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¿El carbón es bueno para la humanidad?

31 de octubre de 2014 - No. 187 - Año 2014

Carolina Camelo

Ante la cumbre del G-20 en Brisbane, Australia, el 15 y 16 de noviembre, las compañías mineras han lanzado una campaña que pretende convencer a los líderes globales sobre la importancia de la industria carbonífera para impulsar el desarrollo en los países del Tercer Mundo. “Tenemos que dejar a un lado la satanización del carbón porque es bueno para la humanidad y la prosperidad”, dijo el primer ministro australiano, Tony Abbott, durante la apertura de la minera Caval Ridge en Queensland. “El carbón es parte esencial de nuestro futuro económico, aquí en Australia, y por ende en todo el mundo”, señaló en The Sydney Morning Herald.

La campaña, que según informó el diario británico The Guardian está encabezada por Peabody Energy, la minera de carbón privada más grande del mundo, tiene una fuerte presencia en las redes sociales bajo el lema “energía avanzada para la vida” y su público objetivo es el de Estados Unidos, China y desde luego Australia.

El planteamiento de Abbott representa una doble preocupación para el mundo en términos ecológicos y de desarrollo sostenible. Por un lado, su apoyo a la industria del carbón pone en peligro la preservación de la biodiversidad australiana, incluyendo la Gran Barrera de Coral, “una de las maravillas naturales del mundo, que puede ser apreciada desde el espacio, y que ocupa más de 2.000 kilómetros a lo largo de la costa de Queensland”, según la Agencia Gubernamental Australiana de Turismo (TA). “El gobierno australiano ha sido fuertemente criticado, por organizaciones de conservación, por haber aprobado una gran expansión portuaria que requerirá depositar junto al arrecife millones de metros cúbicos de arena. Grupos de conservación criticaron esta medida señalando que no exige responsabilidad a la industria de la minería de carbón para exportación que impulsa la expansión de los puertos costeros”, señaló BBC Mundo.

La segunda preocupación está directamente ligada a la manipulación de la información por parte del gobierno australiano, para promover la industria del carbón haciéndola pasar como única fuente de desarrollo económico para los países del Sur global. David Crowe, periodista del diario The Australian, destaca la importancia de poner en el centro del debate del G-20 discusiones sobre cambio climático en vez de “eficiencia energética”.

Por su parte, Osver Polo, miembro de la red Construyendo Puentes, afirma que “Australia es responsable del 1.5 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial y que las grandes reservas de carbón del país son su motor económico, razón por la cual derogó la ley al impuesto del carbón beneficiando primordialmente a las compañías de dicho sector”. Está claro que el gobierno de Abbott va en retroceso de las políticas previamente establecidas por la ex primera ministra Julia Gillard, quien pretendía “reducir ciento cincuenta y nueve millones de toneladas de dióxido de carbono al año para el 2020”, según informó el diario español El País.

Oxfam Australia también dejó ver su inconformidad con la posición adoptada por el primer ministro australiano: “El cambio climático es una de las amenazas más grandes en la lucha contra el hambre y la pobreza, y la industria del carbón es el único gran contribuyente a estos desastres. Sería una lástima que los líderes globales del G-20 aceptaran los intereses egoístas de dicha industria”. Y Dermot O’Gorman, director ejecutivo de WWF Australia, afirmó: “Las personas pobres de los países en desarrollo merecen tener acceso a fuentes de energía limpias, seguras y asequibles, y esa debe ser la principal motivación para los líderes del G-20 en vez de proteger la industria del carbón y correr el riesgo de crear activos obsoletos”.

Lorena Del Carpio, miembro del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC), coincide con esta perspectiva: “Si se piensa que los beneficios de la actual matriz energética basada en el carbón son mayores que promover una matriz alterna, es vital analizarlo desde la costoeficiencia. Es importante incluir los costos a consecuencia del impacto del cambio climático y que esto podría llegar a costarle al Perú cerca de 10,000 millones de dólares hasta el 2025. Los costos de una transición de una matriz energética más limpia son menores y traerán mayores beneficios a largo plazo”.

Carolina Camelo es miembro del equipo operativo del MOCICC.


Publicado: 31 de octubre de 2014 - No. 187 - Año 2014

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