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Problemas económicos en el Sur

30 de agosto de 2013 - No. 129 - Año 2013

Martin Khor

La crisis económica mundial está afectando a numerosos países en desarrollo, en algunos aspectos de manera peor que durante la gran recesión de 2008-2009. Las tasas de crecimiento económico de países importantes como China, India, Brasil y Argentina han bajado.

En las últimas semanas, se devaluaron las monedas de India, Brasil y Sudáfrica. Por sí solo, esto no es necesariamente malo, ya que algunas de estas divisas habían estado sobrevaluadas y una depreciación es buena para la competitividad comercial. Sin embargo, esto también es señal de una desaceleración de la afluencia de capitales extranjeros. Y los países que tienen un déficit en su balanza de cuenta corriente necesitan estos ingresos para cubrirlo.

Estos países se enfrentan a la terrible combinación de un elevado déficit por cuenta corriente, una reversión de los flujos de capital, una moneda a la baja y la perspectiva de un aumento de las tasas de interés.

De un momento a otro, los grandes medios de comunicación dejaron de ocuparse del gran ascenso del Sur y los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). En un giro abrupto, se centran en la declinación de las economías emergentes. Y de la misma manera que exageraron sobre el ascenso, los titulares de prensa exageran ahora sobre la caída esperada.

No obstante, en un hecho que la crisis económica mundial ha aterrizado finalmente en el mundo en desarrollo.

En un documento reciente de South Centre, su economista principal, Yilmaz Akyüz, sostiene que la actual fase de “recuperación” de los países desarrollados les resulta más problemática a los países en desarrollo que la recesión que aquéllos atravesaron en 2008-2009. Esto se debe a que Estados Unidos, Europa y China contrarrestaron esa recesión con una expansión del gasto público, lo que dio un impulso a las exportaciones y al crecimiento de los países del Sur.

Pero desde entonces ha habido un cambio en las políticas económicas, en la medida que los gobiernos occidentales volvieron a la austeridad y a los recortes presupuestarios. Como contrapartida, han dependido excesivamente de la política de dinero fácil. Estados Unidos en particular, inyectó una enorme liquidez en los mercados financieros, con tasas de interés cercanas a cero. El aumento de la liquidez, en lugar de beneficiar a la economía real, se volcó principalmente en préstamos a los inversionistas, que colocaron los fondos en los mercados de valores y en los países en desarrollo, a la búsqueda de rentabilidad.

El documento de investigación de Akyüz (Waving or Drowning: Developing Countries after the Financial Crisis, disponible en www.southcentre.org) destaca los efectos indirectos negativos de estas políticas para los países en desarrollo.

En primer lugar, las políticas de austeridad implicaron la desaceleración de las exportaciones de los países en desarrollo hacia las economías avanzadas, y los precios de los productos básicos comenzaron a bajar.

En segundo lugar, debido a la previsión de que la flexibilización cuantitativa en Estados Unidos disminuirá, los flujos de fondos hacia las economías emergentes se han enlentecido o se han revertido.

En tercer lugar, los buenos efectos de las anteriores políticas anticíclicas aplicadas por los propios países en desarrollo se están desvaneciendo y el espacio para políticas más expansivas es limitado.

Se ha reducido así el crecimiento económico. En 2012, el crecimiento de Asia fue de alrededor de cinco puntos porcentuales por debajo del alcanzado antes del inicio de la crisis y en América Latina se redujo a casi la mitad.

Según el documento de Akyüz, hay una falta de demanda en la economía mundial, y la razón principal es la baja y decreciente participación de los salarios en el ingreso nacional de las principales economías avanzadas. Se necesita una distribución más equitativa de la riqueza para permitir la rápida expansión de la economía a partir del apoyo a los ingresos, en contraposición al gasto familiar impulsado por el endeudamiento.

Pero esto no es lo que está ocurriendo.

En Estados Unidos, la política monetaria ultrafácil, en lugar de lograr un crecimiento sustentable podría degenerar en nuevas burbujas de créditos y activos, y en otro ciclo de auge y caída que sería incluso más perjudicial para el mundo que la crisis actual. Si, por el contrario, no permite que se creen nuevas burbujas, el resultado podría ser un crecimiento lento, un acusado aumento de las tasas de interés y un dólar más fuerte, una combinación que a menudo genera problemas para los países en desarrollo, explica Akyüz.

Mientras tanto, la eurozona parece estar sumida en la debilidad económica por tiempo indeterminado, no pudiendo generar crecimiento para el resto del mundo. Y China, por su parte, enfrentada a una desaceleración de las exportaciones y a la necesidad de pasar a un crecimiento impulsado por el consumo interno, es probable que tenga una desaceleración en el mediano plazo.

Todo esto implica que habrá dificultades económicas para el Sur. Los países en desarrollo probablemente encuentren un entorno económico mundial mucho menos favorable en los próximos años del que tuvieron antes del inicio de la gran recesión de 2008-2009. Y Akyüz concluye: “Los países en desarrollo deben mejorar sus propios fundamentos del crecimiento, reequilibrar las fuentes internas y externas, y reducir la dependencia de los mercados y los capitales extranjeros”.

Martin Khor, fundador de TWN y director ejecutivo de South Centre.


Publicado: 30 de agosto de 2013 - No. 129 - Año 2013

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