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¿Cuánto vale la naturaleza?

Viernes 3 de agosto de 2012 - 77 Año 2012

Sian Sullivan

Es muy tonto matar a la gallina que pone huevos de oro, si uno es su dueño. Aplicando esta lógica al problema de la extinción acelerada de los elefantes africanos, se llegó a proponer que, en vez de prohibir su cacería e ilegalizar el comercio de marfil, la mejor forma de conservar la especie sería adjudicar títulos de propiedad y el derecho a vender los valiosos colmillos en un mercado libre. Se crearía así un estímulo para la conservación de los elefantes por parte de quienes pasarían a tener un interés económico directo y a largo plazo.

Pero ya en 1993 el ecologista australiano Graeme Caughley demostró en un estudio publicado en Conservation Biology que estas reglas económicas llevarían a la eliminación de los elefantes, es decir, la extinción, de este “activo”.

Esto se debe a que las tasas de interés sobre el dinero depositado en los bancos eran mucho más altas que las tasas de reemplazo de las poblaciones aprovechables de elefantes. Dado el alto precio del marfil y la lentitud en la reproducción y el crecimiento de los elefantes, la lógica pura del libre mercado haría más “racional” cazarlos a todos y convertir el activo de los elefantes en depósitos bancarios, que acumularían mayores ingresos que los derivados de la venta de marfil en el futuro.

Sin subsidios gubernamentales para la conservación del elefante, el mercado, en este caso, actuaría como un incentivo perverso, contribuyendo a la destrucción de aquello que se tenía la intención de conservar.

Este ejemplo ilustra por qué hay que tener mucho cuidado a la hora de convertir las especies biológicas y los ecosistemas en bienes de capital que puedan ser libremente negociados en mercados o usados para apalancar operaciones de derivados financieros.

La “economía ambiental” es una disciplina en franca expansión. Liderada por David Pearce, ex asesor de la primera ministra conservadora Margaret Thatcher, promueve la idea de atribuir un valor económico a la protección de la naturaleza (o a los daños causados por su destrucción) para estimular de esa manera decisiones políticas y prácticas empresariales orientadas a la sustentabilidad ambiental.

Diversas iniciativas se han puesto en marcha en este sentido. Durante la Cumbre llamada de “Río+20” sobre desarrollo sustentable en junio de este año se anunció con mucho ruido una “Declaración sobre el Capital Natural” firmada por muchos banqueros, en la que se comprometen a tomar en cuenta el “capital natural” en sus actividades, mientras que el Banco Mundial anunció su iniciativa WAVES, que es la sigla en inglés de Contabilidad y Evaluación de la Riqueza de los Servicios Ecosistémicos. En ambos casos se trata de calcular el valor económico de la naturaleza, o de los “servicios” que esta proporciona -como por ejemplo la absorción de carbón del aire por los árboles en crecimiento- para incorporar esta riqueza actualmente ignorada en los sistemas de cuentas nacionales y en la toma de decisiones públicas y privadas.

Monetizar y contabilizar la naturaleza en términos de “capital natural” y “servicios ambientales” crea oportunidades de negocios. El World Resources Institute (Instituto de Recursos Mundiales) aconseja la monetización de los indicadores de la naturaleza para que “los beneficios de la naturaleza se conviertan en activos creadores de riqueza”. El Banco Mundial sugiere que los pagos futuros por la reducción de emisiones por parte de los bosques pueden ser monetizados y “servir como garantía en préstamos que financien programas de conservación”. En el mundo de los negocios, el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sustentable (WBCSD) sostiene que “las operaciones relacionadas con la sustentabilidad de los recursos naturales pueden llegar en el año 2050 a un valor anual de entre dos y seis billones de dólares”.

La ideología por detrás de esta “economía verde” sostiene que la equidad social y la sustentabilidad ambiental son compatibles con el crecimiento económico y la actividad empresarial. Pero esta confianza en los mercados financieros y su capacidad de autorregularse reposa sobre la misma lógica según la cual la crisis financiera de 2008 jamás debería haber ocurrido. Un error del tamaño de un elefante.

* Profesora titular en el Departamento de Geografía, Estudios de Medio Ambiente y Desarrollo, Birkbeck College, University of London.

Extractos del libro del autor Financialization, biodiversity conservation and equity: Some Currents and Concerns (Financierización, conservación de la biodiversidad y equidad: algunas tendencias y preocupaciones), publicado por Third World Network (TWN) en julio de 2012, cuyo resumen ejecutivo se publica en las páginas centrales de esta edición.


Publicado: Viernes 3 de agosto de 2012 - 77 Año 2012

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