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Nueva crisis de la deuda amenaza la estabilidad mundial

14 de octubre de 2016 - No. 281 - Año 2016

Martin Khor

El endeudamiento ha crecido a niveles sin precedentes en todo el mundo y es necesario disminuirlo para evitar otra crisis financiera. La señal de alarma la activó el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reunión anual celebrada en Washington del 7 al 9 de octubre.

El FMI informó que la deuda mundial alcanzó el nivel sin precedentes de 152 billones de dólares y se elevó del 200% del valor del PIB mundial en 2002,al 225% en 2015.

Al sector privado le corresponden dos tercios del total, pero la deuda pública también aumentó rápidamente, y el FMI advirtió sobre el riesgo de otra crisis financiera.

El excesivo endeudamiento privado es un freno importante para la recuperación mundial y un riesgo para la estabilidad financiera. Esto “suele terminar en crisis financieras”, advirtió Vitor Gaspar, director del Departamento de Finanzas Públicas del FMI.

Esta situación se ha debido a las políticas de dinero fácil y de bajos intereses, y en especial a la flexibilización cuantitativa, por la cual los bancos centrales compraron bonos e inyectaron billones de dólares al sistema bancario.

Se esperaba que con esta inyección masiva los bancos aumentaran los préstamos a consumidores y empresas, estimulando el crecimiento económico. Sin embargo, la economía real no se benefició mucho. Por el contrario, la mayor parte del dinero se destinó a los mercados de valores y a las economías en desarrollo, en tanto los inversores buscaron mayores rendimientos, lo que impulsó su endeudamiento.

Los extranjeros poseen ahora un volumen accionario sin precedentes en bonos y acciones en los países en desarrollo, que se han vuelto vulnerables a los fondos y las oscilaciones del estado de ánimo de los inversores.

Cuando el sentimiento o las condiciones del mercado cambian, los ingresos masivos pueden convertirse en egresos igualmente grandes. De hecho, enormes cantidades de capital abandonaron los países en desarrollo en el cuarto trimestre de 2015, y en ese año en su conjunto se registró una salida neta de 656.000 millones de dólares, lo que equivale al 2,7% de su PIB, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Esto fue un gran cambio, considerando que en 2013 hubo un ingreso neto del 1,3% del PIB. Se trata de un giro radical, mucho mayor que los de 1981-1983, 1996-1998 y 2007-2008. Pero en los últimos meses el ciclo volvió a cambiar y los fondos de inversión retornaron a las economías emergentes.

A través de estos ciclos, la deuda de los países en desarrollo ha crecido. “El fácil acceso a créditos baratos en tiempos de bonanza ha conducido a crecientes niveles de endeudamiento en todo el mundo en desarrollo”, dice el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2016 de la UNCTAD.

La deuda externa de los países en desarrollo aumentó de 2,1 billones de dólares en 2000, a 6,8 billones en 2015. El total de la deuda (externa e interna) escaló más de 31 billones de dólares y las proporciones totales de la deuda con respecto al PIB alcanzaron en varios países más del 120% y en algunos incluso más de 200%.

Ahora se vislumbra un escenario de pesadilla. Para numerosos países la tendencia está cambiando y el acceso a créditos baratos ha comenzado a agotarse. “En un contexto de caída de los precios de las materias primas y el debilitamiento del crecimiento en las economías desarrolladas, los costos de los préstamos aumentaron muy aceleradamente, convirtiendo lo que parecía una razonable carga de la deuda en condiciones favorables, en una deuda en gran medida insostenible”, senala el informe de la UNCTAD.

En algunos países, el problema se agrava por la devaluación de la moneda y la caída de los precios de las materias primas, viendose afectados por múltiples reveses: descenso de los ingresos de exportación, salida neta de fondos, devaluación (que provoca un aumento de la deuda externa), mayor costo del servicio de la deuda, y desaceleración económica.

Cada vez más países de bajos ingresos están en una espiral económica descendente que les ha llevado a una nueva crisis de la deuda, viéndose obligados a recurrir al FMI y el Banco Mundial. Esto apunta a un déficit del sistema financiero internacional: la falta de un mecanismo de solución de la deuda ordenado y justo al que puedan recurrir los países que se enfrentan a una crisis de endeudamiento.

Debido a la falta de un mecanismo de este tipo, los países endeudados a menudo se enfrentan a muchos años de austeridad y condiciones recesivas impuestas por los acreedores y los organismos de rescate, y sin ninguna garantía de que su endeudamiento pueda siquiera disminuir.

Con el actual grado de endeudamiento mundial, es el momento de considerar políticas más inteligentes que eviten nuevas crisis de la deuda y las gestionen adecuadamente cuando ocurran.

Martin Khor es director ejecutivo del Centro del Sur.


Publicado: 14 de octubre de 2016 - No. 281 - Año 2016

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