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África resiste amenaza económica europea

Jueves 25 de noviembre de 2010 - Agenda Global Nº 177

Martin Khor

Las economías de África, la región más pobre del mundo, se ven gravemente amenazadas por los Acuerdos de Asociación Económica (EPA, por sus siglas en inglés) que la Unión Europea, la región más rica del mundo, procura que firmen.

Las industrias y operadores de servicios africanos podrían no sobrevivir a la libre competencia de los gigantes bancos y empresas comerciales europeos. Además, si se reducen o eliminan los aranceles agrícolas, los agricultores africanos perderían sus mercados frente a los alimentos europeos importados, artificialmente baratos a raíz de los elevados subsidios que reciben.

Estas preocupaciones fueron expresadas por los ministros de Comercio africanos en la reunión que mantuvieron a principios de este mes en Kigali, la capital de Ruanda, donde adoptaron una declaración sobre los EPA que dejó en claro su oposición al modelo propuesto por la Unión Europea.

En una demostración de unidad regional, la Comisión de la Unión Africana y las comisiones económicas regionales publicaron un documento detallando los numerosos problemas que causarían los EPA. También propusieron diversas formas para sacar a África de sus dificultades, en lugar de firmar el tipo de acuerdos en los que insiste la Unión Europea.

Se espera que algunos presidentes africanos transmitan la preocupación a la cumbre euroafricana que tendrá lugar en Trípoli la próxima semana.

La creciente resistencia africana a los EPA es la etapa final de una larga historia que comenzó cuando Europa decidió poner fin al prolongado acuerdo poscolonial que daba preferencias comerciales a productos provenientes de países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP).

Los países ACP no tenían que dar preferencias a cambio a los productos europeos pero, por el acuerdo de Cotonou, debían firmar EPA con Europa para fines de 2007 si querían seguir disfrutando de esas preferencias comerciales.

A tres años del plazo, pocos países africanos han firmado los EPA, a raíz de los impactos negativos que tendrían. Y la Unión Europea amenazó con eliminar las preferencias a los países que no han firmado.

Estos países se enfrentan al dilema de firmar para mantener sus preferencias y no perder algunas de sus exportaciones a Europa, o resistir por las múltiples consecuencias adversas que tendrían esos acuerdos.

En primer lugar, los países africanos temen que sus industrias y establecimientos agrícolas locales se lesionen porque los EPA les exigen reducir sus aranceles a cero para el ochenta por ciento de sus importaciones de la Unión Europea. Muchos productos locales no sobrevivirían o perderían su cuota en el mercado frente a las importaciones europeas más baratas.

También están en contra de varias otras condiciones comerciales, como la prohibición o restricción a la aplicación de impuestos a las exportaciones.

La mayoría de los países africanos aplican impuestos a las exportaciones de algunas de sus materias primas, para que las industrias locales puedan utilizarlas en procesamiento o manufactura. La prohibición de aplicar impuestos a las exportaciones impediría a los países africanos adoptar medidas para añadir valor a sus materias primas primordiales como forma de escalar la cadena de valor e industrializarse.

La pérdida de derechos de importación e impuestos a las exportaciones también reduciría los ingresos fiscales ya que esos impuestos comerciales constituyen una gran parte de sus ingresos.

En segundo lugar, se pide a los países africanos que abran su sector servicios a las empresas europeas, desde las telecomunicaciones y la venta al público hasta la banca. (En los EPA con los países del Caribe, éstos abrieron hasta el setenta por ciento de su sector servicios.) Sus empresas de servicio más pequeñas serían desplazadas por las grandes firmas europeas.

En tercer lugar, los EPA exigen la liberalización y desregulación de las corrientes financieras, la inversión y las compras del Estado. Esto dificultaría a los países regular las corrientes de capital, lo que, junto con los controles al capital, se reconoce como importantes herramientas de política para enfrentar la actual volatilidad de las corrientes financieras.

La apertura de las compras del sector público a las empresas extranjeras –para que sean tratadas en igualdad de condiciones que las nacionales– afectaría la capacidad de los gobiernos de dar preferencia a las empresas locales o de impulsar la economía nacional.

En cuarto lugar, a los ministros africanos les preocupa que los EPA afecten negativamente el proceso de integración regional de África, ya que el comercio entre los países de la región se desviaría en parte a productos y servicios europeos.

En quinto lugar, los EPA también dificultarían a los países africanos hacer frente a la recesión económica, ya que su balanza comercial con la Unión Europea seguramente se deteriore y se vería afectada su capacidad de regular las corrientes de capital, impulsar la demanda nacional o regional y percibir ingresos a través de impuestos al comercio.

¿Qué hacer, entonces, para evitar esos efectos adversos?

En primer lugar, treinta y cuatro de los cuarenta y siete países africanos involucrados en los EPA están entre los menos adelantados (PMA) y no tienen que firmarlos porque sus preferencias continuarán igualmente bajo un sistema existente denominado “Todo menos armas”. Y en segundo lugar, los trece países que no son PMA pero tienen una situación similar de pobreza y vulnerabilidad pueden pedirle a la Unión Europea que también los integre al sistema “Todo menos armas”, sin tener que darle preferencias a cambio.

Hay posibilidades de que ello ocurra y hay antecedentes. Estados Unidos brinda un sistema de preferencias no recíprocas, la Ley de Crecimiento y Oportunidad en África (AGOA), y la propia Unión Europea otorga preferencias no recíprocas a Moldova y a países de los Balcanes, que están en mejor situación económica que los africanos. En todo caso es necesario encontrar una buena solución porque sería hipócrita que los países europeos se comprometan a ayudar a África para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y, por otro lado, presionen para obtener acuerdos comerciales que dañarían gravemente sus perspectivas económicas.


Publicado: Jueves 25 de noviembre de 2010 - Agenda Global Nº 177

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