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Libia capítulo dos

Viernes 1 de febrero de 2013 - No. 99 - Año 2013

Héctor Béjar

Un millón de kilómetros cuadrados desérticos, un suelo de oro, petróleo, fosfatos, uranio, yacimientos de hidrógeno únicos en el mundo, justo aquello que las centrales atómicas francesas necesitan, eso es Mali. Pero catorce millones de hambrientos circulan sobre ese desierto.

Es independiente en términos europeos, es decir una neocolonia de Francia, desde setiembre de 1960. Viene del Imperio Mali fundado por Soundiata Keïta en el siglo XIII.

Así como el liberal mafioso de Sarkozy salvó a Libia del diablo Gadafi con la ayuda de los islamistas, ahora los socialistas colonialistas de Hollande quieren salvar a Mali, así no quiera, de los diablos islamistas que los ayudaron en Libia. Siguen siendo aprendices de brujo.

El 30 de marzo de 2012, los tuaregs rebeldes y el AQMI (Al Qaeda del Magreb Islámico) tomaron las capitales de las tres regiones del norte: Kidal, Gao y Tombuctú. El 1 de abril, un golpe de Estado militar en Bamako, la capital, derrocó al presidente Amadu Toumani Touré por debilidad ante la rebelión. El 13 de abril, Dioncounda Traoré, investido presidente, predicó la guerra total contra tuaregs e islamistas. El 27 de junio, el musulmán AQMI aplastó a los tuaregs del MNLA y los expulsó de Tombuctú. El 28 de junio, como cuando los fanáticos españoles destruían las obras de arte precolombinas o los soldados norteamericanos terminaban con Bagdad y Babilonia, los islamistas emprendieron la destrucción de los mausoleos de santos musulmanes de Tombuctú, fundada por los tuaregs entre los siglos XI y XII. Tombuctú fue puerto terrestre de caravanas y un centro intelectual del Islam.

El 12 de octubre, la ONU ordenó desplegar una fuerza militar. El 11 de noviembre, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental y otros países africanos enviaron tres mil trescientos militares. El 20 de diciembre, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el despliegue de una fuerza internacional. El 10 de enero de 2013, los islamistas se adueñaron de Konna. El 11 de enero, los Mirage y helicópteros de combate de Francia bombardearon las columnas de combatientes que avanzaban hacia el sur.

A los cinco días de los bombardeos, cuarenta yihadistas de Al Qaeda tomaron el complejo de gas de Amenas en Argelia para que los franceses dejen de bombardear a los musulmanes en Mali. El 20 de enero, Mourad Medelci, ministro argelino de Asuntos Exteriores, aseguró que la operación de rescate de rehenes “se llevó a cabo con el menor daño posible”: ¡apenas treinta y dos secuestradores y veintitrés rehenes muertos! Nadie se atrevió a criticar la operación.

Todo el mundo calla aceptando, como en el siglo XIX, que “Mali es de Francia”.

Sarkozy aportó ayuda, asistencia y armas a los islamistas en Libia, las mismas armas que hoy se utilizan para luchar contra los franceses. Los norteamericanos se valen de los islamistas contra Assad en Siria.

Dominique de Villepin, el ex ministro de Asuntos Exteriores que en febrero de 2003 dijo no a la guerra en Irak, declaró en el Journal du Dimanche reproducido por Le Monde: “¿Cómo ha podido ganar de esta manera el virus neoconservador todos los espíritus? Unanimidad de los belicistas, aparente precipitación, los ya vistos argumentos de la guerra contra el terrorismo. En Mali no se reúnen ninguna de las condiciones del éxito”.

Jean-François Chalot, un cura de izquierda, ha dicho: “Están todos ahí, bien erguidos sobre sus botas, para apoyar la intervención. Están bien alineados: el Partido Socialista, las dos facciones de la UMP de Sarkozy y el FN de Le Pen. Aquí no hay trabas presupuestarias que valgan. El interés superior de los capitalistas prima. Es la vuelta de la santa Francia-África que ayer denunciaba una izquierda en la oposición y que hoy acepta una izquierda liberal en el poder. Solo falta la Iglesia para bendecir los bombarderos. Es como en 1914, ¡vivan los comerciantes de cañones! La lucha contra el islamismo radical no es sino un engaño. Aquí en Mali el imperialismo lucha contra el islamismo mientras que allí, justo al lado, en Libia, el mismo imperialismo le ayuda a acceder al poder.


Publicado: Viernes 1 de febrero de 2013 - No. 99 - Año 2013

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