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América Latina: El fin del boom

16 de mayo de 2014 - No. 163 - Año 2014

Carlos Bedoya

La paradoja de un mundo con países ricos en crisis y economías emergentes y en desarrollo creciendo está llegando a su fin. Mientras Estados Unidos y Europa empiezan a recuperarse, América Latina enfrentará la caída de los precios de las materias primas, la disminución de la inversión y la salida de capitales de corto plazo.

Los cambios en la política monetaria norteamericana, el retiro de los incentivos al sector financiero por parte de la banca central más importante del mundo (tapering), junto con el aterrizaje -no sabemos si más fuerte de lo que parece- de la economía china, están directamente relacionados con la tendencia de la caída de los precios de los metales, la subida del dólar y el inminente regreso de los capitales al Norte global.

En ese contexto, se presentan enormes retos, para empezar, en las cuentas externas y luego, en las fiscales de los países en desarrollo como el Perú, que han crecido a buen ritmo durante una década.

Pese a que los mercados de destino de las exportaciones no tradicionales, como frutas y hortalizas, que llegan a las economías avanzadas, se van a expandir, el impacto de la caída de los precios de los commodities va a pesar en América Latina.

Habla el FMI

Al menos así lo reconoce el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), que antes del inicio de sus reuniones de primavera junto al Banco Mundial, presentó su Panorama de la Economía Mundial 2014.

Allí, el FMI bajó su previsión de crecimiento para América Latina durante este año y subió sus expectativas para países como Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos. Además, este peso pesado de las instituciones multilaterales fue claro en decir que en el 2015 bajarán los precios de las materias primas en general. Es decir, estamos asistiendo a tres años seguidos de corrección a la baja de los precios de los metales.

La propia directora gerente del FMI, Christine Lagarde, señaló que las economías emergentes como las de América Latina deberán ajustarse bien por el lado macroeconómico para enfrentar la volatilidad del mercado. O sea, se acabó la fiesta del consumo.

Norte y Sur en crisis

En cambio, a los países ricos, Lagarde les pidió que pongan atención al ritmo con el que normalizan su política monetaria. Mejor dicho, que miren el espejo retrovisor a la hora de dar el frenazo de su política expansiva, para evitar que los países emergentes se den en las narices.

Ahora bien, no es que los países ricos van a tener una excelente situación económica, muchos de ellos ni siquiera muy buena. Lo que vamos a ver es un Norte y un Sur en crisis, pero el primero saliendo y el segundo entrando en ella. No es lo mismo tener treinta y ocho grados de fiebre bajando que subiendo de temperatura.

Este nuevo escenario, que de todas maneras tendrá que tomarse en cuenta en la revisión del Marco Macroeconómico Multianual peruano, lo cambia todo. En especial porque la apuesta de los tigres del Ministerio de Economía y Finanzas para enfrentarse a las vacas flacas es, simplemente, promover más proyectos mineros.

Esto es pésimo, pues debido al nuevo contexto, es posible que las trasnacionales en el sector de la gran minería peruana dejen de lado proyectos que eran la esperanza del Ministerio de Economía y Finanzas. No por gusto la minera Anglo American evalúa dejar Michiquillay (al ladito de Conga), alegando que los precios del cobre y las perspectivas de China, uno de los principales compradores del mineral rojo, ponen en cuestión la rentabilidad de dicho proyecto.

No olvidemos que el boom de los metales de los últimos diez años hizo que proyectos mineros que no eran rentables por su difícil y costosa operación, se volvieran apetecibles. Ese boom está llegando a su fin, y no solo en el tema minero sino también con otros commodities. Veremos qué pasa, por ejemplo, con la soya argentina y brasileña ahora que la economía china se ralentiza.

Sin duda, los países latinoamericanos que crecieron una década a altas tasas, acumularon reservas internacionales y generaron superávits fiscales, todo basado en los buenos precios internacionales, ahora van a tener que ponerse a pensar en cómo hacer para diversificar su producción y relanzar sus economías.

Peras al olmo

En especial, países como el Perú, líder del crecimiento basado en la exportación de materias primas como motor de la economía, tan dependientes de los capitales de corto plazo y de la inversión extranjera directa, tendrán que innovar.

Pero eso es pedirle peras al olmo. En el Perú se sigue rezando para que la plata caiga del cielo, como hasta hace poco, y sin hacer mucho esfuerzo, más que firmar acuerdos comerciales, flexibilizar más el mercado laboral y darle más protección a las inversiones. Se aplaude a la economía del crecimiento alto, los salarios bajos, los pésimos servicios públicos y el fanatismo a las importaciones.

Las reformas estructurales que el FMI pide profundizar para las economías latinoamericanas en esta coyuntura es más de lo mismo. Es la misma receta de ajuste y liberalización de la economía, tanto en tiempos de bonanza como de declive.

Si se le hace caso, se tiene el aplauso garantizado del FMI y sus ayayeros. Claro, hasta que venga un batacazo como en la Argentina del 2001, o incluso como en los propios países europeos que se entregaron más a la recesión aplicando las famosas políticas de austeridad del FMI en los últimos años. En esto los fondomonetaristas se hacen los locos.

Mientras tanto, en el Perú basta echar una mirada a la balanza de pagos y a la morosidad en el sistema financiero para preocuparse un poco, y matizar eso de que la economía peruana seguirá siendo líder del crecimiento regional debido al consumo interno, como afirma el FMI. En todo caso, lo peor que se puede hacer en la actual coyuntura es quedarse quieto.

Propuesta de agenda

Políticas productivas, desarrollo de la petroquímica, fortalecimiento de las actividades estratégicas, infraestructura para reducir los costos de producción y exportación, inversión en serio, en la educación y la calificación laboral, financiamiento barato para las empresas especialmente locales, generación de cadenas de valor, impulso de la demanda vía aumento de salarios y pensiones, lucha contra la elusión fiscal de las transnacionales son temas que deben estar en el primer punto de la agenda. De lo contrario, solo es cuestión de tiempo para pasar del “boom al bust (quiebra)”, de la bonanza a la crisis, otra vez.

Carlos Bedoya  es miembro de la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd).


Publicado: 16 de mayo de 2014 - No. 163 - Año 2014

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