acumular más capital, modernizar el existente.

El trabajo de los Meadows recibió el apoyo del Club de Roma (más de cien científicos de primer nivel en el mundo) y dio origen al paradigma del crecimiento sostenible: justicia entre generaciones, no tenemos derecho a destruir el planeta que habitarán nuestros hijos y nietos.

La estupidez tecnocrática pagada por los saqueadores, tolerada por la ignorancia de multitudes adictas al consumo chatarra y seguida por políticos irresponsables, sigue rindiendo culto al PBI. Y aplaudimos cuando crecemos a más del seis por ciento anual sin darnos cuenta de que eso significa más escoria al borde de nuestros ríos, más huecos en nuestros Andes, más cianuro en nuestras aguas, más heces fecales en nuestros lagos, ríos y mares y, por supuesto, más y más dinero en las cuentas de los grandes, que crecen tanto como la miseria de los pobres.

Porque al final tampoco “chorreaba” de arriba para abajo. En realidad “chorreó” siempre de abajo para arriba.

El calentamiento global es el castigo de la madre naturaleza contra la estupidez humana. Busque el Panorama Ambiental del Banco Mundial para el Perú y lea cómo nos quedaremos sin nevados. No más Pastoruri, no más Huascarán, no más Q’oillur Riti, el culto de Ocongate. Y seremos ciento diez millones en 2100.

En 2007 se planteó que el costo ambiental equivalía a un 3.9 por ciento del PBI. En realidad, del seis y ocho por ciento peruano debemos descontar ese casi cuatro por ciento. El crecimiento es la mitad del que nos dicen si restamos los daños irreversibles: 82,000 millones de soles anuales (Análisis ambiental 2007).

Esto seguirá a no ser que reaccionemos como los indignados de la Puerta del Sol que reclaman empleo digno, los estudiantes de Santiago de Chile y Bogotá que defienden la educación pública, los ocupantes de Wall Street que señalan a los dueños del dinero. Sin enseñar los puños, con alegría, ellos intuyen que otra forma de manejar el mundo es posible. No es que estén siempre contra el sistema. Es el sistema el que está contra la gente.


Publicado: Viernes 18 de noviembre de 2011 - 45 Año 2011

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