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Wall Street y la nueva burbuja financiera

Viernes 22 de marzo de 2013 - No. 106 - Año 2013

Oscar Ugarteche, Ariel Noyola Rodríguez

En las últimas semanas se han venido observando auges en las principales bolsas de valores del mundo producto de las políticas monetarias de expansión emprendidas por los principales bancos centrales. La Reserva Federal de Estados Unidos desde el 2009, el Banco Central Europeo desde el 2011 y el Banco de Japón desde fines del 2012 han inyectado liquidez al sistema bajo el argumento de la persistencia de la contracción crediticia [credit crunch] y evitar la tendencia deflacionista de sus respectivas economías.

No obstante, se alienta la especulación financiera y la concentración del ingreso mientras el sector bancario continúa sin otorgar préstamos al sector productivo. La prueba está en que la capacidad ociosa del sector industrial continúa siendo alta y la recuperación en el empleo muy débil.

El caso que amerita mayor atención es Wall Street, segunda principal plaza financiera del mundo (Londres es la primera) y epicentro de la última crisis. En la primera quincena de marzo, Wall Street logró cerrar la segunda mejor semana del año con todos los índices (Dow Jones, Standard & Poor’s 500 y Nasdaq) subiendo por encima de dos por ciento. En Amèrica Latina solo Argentina se salva de esto.

La gran prensa ha hecho eco de la “sólida” y “sostenida” recuperación de la economía estadounidense. Sin embargo, está claro que el “auge” del mercado de valores no refleja la “recuperación” de la llamada economía real si observamos la evolución del PBI de los últimos cinco años.

Mientras los principales índices de Wall Street sobrepasaron sus niveles previos a la crisis, la recuperación en el mercado de trabajo continúa siendo débil. Recordemos que la crisis destruyó cerca de nueve millones de empleos en Estados Unidos. Desde el 2009 únicamente se han recuperado 5.7 millones. Así las cosas, de continuar la tendencia los niveles previos a la crisis terminarían por alcanzarse hasta el 2017.

El último dato de empleo, publicado el 8 de marzo, empujó las bolsas de valores sumándose al auge en Wall Street. La nómina no agrícola de febrero aumentó en 236,000 puestos de trabajo, muy por encima de los 165,000 empleos esperados. La tasa de desempleo quedó en 7.7 por ciento, la más baja de los últimos cinco años. Las bolsas de nuevo empujaron al alza cuando el Departamento de Trabajo anunció que las solicitudes del subsidio cayeron en 10,000 a 332,000 durante la primera semana de marzo. Lo que no se ve es la masa de desempleados que han salido de la estadística porque están buscando trabajo más de un año y han dejado de recibir el seguro de desempleo.

Estas cifras contrastan con el nivel de endeudamiento de las familias que, si bien viene reduciéndose en los últimos años, continúa siendo alto si se lo pondera como porcentaje del ingreso familiar. Asimismo, los subsidios alimentarios del Supplemental Nutrition Assistance Programe [SNAP], siguen al alza, con quince por ciento de los ciudadanos estadounidenses involucrados en este programa de vales de comida, según el último informe publicado por el Departamento de Agricultura.

La débil recuperación de la economía estadounidense explica la determinación del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, de mantener cercanas a cero las tasas de interés nominales de los bonos del Tesoro –deuda de corto plazo- para empujar a la baja el costo de la deuda de largo plazo en el mercado secundario. El efecto es que estas tasas que han sido reafirmadas y que son negativas en términos reales ha inflado las principales bolsas de valores. La reafirmación que no se dejará el programa de recompras el 28 de febrero sigue empujando al alza los flujos de capital de corto plazo, el precio de los commodities y ambos apreciando los tipos de cambio del resto del mundo frente al dólar, aunque la reducción de la demanda real de China está teniendo algún efecto negativo sobre precios de commodities.

El objetivo de la política monetaria es concentrar el ingreso inflando los mercados de valores y trasladando la riqueza de los mercados emergentes a los países con los mercados más desarrollados. Están evitando la deflación con depresión aunque no pueden evitar el estancamiento. Mientras tanto, los dividendos y las ganancias corporativas continúan en un ciclo de auge a pesar de los catastróficos datos del crecimiento del PBI de todas las economías líderes y del muy mal pronóstico de crecimiento para Estados Unidos tras la entrada en vigencia del programa de ajuste fiscal automático.

En América Latina, a mediados de marzo trascendió que el Gobernador del Banco de México redujo la tasa de interés cincuenta puntos base, a cuatro por ciento, porque existen riesgos de sobrecalentamiento por efecto del flujo masivo de capitales de corto plazo. México, con 209,000 millones de dólares de flujos de corto plazo en el 2011, es después de Brasil, con 493,000 millones, el principal mercado de dinero de la región. Pese a la medida, el peso mexicano ha continuado apreciándose y el riesgo de un efecto estampida permanece. El Banco Central de Brasil, en forma simultánea, decidió mantener la suya estable a pesar de la inflación acumulada de 6.31 por ciento a marzo.

Oscar Ugarteche, Economista peruano, miembro del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA).

Ariel Noyola Rodríguez es Miembro del proyecto OBELA, Instituto de Investigaciones Económicas-UNAM.


Publicado: Viernes 22 de marzo de 2013 - No. 106 - Año 2013

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