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En la calle, codo a codo

Jueves 17 de marzo, 2011 - 10 Año 2011

Roberto Bissio

Para miles, quizás millones de personas en todo el mundo, el fin de semana pasado fue una excelente oportunidad para… manifestar.

En Stuttgart, la protesta del sábado para oponerse a la decisión del gobierno alemán de prorrogar la vida de las plantas nucleares venía siendo programada hacía meses. La explosión de las centrales atómicas japonesas le dio un inesperado ímpetu a la demanda y más de sesenta mil manifestantes formaron una cadena humana desde Stuttgart hasta la usina nuclear de Neckarwestheim. Al final del día, la cancillera Angela Merkel dijo que “Alemania no puede hacer de cuenta que nada ha pasado” y ordenó inspecciones de seguridad en las diecisiete plantas atómicas del país.

El rey de Bahrein Hamad Ben Issa Al-Khalifa también reaccionó, el domingo, a los miles de manifestantes que bloquearon varios días el centro financiero de Manama y encomendó a su hijo Salmán que iniciara un “diálogo nacional” con la oposición para “abrir la vía a reformas políticas”. La oposición podría llegar a aceptar una monarquía constitucional, pero exige la renuncia del gabinete como condición previa a cualquier negociación. Al parecer, la vía que sí resultó abierta fue la del puente que une al reino con Arabia Saudita y un primer contingente de un millar de efectivos sauditas habría ingresado al país para ayudar a “mantener el orden”, bajo la bandera del Consejo de Cooperación del Golfo, la unión de las monarquías petroleras de la región, todas ellas aliadas a Estados Unidos, que tiene en Bahrein la sede de su Quinta Flota.

La monarquía saudita, por su parte, también estuvo ocupada en reprimir en su capital, Riyad, el primer “día de cólera” convocado vía Facebook y Twitter. Los manifestantes no fueron miles sino cientos, pero entre ellos había mujeres. Un dato muy significativo para un país donde no son ciudadanas y no pueden siquiera conducir vehículos. El reclamo no era de grandes reformas democráticas, sino que se pedía la libertad de nueve detenidos por haberlas reclamado. Todas las avenidas que conducen a la zona fueron bloqueadas, no hubo prensa internacional que atestiguara lo que pasó y se escucharon tiros. Estados Unidos pidió “respetar la libertad de expresión”, a pesar de que ésta no está consagrada en ningún texto legal y el último informe del Departamento de Estado sobre derechos humanos señala que no existe en el reino saudita “el derecho a cambiar pacíficamente el gobierno”.

En Casablanca, Marruecos, los manifestantes también fueron reprimidos el domingo. Un periodista vio “decenas de heridos” y otro colega testimonia “cuatro miembros de las fuerzas de seguridad lastimados”. Los manifestantes pertenecían al movimiento islámico Justicia y Bienestar, pero al huir se refugiaron en la sede del opositor Partido Socialista Unificado. Para aplacar las protestas que unen a toda la oposición, el rey Mohamed VI anunció una reforma constitucional con “separación de poderes”, incluyendo “una justicia independiente”, un Poder Ejecutivo a cargo de “un primer ministro plenamente responsable” en un marco de “garantía de las libertades” y “moralización de la vida pública”.

Con similares palabras, Ali Abdullah Saleh, presidente del Yémen, prometió el jueves 10 de marzo un referéndum antes del fin de 2011 sobre una nueva constitución “que estipule claramente la separación de poderes”. Demasiado tarde, respondió la oposición, que exige su renuncia inmediata, después de treinta y dos años en el poder. Cinco muertos, entre ellos un niño de doce años, fue el saldo de las protestas del domingo 13. Los médicos que atendieron a manifestantes con convulsiones denunciaron el uso de gases tóxicos. El jefe de policía respondió que sólo utilizaban gas lacrimógeno “suministrado por países exportadores que respetan los derechos humanos”.

Mientras tanto, en Beirut, decenas de miles de libaneses también salieron a las calles, pero no para protestar contra el gobierno, sino para expresar su disconformidad contra el partido Hezbollah, que al retirar su apoyo al primer ministro Saad Hariri generó una crisis constitucional. Hezbollah, el partido de los chiítas del sur del país mantiene una milicia tal vez más poderosa y organizada que el ejército nacional a la que justifica por la necesidad de resistir las agresiones de Israel. Las fuerzas democráticas libanesas sostienen que la presión de estas armas se ha usado para hacer caer el gobierno de Saad Hariri cuando éste se disponía a iniciar el juicio contra los asesinos de su padre, que serían precisamente miembros de Hezbollah y de los servicios secretos sirios.

Mientras tanto, dirigiéndose a una multitud de ciento cincuenta mil personas, Phil Neuenfeldt, presidente de la central sindical AFL-CIO, dijo el domingo 13: “Miren alrededor. Estamos ganando. Una batalla no es la guerra”. Se refería a la batalla perdida por los sindicatos de los funcionarios públicos de Wisconsin, Estados Unidos, privados de todo derecho a la negociación colectiva por una ley firmada el viernes por el gobernador republicano Scott Walker. Tras la mayor movilización en la historia del estado, la meta es ahora revocar el mandato de ocho senadores republicanos y, tal vez, del propio gobernador.

Ninguna de estas manifestaciones llegó a las grandes cadenas de la televisión global, preocupadas únicamente por la tragedia de Japón y la guerra civil en Libia.


Publicado: Jueves 17 de marzo, 2011 - 10 Año 2011

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