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Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático

25 de julio de 2014 - No. 173 - Año 2014

Antonio Zambrano Allende

“Cambiemos el sistema, no el clima” es la consigna que nos llega de distintos rincones del planeta. La Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático, que tendrá lugar en diciembre en Lima en forma paralela a la COP 20, desea articular a las organizaciones sociales en una discusión amplia que brinde una real dimensión de lo que hoy significa el fenómeno para nuestras sociedades.

El año 2008 el mundo entró en una crisis financiera de grandes proporciones de la que aún no se ha logrado escapar. La razón, entre varias otras, es el descomunal apetito del sistema capitalista por generar ganancias a pesar de las reglas y límites lógicos que pueda tener la actividad económica y comercial frente a la vida en el planeta.

Sin embargo, en el plano ambiental, la crisis empezó mucho tiempo antes, quizá por los lejanos años setenta con las primeras alarmas de los ambientalistas organizados que fueron tomadas en serio alrededor del año 1990, cuando ya se intentaban establecer los límites a las emisiones de gases de efecto invernadero en las Naciones Unidas. Eso se puede discutir, a pesar de que queda claro que la misma Revolución Industrial, el sistema económico y comercial y las cíclicas crisis productivas que ha traído los últimos trescientos años al mundo entero han facilitado la depredación a gran escala que empieza a visibilizarse apenas hoy por sus consecuencias irrefutables.

Sin embargo cada una de las crisis que se vive actualmente en el mundo tiene sectores afectados y beneficiados. Tanto la crisis alimentaria, climática, financiera y productiva presenta alternativas igualmente diferentes de solución para el gran capital, todas ellas con la intención de elevar las ganancias a corto plazo bajo la sombra del lucro, pues ven en ellas una oportunidad, al igual que los que la ven en las guerras sin pensar en quienes sean las víctimas.

He allí los Mecanismos de Desarrollo Limpio o los Mecanismos REDD+, que lejos de ponerse como meta solucionar el problema, plantean extraer dinero de lo que han venido por denominar “servicios ambientales”, eufemismo que pretende integrar a la naturaleza sin trabajo humano incorporado dentro de los mercados financieros.

En el caso peruano

Esa misma línea parece ser la que persigue el gobierno peruano, que alguna vez se pusiera el membrete del “El gran cambio”. Ahora, con sus paquetes normativos de las últimas semanas, pretende maximizar la renta de las industrias extractivas en detrimento de la poquísima estructura del Estado que aún defiende los intereses de sus pueblos. La reducción del tiempo de aprobación de los Estudios de Impacto Ambiental, la supresión de la capacidad punitiva del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), la imposibilidad de definir las zonas de protección por parte del Ministerio del Ambiente e incluso la incapacidad de zonificar espacios de exclusión de actividades productivas por parte de órganos o instrumentos especializados es, sin lugar a duda, el asalto del gran capital contra una racionalidad que nos demuestra con las peores cifras que lo político siempre estará por encima de la ilusión esa que nos plantea que existen decisiones puramente técnicas. Lo más bajo de la política está ganando una batalla más contra las evidencias científicas.

Importantes organizaciones del mundo vienen diciendo que seremos uno de los países más afectados por el fenómeno del cambio climático en el planeta. Y en lugar de fortificarnos ante el enemigo decidimos tirar los muros abajo y desnudarnos para que unas pocas empresas se beneficien construyendo sobre nuestros territorios muertos. Así el presidente Ollanta Humala está construyendo una crisis de grandes proporciones, ladrillo a ladrillo y sin detenerse, para que en un futuro próximo otros tengan que enfrentarla sin posibilidades de victoria.

Y en medio de todo esto es que del 1 al 12 de diciembre de este año se llevará a cabo en Lima el evento político más grande de nuestra historia: la 20ª Conferencia de las Partes (COP 20) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que convocará a ciento noventa y cinco países del mundo para discutir lo que podría convertirse en el acuerdo más importante que haya tomado la humanidad para hacer frente a este fenómeno. Sin embargo, dudamos que el Estado peruano como anfitrión y presidente de este encuentro esté a la altura del reto, más allá de promocionar paquetes turísticos y ganar algunos centavos de cooperación que mostrar junto a las fotos.

La Cumbre

En este contexto es que se apela a la discusión más elemental de sociedad en la que vivimos. Es decir, darle contenido a la democracia haciendo un llamado a la discusión del futuro que queremos en base a las sociedades en las que vivirán nuestros hijos.

La Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático desea articular en una discusión amplia a las organizaciones sociales, movimientos ambientales, espacios políticos, pueblos indígenas, gremios, sindicatos, iglesias y expresiones sociales vivas en coordinaciones que ya se vienen haciendo desde que nos enteramos del reto que tenemos como país y como actores sociales. Pero una discusión que no quede limitada en la generación o captura de gases de efecto invernadero, sino que brinde una real dimensión de lo que hoy significa el cambio climático para nuestras sociedades.

Es la lucha por la construcción social del territorio, como dimensión real del cambio climático, la que implica entender el fenómeno antropogénico devenido de los orígenes del capitalismo, como la intervención del mercado sobre la tierra en la que los hombres han edificado sus sociedades y contextualizarla en un espacio local y global que hay que defender frente a los intereses del mercado.

En ese sentido, es preciso comprender que los gases no tienen intereses, ni se han emitido por sí mismos, sino que son los seres humanos -y en particular las grandes corporaciones- quienes los emiten en una proporción muchísimo mayor de la que cualquier sociedad podría hacerlo en el abastecimiento de sus necesidades reales de bienestar.

No es gratuito que el día de hoy gran parte de los denominados conflictos en el Perú sean desarrollados por la “iniciativa privada” y que constituyan largamente más del cincuenta por ciento de los conflictos socioambientales reportados por la Defensoría del Pueblo mes a mes y que involucran contaminación, enfermedad, perdidas de bosques, áreas cultivables, imposición de propiedad privada monopólica frente a la propiedad comunal. Esto constituye literalmente que esta inversión “invierte”, o mejor dicho “pone de cabeza”, las lógicas habituales en las que la sociedad peruana ha construido su cultura, tradiciones, economía, religión e incluso su política. Todos estos elementos a los que parecemos referirnos exclusivamente cuando levantamos una copa de pisco o balanceamos por el aire algún orgulloso plato de ceviche como fetiches de un país al que no queremos ver a los ojos.

“Cambiemos el Sistema, no el Clima”, es la consigna que nos llega desde distintos rincones del planeta por cientos de millones de personas articuladas en diversas organizaciones que luchan contra estos problemas, y hoy, como buenos anfitriones, estamos dispuestos a escuchar lo que dicen.

Lo que se viene

La Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático, que se llevará a cabo del 9 al 12 de diciembre en el corazón de la capital peruana, pretende visibilizar la presencia de las naciones del mundo y permitir el ingreso, el diálogo y el debate fraterno, el intercambio y la presentación de alternativas y propuestas frente al cambio climático.

Pretendemos tirar abajo el velo de hermetismo e impermeabilidad que tienen los debates políticos sobre el clima, que muchas veces pretende ampararse en el cientifismo para eliminar la democracia. Sin embargo, es fundamental conocer que la COP 20 es un espacio de negociación política entre funcionarios y gobiernos, no entre científicos, que apenas se encontrarán presentes en calidad de consultores.

En este gran esfuerzo que implica construir un espacio de unidad en nuestro país, estamos tendiendo puentes y espacios de diálogo con decenas de organizaciones entre las que se cuentan centrales sindicales como la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), la Central Unitaria de trabajadores (CUT), la Confederación Autónoma de Trabajadores (CAT), organizaciones indígenas representadas en el Pacto de Unidad, como la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (FENMUCARINAP), la Confederación Nacional Agraria (CNA) y la Confederación Campesina del Perú (CCP), que son, al mismo tiempo, las representantes en el Perú de la Vía Campesina, espacio que engloba al movimiento mundial de trabajadores del campo. Así mismo se encuentran la Marcha Mundial de Mujeres, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI) y el mismo Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC) del que hago parte. Entre todos buscamos articular en un solo momento político la Cumbre de los Pueblos frente al Cambio Climático, la Cumbre Indígena y/o los debates del Grupo Perú COP 20.

Se empieza a construir en el país una telaraña comunitaria, frágil y endeble pero amplia y con perspectivas estratégicas de crecimiento en las bases de todo el territorio. Y empieza también un diálogo franco, transparente y abierto con las organizaciones en otras partes de nuestra patria grande latinoamericana para cruzar sus fronteras hacia los cinco continentes, prometiendo un diciembre en donde todas las sangres y todas nuestras luchas históricas por la defensa de nuestros territorios no pasarán desapercibidas.

Antonio Zambrano Allende, miembro del Comité de Coordinación Nacional del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC).

Si desea contactarse con los organizadores de la Cumbre de los Pueblos escribir a: cumbredelospuebloscop20@gmail.com


Publicado: 25 de julio de 2014 - No. 173 - Año 2014

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