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Trump baja, China sube

26 de mayo de 2017 - No. 309 - Año 2017

Martin Khor

La tormenta política en Estados Unidos le ha dado a China la oportunidad de fortalecer su posición internacional. Dos acontecimientos de los últimos días, uno en Washington y otro en Beijing, marcarán la situación política mundial durante mucho tiempo.

En Estados Unidos se ha desencadenado un proceso en el cual el establishment político domestica -o incluso destituye- al presidente Donald Trump, o éste sale fortalecido e impone su voluntad aún con mayor fuerza.

Los acontecimientos de Washington se sucedieron a un ritmo desconcertante. Cuando Trump se aprestaba a iniciar su primera gira internacional, el Comité de Inteligencia del Senado pidió al FBI copia de los memorandos sobre las reuniones sostenidas con el presidente por el exdirector James Comey, quien además fue invitado a testificar el miércoles 24 de mayo sobre las presuntas presiones para obstruir la investigación sobre Rusia.

El presidente estadounidense, que con sus acciones, declaraciones y tweets ha agraviado a sus críticos, a los medios de comunicación y a sus aliados, aún goza de la presunción de legalidad, pero si esta presunción colapsa, se considera que el funcionario ya no es apto para el cargo.

“Esta es la posición en la que Donald Trump se encuentra ahora”, comentó Lawrence Douglas, profesor de Derecho en el Amherst College, en un artículo publicado en The Guardian. Y en su opinión, es solo una cuestión de tiempo que se le retire del cargo. Lo que le llevó a Richard Nixon más de cinco años, el actual presidente lo ha logrado en cuatro meses, concluyó.

Este será, sin duda, un verano caliente en Washington. Pero Trump no debe ser subestimado. Convencido de que no se demostrará ningún vínculo con Rusia, se ha presentado como víctima de la mayor caza de brujas de la historia.

El sombrío panorama de Washington contrastó con la atmósfera optimista que rodeó el otro acontecimiento. Celebrado a mediados de mayo en Beijing con la participación de 28 jefes de Estado y de gobierno, ministros y representantes de organismos internacionales, el Primer Foro Una Franja, Una Ruta para la Cooperación Internacional (Belt and Road) es una gran iniciativa china de infraestructura en países que se encuentran en la antigua Ruta de la Seda.

En su discurso de apertura, el presidente chino Xi Jinping destacó que la nueva iniciativa traerá paz, prosperidad y un nuevo tipo de relaciones internacionales basadas en la cooperación, promoverá la conectividad terrestre, marítima, aérea y cibernética, y mantendrá una economía mundial abierta, con un sistema de comercio e inversión justo, equitativo y transparente.

Xi anunció la asignación de cientos de miles de millones de dólares para la iniciativa, incluso a través de fondos y bancos chinos, y aseguró que su país no impondrá su voluntad a otros ni recurrirá a maniobras geopolíticas obsoletas.

Pero una iniciativa de esta magnitud enfrenta grandes desafíos. En primer lugar, ¿China está realmente en capacidad de ponerla en marcha? En segundo lugar, no todos los países la ven de forma favorable. Por último, como muchos de los proyectos se financiarán mediante préstamos, los países prestatarios deberán asegurarse de que los mismos sean financieramente viables para permitir un servicio de la deuda sostenible.

Si la iniciativa china tiene éxito puede cambiar la perspectiva de desarrollo y la naturaleza de las relaciones internacionales.

Martin Khor es director ejecutivo del Centro del Sur, una organización intergubernamental de países en desarrollo, con sede en Ginebra.


Publicado: 26 de mayo de 2017 - No. 309 - Año 2017

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