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Grecia: ¿crisis u oportunidad?

6 de febrero de 2015 - No. 195 - Año 2015

Martin Khor

La semana pasada hubo un terremoto político cuando Syriza ganó las elecciones en Grecia. El nuevo gobierno parece preparado para hacer frente a la troika de sus principales acreedores: la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo.

Algunos líderes europeos han pedido al gobierno griego que se atenga a las obligaciones vinculadas a los préstamos de rescate. Pero el nuevo primer ministro, Alexis Tsipras, designó como ministros a destacados críticos de las medidas de austeridad impuestas por los acreedores y anunció su intención de renegociar las condiciones de los préstamos de rescate y buscar una mitigación de la deuda.

Las grandes batallas que se avecinan tienen gran importancia para toda Europa. Se ha llegado a un punto crucial de la confrontación de ideas que ha tenido lugar desde el inicio de la crisis financiera mundial en 2008, en torno a cómo los países que enfrentan endeudamiento y recesión deben salir de su difícil situación.

Por un lado están los que sostienen que, para reanudar el crecimiento, la deuda y el déficit deben enfrentarse mediante la reducción del gasto público y la canalización del dinero ahorrado en el cumplimiento de las obligaciones anteriores y nuevas. Por el otro, los que consideran contraproducente esta estrategia de austeridad, ya que la reducción del gasto acentuará la recesión y el desempleo, dejando sin resolver el problema de la deuda.

En los últimos años, Grecia ha recibido 240.000 millones de euros en préstamos de rescate con condiciones muy estrictas de austeridad, con el supuesto de que su economía mejoraría. Pero ocurrió todo lo contrario. El desempleo se ha disparado hasta el 26 por ciento, con un desempleo juvenil superior al 50 por ciento; el PIB está un 26 por ciento por debajo del nivel máximo previo a la crisis y la deuda pública ha escalado a 175 por ciento del PIB.

La reducción del gasto público llevó a la caída de los ingresos de una gran parte de la población griega. Este colapso económico y social, sumado a la pérdida de esperanzas, desembocó en la derrota electoral de los partidos tradicionales y el triunfo de Syriza.

La plataforma política del nuevo gobierno cuenta con el respaldo de algunos destacados economistas.

Según el premio Nobel de Economía estadounidense Paul Krugman, Grecia ha tenido un superávit primario desde 2013 y, de conformidad con el acuerdo con la troika, se supone que debe tener un superávit primario de 4,5 por ciento del Producto Nacional Bruto (PNB) y usarlo para pagar a sus acreedores en los próximos años, pero el nuevo gobierno quiere utilizar al menos algunos de los excedentes para el gasto público. Se estima que éste es uno de los meollos de la discordia con la troika.

Una distensión de la austeridad y del gasto adicional significaría una economía más fuerte con mayores ingresos del gobierno, lo que implicaría que el superávit primario no caería tanto. Krugman estima que agregar 1.000 millones de euros para el gasto debería generar  500 millones de euros en ingresos, reduciendo el superávit primario en solo 500 millones de euros.

Si se elimina el requisito de que Grecia tenga un superávit primario del cuatro por ciento del PIB, el gasto podría aumentar un nueve por ciento del PIB. Con esto, el PIB aumentaría en un 12 por ciento con respecto al que hubiera tenido en otras condiciones, en tanto el desempleo se reduciría en unos 10 puntos porcentuales. Pero si de manera más realista, el requisito de superávit no se cancelara sino que solo se distendiera, Krugman sostiene que esto igualmente tendría importantes efectos positivos en el bienestar de la población griega.

El nuevo gobierno griego también librará otra dura batalla: lograr una mitigación de la deuda o la amortización de una parte de la misma. Los acreedores seguramente opondrán una feroz resistencia. Pero esta posición del gobierno de Tsipras está recibiendo un gran respaldo de quienes se dan cuenta de que Grecia nunca podrá pagar la totalidad de su deuda y una pronta mitigación resultará más beneficiosa que prolongar y agravar la crisis con la concesión de nuevos préstamos de rescate para pagar los viejos.

Las alternativas a una distensión de la austeridad y una mitigación de la deuda griega son la continuación del status quo o un default de la deuda, seguido de una caótica reestructuración unilateral y una posible salida del euro.

La situación de Grecia deja nuevamente en evidencia la necesidad de un mecanismo internacional de solución de las deudas soberanas, al cual un país con una severa crisis de endeudamiento pueda recurrir para una renegociación ordenada y justa con sus acreedores.

Las próximas semanas serán cruciales para Grecia, pero también para Europa y para el mundo. Por otra parte, la evolución -y eventual resolución- de la crisis griega dejará muchas lecciones importantes para otros países. En primer lugar, cómo no entrar en tal situación de endeudamiento y cómo salir de ella, con menos sufrimiento o al menos sin un sufrimiento insoportable.

Martin Khor es Director ejecutivo del Centro del Sur.


Publicado: 6 de febrero de 2015 - No. 195 - Año 2015

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